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La Aftosa puede Permanecer hasta 14 días en el Ambiente, Revela Investigación

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El virus de la aftosa puede permanecer hasta dos semanas luego de haber retirado los animales contagiados del lugar.

Así lo señala un informe del portal infocampo.com en donde indica que investigadores del Instituto Pirbright y del centro de Investigación Bioveterinaria de la universidad Wageningen (países bajos) hicieron dicho descubrimiento y que además del contagio directo, el patógeno también puede estar presente en las secreciones y excreciones del ganado infectado durante aproximadamente cinco días y puede sobrevivir en superficies durante períodos prolongados.

Señalan que los animales que se desplazan a zonas contaminadas pueden infectarse incluso después de que el animal originalmente infectado haya sido retirado.

Según los resultados de la investigación, se confirmó que las vacas podían introducir al agente infeccioso incluso antes de que presentaran signos clínicos, y podrían infectar a los animales que estaban expuestos a la zona contaminada. Esto pone de manifiesto la existencia de un riesgo de transmisión ambiental incluso antes de que la detección clínica de la enfermedad.

Cuantificar cómo podría afectar esto a la transmisión es esencial para aplicar las medidas de bioseguridad adecuadas y surge la búsqueda de nuevas estrategias que deberían conducir a métodos más eficaces de contención de los brotes.

Los resultados se obtuvieron luego de un experimento en el que introdujeron vacas no infectadas en un entorno que animales infectados habían ocupado anteriormente y obtuvieron que siete de cada diez animales no infectados desarrollaron signos clínicos de la enfermedad como resultado de la contaminación ambiental.

El estudio muestra también la relación entre los niveles de virus en el medio ambiente y la probabilidad de que los animales se infecten.

Esto permite a los evaluadores y administradores de riesgos conocer cuándo y cómo deben aplicarse los procedimientos de desinfección de todos los espacios y lugares ocupados por los animales tanto antes como después del desarrollo de los signos clínicos, a fin de reducir el riesgo de transmisión en un entorno contaminado y evitar la propagación de la enfermedad.

“Nuestro estudio ilustra la importancia de las restricciones al movimiento de los animales durante los brotes y de la desinfección rigurosa de las áreas donde se han alojado los animales infectados. Nuestros resultados también respaldan la actual Directiva de la UE, que exige 21 días entre la desinfección de un espacio contaminado por la fiebre aftosa y la repoblación con especies susceptibles. Esto, además de otras medidas de control como las restricciones de movimiento y la vacunación, podría ayudar a prevenir la propagación de la fiebre aftosa en los rebaños”, resaltó la autora principal del estudio, Claire Colenutt.

Los resultados sugieren la detección de la enfermedad mediante muestreos de los lugares infectados. Esta información podría utilizarse para medir la eficacia de los procedimientos de descontaminación.

“La comprensión de la transmisión ambiental es crucial para informar sobre los procedimientos de control eficaces, no sólo para la fiebre aftosa, sino para otras enfermedades en las que la transmisión ambiental forma parte de su propagación, como la tuberculosis bovina, la gripe aviar y los norovirus. También pone de relieve la necesidad de considerar el papel que desempeñan todas las posibles vías de transmisión de patógenos nuevos y emergentes, como el Covid-19”, señalan desde el Instituto Pirbright, citado por el portal.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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