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Ganaderos Lecheros de Panamá Buscan Elevar su Producción Nacional

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Los ganaderos panameños se capacitan para frenar la disminución del hato y lograr más litros de leche por animal. El país centroamericano todavía importa el 30% de la leche que consume internamente.

Los ganaderos panameños aspiran incrementar la producción de leche; sin embargo, la constante es que requieren de capacitación e inversión en tecnología de punta para frenar la disminución del hato.

Cifras de la Contraloría General de la República revelan que el año pasado el hato bovino ascendía a 1.5 millón de reses, unas 84 mil cabezas menos que el 1.6 millón que pasteó durante 2014.

Un encuentro que les permite conocer las ultimas tendencias de mejores técnicas de productividad es el XXI Congreso Nacional Lechero, que se desarrollará los días 7, 8, y 9 de septiembre de 2016, en la Feria Internacional de San José de David, provincia de Chiriquí, un evento pecuario que busca atraer a unos 300 ganaderos.

El encuentro es organizado por la Asociación de Productores de Ganado Lechero de Panamá (Aprogalpa).

Jorge Troetsch, presidente de la Aprogalpa, señaló que el congreso abre la oportunidad de encontrarse, intercambiar y aprender sobre los avances científicos y tecnológicos que le permitan al productor ganadero hacer frente a los desafíos que enfrenta el sector.

Esto —dijo— se puede lograr dando a conocer las herramientas que ayuden a en una administración eficiente y sostenible.

El congreso contará con: un Foro de Jóvenes Lecheros (relevo generacional), talleres, giras a campo, exposición y la VI gran subasta de ganado lechero registrado.

LA DEMANDA PANAMEÑA

Cada año en Panamá la demanda de leche asciende a 300 millones de litros, pero se producen 200 millones; el resto es importado para la fabricación de leche en polvo, helados, yogur y quesos, entre otros, mientras que el 85% de la leche fluida nacional se destina a la producción de leche pasteurizada.

Según datos de la FAO, el consumo per cápita nacional oscila entre 90 a 100 litros —un promedio regular en la región— para suplir la demanda, la industria invierte unos $60 millones en la importación del 45% de los derivados lácteos que se consumen en el país.

EL DATO

  • El hato panameño en 2015 era de 1.5 millón de cabezas de res.
  • Anualmente en Panamá se producen 200 millones de litros de leche vacuna, pero se consumen 300 millones, los 100 millones faltantes son importados.

Ingresa al Sitio del Congreso Lechero – Click Aquí

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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