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FAO: Pone a Disposición de los Ganaderos una Herramienta para Medir la Huella de Carbono

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midiendo la huella de carbono

Una nueva herramienta interactiva de la FAO permite a los agricultores, responsables de las políticas y científicos calcular la producción de carne, leche y huevos, junto a las emisiones de gases de efecto invernadero de la ganadería, para que este sector sea más productivo y más respetuoso con el clima.

El Modelo interactivo de contabilidad ambiental para la ganadería mundial, denominado por sus siglas en inglés GLEAM-i (Global Livestock Environmental Assessment Model) ofrece respuestas a una amplia gama de preguntas. Por ejemplo ¿como puede un pequeño ganadero o pastor conseguir que sus animales produzcan más leche, carne o huevos? O para un responsable de las políticas, ¿qué prácticas deben aplicarse para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la ganadería?

Basado en GLEAM, el modelo desarrollado por la División de Producción y Sanidad Animal de la FAO para apoyar cambios en las políticas y prácticas para lograr el desarrollo sostenible de la ganadería, GLEAM-i puede ser empleado por cualquier persona que utilice el programa informático Excel, incluidas las organizaciones comunitarias que trabajan en zonas rurales remotas. Incluye variables como países y regiones, el número y tipo de ganado -ovejas para leche o carne, o cría de cerdos a nivel de la granja o industrial, pastoreo o sistemas mixtos- piensos y gestión del estiércol, así como las condiciones específicas en las que se crían los animales.

«El objetivo de GLEAM es ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y garantizar que las actividades ganaderas son lo más eficiente posibles para que puedan seguir cubriendo las necesidades de alimentos, nutrición y medios de vida de las personas, al tiempo que utilizan menos recursos naturales», señaló Anne Mottet, experta en políticas ganaderas en la FAO.

Cientos de millones de personas en todo el planeta dependen de la ganadería para su subsistencia, seguridad alimentaria y nutrición. La ganadería es particularmente importante para los países en desarrollo, donde la demanda de proteína animal está creciendo y para las zonas remotas y marginales, en las que existen pocas alternativas. Sin embargo, se estima que el sector es responsable de 14,5 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto invernadero antropogénicas.

Una investigación de la FAO basada en GLEAM ha detectado que con cambios factibles y asequibles, los ganaderos pueden aumentar la producción y reducir las emisiones en casi una tercera parte.

Contar con información precisa sobre el impacto ambiental de las cadenas de suministro de la ganadería ayudará a las partes interesadas a tomar decisiones mejor informadas y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. «Por ejemplo, los gobiernos pueden utilizar GLEAM-i para elaborar los inventarios nacionales y desarrollar políticas para mejorar la eficiencia en la cría del ganado y la gestión de los piensos y del estiércol», según Mottet.

GLEAM apoya en la actualidad a una amplia gama de proyectos nacionales e internacionales, incluyendo iniciativas de agricultura climáticamente inteligente en Ecuador, Níger, Zambia y Malawi. También apoya un programa financiado por la iniciativa «Coalición para el clima y el aire limpio» para aumentar la productividad y reducir las emisiones de metano entérico en América del Sur, el Sudeste Asiático y África oriental y occidental.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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