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Factores Culturales y Ambientales Condicionan la Distribución de las Razas Ganaderas Autóctonas en España

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Investigadores de la Universidad de Salamanca publican un artículo en ‘Scientific Reports’ que demuestra que las razas ganaderas son fruto de una selección artificial y natural

José Pichel Andrés/DICYT Investigadores de la Universidad de Salamanca han publicado un artículo en la prestigiosa revista Scientific Reports, del grupo Nature, que analiza la distribución de las razas ganaderas autóctonas de la España peninsular. Los resultados muestran que están condicionadas tanto por factores humanos como por las características del medio ambiente local, aunque pesan más los primeros. Cuanto más se parecen dos provincias en términos culturales y ambientales, más parecida es también su fauna ganadera.

Las razas de animales domésticos son “una expresión de la relación entre los seres humanos y el medio ambiente”, explica a DiCYT Víctor Colino Rabanal, investigador del Área de Zoología de la Universidad de Salamanca, “una respuesta cultural a unas condiciones naturales”. En definitiva, el ganado local es fruto de una mezcla de selección artificial y selección natural. “Esta idea es bastante intuitiva, pero nadie se había puesto a cuantificar el peso de la cultura y del ambiente en la distribución de razas, en este caso, en la España peninsular”.

Para hacerlo, los investigadores han cruzado una gran cantidad de datos. En primer lugar, el estudio involucra a unas 110 razas ganaderas autóctonas locales, todas salvo las avícolas (por falta de información), es decir, el ganado bovino, ovino, equino, porcino y caprino; incluyendo el número de cabezas registradas en cada provincia.

“Actualmente, la ganadería utiliza mayoritariamente las mismas razas globalizadas destinadas a la producción, la cultura tiende a homogeneizarse y la forma de encarar el medio ambiente también, así que nos tuvimos que ceñir a las razas autóctonas que van desapareciendo. Esto implica que muchas de las razas con las que hemos trabajado están en peligro de extinción”, comenta Roberto Rodríguez.

Para estudiar los factores humanos, han utilizado principalmente los apellidos. Como son hereditarios, informan sobre la estructura biológica de la población y las relaciones entre distintos lugares, sirviendo como marcadores geográficos. A pesar de excluir los más comunes, que no sirven para estos fines, trabajaron con más de 90.000 apellidos recogidos en el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), teniendo en cuenta su evolución desde el siglo XIII. Los factores históricos también son esenciales para el análisis, puesto que las barreras administrativas marcan los flujos poblacionales y culturales.

Finalmente, para analizar el factor ambiental, los investigadores recurrieron a las bases de datos sobre distribución de especies de vertebrados. “Cuando hay coincidencia entre distintas provincias es porque probablemente tienen ambientes similares”, explican.

El parecido cultural, más determinante

Este trabajo ha sido posible gracias a la existencia de bases de datos accesibles y de software estadístico que permite relacionar todos los factores.” Cuando analizamos los datos, el factor que más influía en la distribución de razas era el cultural, más que el ambiental”, destaca Colino. Es decir, que “cuanto más parecidos culturalmente somos, más parecidas son nuestras razas”. Por ejemplo, los investigadores han observado que existen patrones lingüísticos –aunque no los pudieron analizar como una variable independiente–, de manera que podrían agruparse razas gallegas, vascas, catalanas.

No obstante, todos los factores tienen su influencia y el ambiental es muy importante. De hecho, hay una España mediterránea y una atlántica diferentes entre sí. “Lo más cercano es más parecido y lo más lejano es más diferente”, resumen.

La conclusión es que la distribución de razas en España encuentra paralelismos tanto con la distribución humana como con la distribución de la fauna vertebrada. “Demostrábamos que las razas son una construcción tanto cultural como ambiental”, indican.

Una riqueza para el futuro

Los resultados de esta investigación pueden ser de gran utilidad en un momento marcado por un cambio global que está aniquilando las formas de vida tradicionales. “Los seres humanos construimos un nicho sobre la base de nuestra biología, nuestra cultura y el entorno”, destaca Colino. En ese sentido, “la pérdida de una raza ganadera es la pérdida de una cultura y una forma en la que el hombre ha encarado su relación con el medio ambiente”.

Pero también “es la pérdida de una oportunidad, porque con el cambio climático hay variedades autóctonas que pueden ser importantes, ya que cuanta más diversidad, más posibles soluciones hay”. De hecho, “cada raza está especializada en una forma de explotar el medio ambiente y en un entorno en concreto”.

“Hay ejemplos de cómo el conocimiento cultural tenía soluciones para el cambio ambiental que se está produciendo y que estamos perdiendo. Cada variedad local es una respuesta a un cambio ambiental que se puede producir y que podemos perder”, advierte Roberto Rodríguez.

No obstante, los investigadores se han llevado alguna sorpresa al realizar el estudio. Por ejemplo, “hay especies que recuperan terreno, como una raza de cabras autóctona de Granada. Además, desde las administraciones y desde la sociedad civil, a través de asociaciones y fundaciones, se están realizando esfuerzos por conservar el patrimonio ganadero.

Recuerdo a Salvador Peris

Además de Víctor Colino y Roberto Rodríguez, el artículo publicado en Scientific Reports está firmado por María José Blanco Villegas, Miguel Lizana y Salvador Peris. Este último, profesor e investigador del Área de Zoología de la Universidad de Salamanca durante décadas, falleció recientemente. Sus compañeros guardan un recuerdo muy especial por su calidad humana y sus aportaciones científicas.

 

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La sanidad animal recibe apenas el 0,6 % del gasto mundial en salud pese al aumento de las crisis sanitarias

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El informe advierte que los recortes de la ayuda dejan al mundo peligrosamente expuesto a las enfermedades transfronterizas, la inseguridad alimentaria y la próxima pandemia.

El mundo no está invirtiendo lo suficiente en sanidad animal, pese a la creciente evidencia de que el costo de la inacción supera con creces el costo de la prevención.

El informe, publicado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, WOAH por sus siglas en inglés) en el marco de su 93.ª Sesión General, es la única evaluación mundial anual de las tendencias, riesgos y desafíos en materia de sanidad animal.

El informe destaca que las enfermedades animales destruyen más del 20 % de la producción animal mundial cada año. Estos impactos se sienten con mayor intensidad en los países de ingresos bajos y medios, donde la sanidad animal desempeña un papel fundamental para sostener los medios de vida, la seguridad alimentaria y la resiliencia económica. Al mismo tiempo, los sistemas con recursos insuficientes tienen dificultades para detectar y responder a las enfermedades de forma temprana, y también enfrentan retos para mantener los estándares de bienestar animal.

Las recientes reducciones de los presupuestos de ayuda internacional están agravando la presión. La asistencia para el desarrollo en salud ha caído a aproximadamente 39.100 millones de dólares estadounidenses en 2025, y la sanidad animal representa menos del 2,5 % de ese total. En el mismo periodo, el gasto mundial en defensa alcanzó un récord de 2,9 billones de dólares estadounidenses. En este contexto, el fortalecimiento de los sistemas de sanidad animal la infraestructura compartida que protege frente a enfermedades de origen natural, liberaciones accidentales y amenazas biológicas deliberadas sigue estando insuficientemente financiado, pese a su papel esencial en la gestión de riesgos transfronterizos, incluidas las enfermedades emergentes y las amenazas biológicas.

El informe subraya que llevar los Servicios Veterinarios de todos los países a los estándares internacionales costaría aproximadamente 2.300 millones de dólares estadounidenses al año, menos del 0,05 % de los 3,6 billones de dólares en pérdidas económicas atribuidas a la COVID-19 en 2020, una enfermedad que con gran probabilidad tuvo un origen animal, aunque su origen preciso y la vía de transmisión al ser humano aún no se han establecido de forma definitiva.

«Los sistemas de sanidad animal se sitúan en el centro mismo de la seguridad alimentaria, la estabilidad económica, el bienestar y la salud humana, y sin embargo están crónicamente infradotados», declaró la Dra. Emmanuelle Soubeyran, Directora General de la OMSA. «La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la importancia de invertir más en la prevención y en el enfoque de Una sola salud. Una sola salud seguirá siendo una aspiración hasta que la sanidad animal se integre de manera genuina en la forma en que planificamos e invertimos, mucho antes de que llegue la próxima crisis».

Entre 2025 y 2026, 64 países y territorios notificaron más de 2.000 brotes de influenza aviar de alta patogenicidad, lo que provocó el sacrificio o la pérdida de más de 140 millones de aves de corral.

La fiebre aftosa ha causado brotes sin precedentes en el África meridional y ha reaparecido en Europa. La peste porcina africana continúa propagándose, incluso mediante notables saltos a larga distancia.

Asimismo, el gusano barrenador del Nuevo Mundo una mosca parásita que se alimenta de carne está generando gran preocupación, con decenas de miles de casos registrados en América Central y una expansión hacia el norte que supone una amenaza para la sanidad animal más allá de los países actualmente afectados.

El 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos se originan en animales, lo que convierte a los sistemas de sanidad animal en la primera línea de defensa del mundo frente a los brotes, incluida una posible próxima pandemia.

Sin embargo, el informe indica que estos sistemas están bajo presión: el 18 % de los países evaluados recientemente presenta una disminución de la capacidad veterinaria, y el 22 % una disminución de la capacidad del personal paraprofesional.

«Lo que estamos observando va más allá de la propagación de las enfermedades y refleja también una presión creciente sobre las redes de vigilancia y las capacidades de respuesta de emergencia, especialmente en las regiones más expuestas a los riesgos para la sanidad animal», afirmó el Dr. Paolo Tizzani, epidemiólogo veterinario senior de la OMSA.

«Cuando los Servicios Veterinarios carecen de recursos, las enfermedades se detectan tarde, se propagan más y resultan más costosas de controlar, independientemente de cómo se hayan iniciado. Fortalecer estos sistemas es, por tanto, una forma importante y eficaz de que los gobiernos y sus socios reduzcan los riesgos y mejoren la preparación».

Con base en 54 países y territorios evaluados por la OMSA, se estima que sería necesario un aumento presupuestario medio del 52 % para cubrir el coste anual real de unos Servicios Veterinarios eficaces. El Programa de Prestación de Servicios Veterinarios (PVS) de la OMSA ofrece a los países una evaluación independiente de sus sistemas de sanidad animal y una hoja de ruta adaptada para su mejora. Como avance positivo, tras actividades recientes del PVS, más de la mitad de los países participantes informaron de un aumento de los recursos financieros.

El informe insta a los gobiernos a aumentar la financiación de los sistemas de sanidad animal e integrarlos en estrategias más amplias de salud, economía y seguridad; a los socios para el desarrollo a alinear la financiación con la prevención a largo plazo en lugar de la respuesta a las crisis; y a las instituciones financieras y al sector privado a reconocer la sanidad animal como una inversión de alto impacto.

«Los sistemas de sanidad animal son un bien público mundial, y el mundo no los financia como tal», concluyó la Dra. Susana Pombo, Presidenta de la Asamblea Mundial de Delegados de la OMSA.

«En un momento en que los gobiernos están aumentando los presupuestos de defensa, conviene preguntarse qué significa realmente la sanidad animal en este contexto. Las enfermedades no reconocen fronteras. Una brecha en la vigilancia de la sanidad animal en un país es una vulnerabilidad para todos los países, por lo que es fundamental cambiar nuestra forma de pensar sobre la solidaridad y la inversión en los sistemas de sanidad animal».

Las conclusiones del informe servirán de base para los debates de la próxima 93.ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados (18–22 de mayo), en particular en el Foro Técnico de la OMSA dedicado este año al tema «Invertir en sanidad animal para asegurar el futuro de todos».

También se celebrará una reunión ministerial al margen de la Ceremonia de Apertura, que incluirá la publicación de una declaración ministerial que reflejará una visión compartida sobre los sistemas de sanidad animal.

Acerca de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA)

La OMSA es la autoridad mundial en sanidad y bienestar animal. Fundada en 1924 en respuesta al devastador brote de peste bovina en Bélgica que formó parte de una epidemia más amplia que afectó a varios países europeos y tuvo repercusiones mundiales, la OMSA se ha dedicado desde entonces a vigilar, controlar y difundir información sobre las enfermedades animales en todo el mundo.

La OMSA se centra en la difusión transparente de información sobre las enfermedades animales, en la mejora de la sanidad animal a nivel mundial y, con ello, en la construcción de un mundo más seguro, saludable y sostenible. https://www.woah.org/es/inicio/

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La producción de alimentos de origen animal deberá aumentar 70 % para 2050, incluida la leche: FAO

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