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Experimentan con Aceite de Orégano en Ganadería para Reducir Metano

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Emanuel Junco Carlón, maestro en ciencias zootécnicas de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS – MÉXICO), realizó una investigación sobre el efecto del aceite esencial de orégano en la dieta de animales rumiantes, como ganado bovino, caprino y ovino, con el objetivo de evaluar el efecto que tiene en las bacterias que producen gas metano (CH4) en cabras.

El experimento in vitro se realizó con cabras fistuladas —que mediante una incisión se les hizo una apertura en el estómago— y se les extrajo materia de dicho órgano, la cual fue mezclada con saliva hecha de compuestos del animal, simulando las condiciones naturales del proceso digestivo e introduciendo el extracto de orégano.

“El primer paso fue preparar una saliva que asemejara los compuestos del estómago del rumiante, inducir calor y generar un pH (potencial de hidrogeniones) de 6.4, para calentar en baño María a 40 grados Celsius, que es la temperatura del estómago de la cabra”, mencionó Junco Carlón.

Las cabras fistuladas fueron alimentadas con alfalfa por las mañanas, cuando el animal estaba en ayunas, con la finalidad de que las bacterias anaeróbicas que producen el gas metano trabajaran desde cero.

“Después abrí la fístula al estómago y con gasas junté material del estómago, para colocarlo dentro de una probeta, junté cerca de 200 mililitros (ml), los cuales llevé al laboratorio para colocar las muestras y separar los contenedores, en los que introduje 40 ml de saliva y 10 ml de líquido rumiante y agregué 0.3 gramos de alfalfa, sellé los testigos y coloqué una jeringa encima, esta me indicaba cuánto iban a producir de gas, eran jeringas de 60 ml”, continuó.

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En el experimento, se recolectaron alrededor de dos kilogramos de orégano, planta vegetal que crece de forma natural en zonas rurales del municipio de La Paz. Posteriormente, se destiló por arrastre al vapor, método que separa el agua del aceite por vaporización, en un proceso que dura veinticuatro horas. De los dos kilogramos de orégano, en total se extrajeron doscientos mililitros de aceite esencial.

“Les agregaba el aceite de esencia de orégano; seis partes por millón, 12 partes por millón y 18 partes por millón, todo lo hice por triplicado, todo durante dos meses, repitiendo el mismo paso y siempre las cabras fistuladas alimentadas con alfalfa únicamente”, dijo Junco Carlón.

“Al momento de poner la jeringa en los contenedores sellados con el líquido ruminal y con el aceite esencial de orégano, las lecturas las hacía a la una, seis, 12, 18, 24 y 48 horas; conforme fue subiendo el nivel de aceite esencial en las pruebas, fue disminuyendo el gas. El experimento nos dio el resultado que buscábamos, vimos cómo reducía el gas metano”.

Alternativa natural

El investigador aseveró que el presente estudio da pie a nuevos análisis in situ en el cual se puedan aplicar pruebas directamente al animal. Señaló que el aceite de orégano tiene una incidencia microbiana en la producción de gas y además contribuye nutricionalmente al desarrollo del animal.

El investigador indicó que utilizaron el extracto natural de una planta vegetal nativa porque la búsqueda de alternativas a los aditivos sintéticos que reducen los gases contaminantes en rumiantes se ha convertido en una necesidad, a causa de que los sintéticos tienen repercusiones en la carne y leche que produce el animal, afectando al ser humano.

“Sabemos que existe mucha producción de ganado bovino y caprino, principalmente. En un futuro va a haber mucho más, tratamos de reducir los gases contaminantes que se generan a partir de la producción del ganado. Buscamos reducir el gas metano para que impacte en menor medida en el ambiente, porque una de las consecuencias es el efecto invernadero, el cual es un espejo que no deja pasar los rayos solares y provoca el cambio climático”, finalizó Junco Carlón.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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