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Estudio Demuestra que la Leche y los Yogures Ayudan a Prevenir la Osteoporosis

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No todos los productos lácteos son igual de beneficiosos a la hora de incrementar la densidad mineral ósea (DMO) del organismo y, en consecuencia, prevenir la osteoporosis. Así lo muestra un estudio llevado a cabo por investigadores del Instituto de Investigación del Envejecimiento (IFAR) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) y publicado en la revista Archives of Osteoporosis. 

Concretamente, los resultados muestran que la leche y los yogures aumentan la DMO de la cadera, pero no así de la columna vertebral. Y, asimismo, que la crema de la leche, apuntan los autores, “podría estar asociada con una baja DMO total”.

En palabras de la doctora Shivani Sahni, director de la investigación, “no todos los productos lácteos que se consumen diariamente son igualmente beneficiosos para la DMO del esqueleto y mientras la leche y el yogur son los más beneficiosos, no ocurre así con la crema de la leche, que al igual que los helados tiene menores niveles de nutrientes y mayores niveles de grasa y azúcar”.

DMO y Fracturas

Para llevar a cabo la investigación, los autores analizaron los hábitos alimenticios y su relación con la fractura de cadera de 3.212 participantes en el Estudio Framinghan Offspring. Todos los participantes cumplimentaron durante cuatro años –entre 1992 y 1995 o entre 1995 y 1998– un cuestionario para informar sobre sus hábitos dietéticos, y fueron seguidos para detectar posibles fracturas de cadera hasta el año 2005.

Los resultados mostraron que el consumo de leche semi o desnatada, así como de yogur –pero no de crema de la leche–, puede aumentar la ingesta de proteínas, calcio y vitamina D, así como limitar el de grasas saturadas.

Sea como fuere, indican los autores, “los resultados dejan clara constancia de que una nutrición adecuada que incluya productos lácteos puede ayudar a combatir las fracturas óseas y la osteoporosis”. Un factor a tener muy en cuenta dado que la osteoporosis “supone una amenaza de salud pública para más de 44 millones de estadounidenses, o lo que es lo mismo, la mitad de la población mayor de 50 años de Estados Unidos”.

De hecho, la osteoporosis afecta ya en el día de hoy a cerca de 10 millones de estadounidenses, en su gran mayoría mujeres. Y como concluye Sahni, “hasta un 25% de los pacientes que sufren una fractura de cadera fallecen en los primeros 12 meses que siguen a la lesión”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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