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En Chile las Importaciones Lácteas, Sigue Marcando un Registro Histórico

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En los primeros nueve meses del año, las importaciones de productos lácteos, en litros equivalentes, acumulan 638,5 millones de litros, lo que supone un alza de un 14,8% respecto del año anterior, según datos divulgados por la Oficina de Estadísticas y Políticas Agrarias (Odepa).

De este modo, las compras de productos lácteos en el extranjero siguen al alza, elevándose 82,3 millones de litros equivalentes en relación al mismo lapso del año pasado al tiempo que representa un umbral histórico en cuanto a los niveles de importación.

Por otro lado, las exportaciones de productos lácteos, entre enero y septiembre de 2020, sumaron 236,1 millones de litros equivalentes, lo que supone una baja de un 0,5% comparado con igual periodo de 2019. La comparación interanual refleja una caída de 1,2 millones de litros equivalentes.

En cuanto al déficit lácteo, en los primeros nueve meses se observa un alza hasta 402,3 millones de litros equivalentes, siendo el valor máximo registrado a la fecha.

Importaciones al Alza

Al observar los datos a septiembre de 2020, el queso lidera la torta de importaciones lácteas con un total de 376,2 millones de litros equivalentes, ratificando una tendencia al alza que supone un aumento de un 9,4% respecto del año previo. En litros equivalentes, supone un avance de 32,3 millones de litros comparado con el mismo lapso de 2019.
La leche en polvo descremada (LPD) es el segundo producto con mayor volumen importado, con un cambio de tendencia que implica una alza de un 2,3% hasta 133,7 millones de litros equivalentes, el segundo valor más alto observado en los últimos cinco años. En relación con el año anterior, aumentó en 3,0 millones de litros.

La leche en polvo entera (LPE) ha sido otro de las categorías de productos más importados en el periodo. Las compras se elevaron de 18,7 a 65,1 millones de litros equivalentes, lo que representan un alza de 247,2% respecto del año anterior, situándose en niveles muy similares a 2018 (62,6 millones de litros), pero por debajo de 2017 (73,8 millones de litros).

Por su parte, la partida denominada por Odepa, “Demás Preparaciones en base a productos lácteos”, continúan subiendo en el periodo, registrando un alza de 12,0% entre enero – septiembre de 2020, totalizando 28,1 millones de litros, una subida de 3,0 millones de litros respecto al ciclo previo. Además, se trata del registro más alto a la fecha.

Exportaciones de Lácteos

Los datos de Odepa dan cuenta que las exportaciones de productos lácteos entre enero y septiembre de 2020 presentan una leve baja de 0,5% hasta 236,1 millones de litros equivalentes, lo que supone una disminución de 1,2 millones respecto del año anterior.

Por categoría de productos, las exportaciones de quesos siguen siendo el producto principal con un volumen que suma 62,3 millones de litros equivalentes, aunque supone una baja de 3,0% respecto del año anterior, lo que equivale a 1,9 millones de litros menos con relación a 2019.

Le siguen las exportaciones de leche condensada que en el período suman 58,9 millones de litros, con un alza de 15,4% en relación con el año previo, que equivalen a 7,8 millones de litros más.

La partida denominada, “Demás Preparaciones en base a productos lácteos” se apunta como el tercer producto más exportado hasta septiembre al completar 57,5 millones de litros, lo que implica una alza de 7,1% frente al año anterior ó de 3,8 millones de litros adicionales.

Los envíos de Preparaciones de alimentación infantil bajaron 3,0% respecto de igual periodo del año pasado, cayendo hasta 26,9 millones de litros, el nivel más bajo de los últimos cinco años. En relación con 2019, los envíos bajaron 830 mil litros.

En cuanto a la exportación de leche en polvo entera se observa una caída de 48,9%, alcanzado 11,0 millones de litros. Respecto del año anterior, representa un retroceso de 10,5 millones de litros.

Finalmente, en el caso de los envíos de leche en polvo descremada se advierte una recuperación de 33,5% hasta 7,1 millones de litros. En relación con el año anterior implica un alza de 1,7 millones de litros.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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