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Costa Rica anuncia US$100 millones para controlar las emisiones de metano del ganado

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Un total de US$100 millones destinará el Fondo de Verde del Clima (GCF) para financiar un proyecto conjunto con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) que busca reducir las emisiones de metano de la ganadería de las Américas. 

Vale la pena recordar que una vaca alimentada con granos o concentrado puede emitir entre 100 y 500 litros de metano por día, mientras que las dietas con solo pastos y leguminosas ayudan a la reducción de las emisiones, dice un estudio de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

El primer paso de la iniciativa, que contribuirá al desarrollo de procesos productivos ambientalmente más eficientes, abrirá la oportunidad tanto a los sectores público y privado de presentar sus proyectos, será la realización de estudios de factibilidad, actividad que tendrá un aporte del Fondo por US$1,5 millones.

Así lo anunció el subdirector del mayor fondo de financiamiento climático del mundo, Javier Manzanares, durante la ceremonia de toma asunción de Manuel Otero de su segundo mandato como director general del IICA.

El GCF, con sede en la República de Corea, es un fondo creado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, con una cartera de aportes por US$20.000 millones, cuya misión es ayudar a los países en desarrollo a desarrollar prácticas de adaptación al cambio climático y mitigación de sus efectos.

El Fondo acreditó en julio pasado al IICA para implementar proyectos financiados por su cartera crediticia, lo que permite al organismo hemisférico acceder a recursos que apoyen iniciativas de adaptación y resiliencia climática de la agricultura y la ruralidad en los países de las Américas.

Dos meses más tarde, las dos instituciones firmaron un acuerdo para apoyar iniciativas de adaptación y resiliencia climática de la agricultura y la ruralidad en los países de las Américas.

Javier Manzanares explicó que la agricultura es un sector crítico en la problemática del cambio climático, ya que es causante de un 25% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y, por otro lado, sufre sus consecuencias en forma de fenómenos meteorológicos extremos.

“El IICA se ha convertido en un vehículo para atraer recursos del Fondo en materia de agricultura, bosques y otros usos de la tierra, ya que ha sido aprobada su acreditación y se firmó el documento legal para instrumentar este tipo de ayudas”, detalló el funcionario del organismo internacional.

Durante la última conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 26 de Glasgow), el GCF se adhirió a la declaración que firmaron más de 100 países que se propone reducir en un 30% las emisiones globales de metano hacia el año 2030.

“Si ese objetivo se consiguiese, el calentamiento global que está proyectado hoy se reduciría en 0,2 grados Celsius”, dijo Manzanares, quien consideró que el IICA tiene las atribuciones necesarias para ser un facilitador de la relación entre los ministros de Agricultura de las Américas y el GCF.

El funcionario también valoró el papel del IICA como puente entre el sector agropecuario de las Américas y los de otras regiones y, en ese sentido, elogió el establecimiento de relaciones con el continente africano por parte del Instituto.

“El IICA –añadió- también puede ser un socio relevante de los estados en los mercados de créditos de carbono, tanto obligatorios como voluntarios. Existen decenas de proyectos de calidad en el sector de agricultura, bosques y otros bosques de la tierra”.

Por su parte, Manuel Otero, director del IICA destacó la importancia de la noticia en el camino hacia una mayor sostenibilidad de la producción agropecuaria en las Américas. “El IICA pondrá lo mejor de sus cuadros técnicos y su capacidad de diálogo para avanzar en una transformación, que solo puede ser sostenible, de los sistemas agroalimentarios de la región”, anunció.

Otero reafirmó el compromiso del IICA con los esfuerzos globales de mitigación del cambio climático y, especialmente, en el ámbito de la adaptación a sus consecuencias.

“Con este proyecto –cerró- buscamos aumentar la eficiencia de los sistemas productivos en la cadena ganadera, que ha recibido muchas críticas y poca comprensión de los avances que se han realizado. Es un honor ser aliados del Fondo Verde del Clima”, concluyó.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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