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Cooperación Española Financia Proyecto Ganadero para Pequeños Productores en Bolivia

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A los 21 años, Wilder Mendoza decidió abandonar la ciudad de Viacha (capital de la provincia de Ingavi en el departamento de La Paz, en Bolivia) y regresar a su comunidad rural: Sequichuro, a pocos kilómetros de la ciudad, dentro del distrito número 3 del municipio. Volvió a las tierras de sus abuelos y, como hicieran ellos, se dedicó a la crianza de vacas para producir leche. Comenzó con dos cabezas de ganado. Ahora, seis años más tarde, ya tiene 16. 

Este joven productor ha sido uno de los beneficiarios del programa de desarrollo “Viacha”, impulsado por la organización española Ayuda en Acción. Comenzó en 1998 y, desde 2004, el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), una entidad nacional, ha sido la encargada de llevar a cabo el proyecto. “Solo no podía hacer nada”, asegura Wilder. Porque él, como las generaciones anteriores, criaba vacas “como les parecía”, dice.

Uno de sus problemas era la alimentación del ganado. Durante la época de lluvias, el pasto está verde y la producción de leche es alta. Antes, en cuanto las nubes desaparecían y los campos se tornaban amarillentos, los litros de leche que daba cada vaca se desplomaban. Esto se debía al alimento: los ganaderos acopiaban la cebada, ya seca, en grandes bloques. De esta manera crecían hongos en el interior de los montones de cereal, con lo cual las vacas solamente se alimentaban de fibras.

Ayuda en Acción y Cipca han capacitado a los productores para que desarrollen otro sistema de almacenamiento, conocido como ensilaje. El nombre viene de la infraestructura en la que se coloca el heno, llamada silo. Mide siete metros de largo por 4,30 de ancho y puede acumular hasta una hectárea de forraje. Éste se corta, todavía verde, y se apisona. Ahí queda durante tres meses pasando por un proceso de fermentación anaeróbica que permitirá que, una vez finalizado, conserve los nutrientes. Luego, el pienso se amontona en forma de trípode. De este modo, permanece verde durante más de un año y el nivel de la producción de leche se mantiene.

Foto 02. Ensilaje. Con este nuevo sistema de almacenamiento, el forraje se amontona en trípode

Sin embargo, al principio, los productores miraban con desconfianza este sistema. “Yo mismo no creía de lo que venían a decirme los técnicos”, cuenta Samuel Quispe, tío de Wilder. Fue en los talleres de capacitación y durante los intercambios de experiencias en Cochabamba y Perú donde vio resultados. “Si un compañero como yo ha hecho, entonces, ¿yo por qué no lo puedo hacer?”, pensó. De este modo, tanto Quispe como otros comunarios comenzaron a usar silos de 1 x 1 metros, para probar los resultados en pequeñas cantidades. “Me he arriesgado, pero me ha resultado perfecto”, afirma Samuel, quien era sastre hasta que un día decidió cambiar y dedicarse a la crianza de vacas. En 2006, llegaron los técnicos de Cipca. Una de sus recomendaciones fue que construyera una sala de ordeñado, y pusieron a su disposición la techumbre y el cemento, además de capacitación sobre enfermedades del ganado vacuno, inseminación, forraje.

Al principio, Samuel se conformaba con que una vaca le diera seis litros por día. Ahora, todas las que tiene dan más de diez litros diarios. En total, produce entre 110 y 115 litros por jornada. Su reto es que todo su ganado productivo le otorgue entre 18 y 20 kilos diarios (1 kilo equivale a 1.200 litros), aunque sabe que eso no sucederá de la noche a la mañana. Requiere tiempo y esfuerzo. Pero, gracias a los conocimientos adquiridos con el programa, están mejorando su negocio y su vida.

Entre sus planes también está el que uno de sus hijos se dedique a la producción de leche y, el otro, a la elaboración de productos lácteos porque, asegura Samuel, su esposa y él apenas tienen tiempo para hacer yogures y quesos. Y es que, además, Quispe conduce el camión que recoge la leche de los asociados de las comunidades y la lleva hasta la planta de Delizia, donde les pagan Bs 2,95 por cada kilo. Otros la venden a la empresa Panda.

Otra que se encuentra feliz con los logros es Teresa Ramírez, quien sí elabora en su casa quesos criollos, pasteurizados y de verduras, así como yogures y flanes que empaca en recipientes que llevan la marca Viacha. Los vende por pedido, pero también en las ferias de Viacha y la ciudad de El Alto. Es una microempresaria exitosa.

La Llegada del Riego y el Gas 

El riego es otro de los avances que ha llegado a través del proyecto, que ha finalizado tras 13 años. “Ha sido positivo para mí también”, señala Wilder, no sólo para la granja. Antes, su casa tenía una única estancia que servía de dormitorio, sala de estar y cocina. Gracias al crecimiento de sus ganancias, ha podido levantar, con sus propias manos, más habitaciones.

Una de ellas es una cocina que se alimenta del gas que se produce en su hogar mediante un biodigestor. “Ya tengo gas domiciliario en la comunidad”, ríe. Este artilugio funciona con estiércol de vaca y agua. Como resultado da biol (abono) y gas, que Wilder almacena en tres reservorios que le proporcionan dos horas diarias de fuego. “Eso es lo que yo, en mi corazón, ya tengo satisfecho”. Además, está construyendo un establo para los terneros recién nacidos.

Foto. Mejoras. Wilder Mendoza muestra la salida del biol del biodigestor que tiene en su casa

Su tío Samuel también ha mejorado su calidad de vida: pudo comprar la camioneta con la que reparte la leche, un tractor y una ordeñadora mecánica, con la que ahora sueña su sobrino. Y Teresa, que ingresa alrededor de 600 bolivianos por mes gracias a sus productos lácteos, tiene a siete de sus nueve hijos estudiando fuera de la aldea.

Ahora, con la partida de Ayuda en Acción, Cipca seguirá apoyando a las comunidades de Viacha hasta que sean autosostenibles. Viendo a personas emprendedoras como Wilder, Samuel y Teresa, parece que ese día llegará muy pronto.

Foto. Una vecina del distrito rural del municipio muestra productos de la marca Viacha

Gracias al Apadrinamiento 

Durante 13 años de trabajo, Ayuda en Acción ha invertido en el desarrollo de las comunidades de Viacha los donativos de 2.259 socios en España. El número de beneficiarios asciende a 41 mil habitantes, según datos del proyecto. Aparte del cambio en los sistemas de producción, otros rubros que resultaron beneficiados con el programa son la dotación de agua, con la instalación de piletas en las casas; el mejoramiento de la infraestructura y las condiciones en los servicios de salud y en las escuelas, que tienen material didáctico, servicios higiénicos, telefonía e internet.

Fuente: Agencias

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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