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Con el Estiércol de los Corrales de Engorde, la Precisión es Importante

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Los ingenieros agrícolas norteamericanos Roger Eigenberg y Bryan Woodbury están aplicando las técnicas de la agricultura de precisión a la cosecha del estiércol del ganado bovino de corrales de engorde. Sus resultados podrían ayudar a los operadores de corrales de engorde a cosechar algunos subproductos valiosos del estiércol, y también selectivamente cosechar el estiércol que ofrece niveles más altos de nitrógeno y fósforo para utilización como fertilizante.

Las mismas técnicas de precisión que se utilizan con los cultivos también pueden trabajar bien con el manejo del estiércol en los corrales de engorde, según científicos del Servicio de Investigación Agrícola de los EE.UU (ARS).

Ingenieros agrícolas Roger Eigenberg y Bryan Woodbury y sus colegas con el ARS en Clay Center, Nebraska, crean mapas de la distribución del estiércol en la superficie de los corrales de engorde y el flujo del estiércol líquido en los escurrimientos pluviales.

Esta investigación podría llevar a la cosecha precisa del estiércol y también la aplicación precisa del estiércol en los campos de cultivos, mientras controlando las pérdidas de nutrientes, las emisiones de gases, y los olores.

Los científicos trabajan en el Centro Estadounidense Roman L. Hruska de Investigación de los Animales para Carne, mantenido por el ARS en Clay Center. Allí, ellos crean mapas de la distribución del estiércol lentamente remolcando un medidor de la conductividad eléctrica encima de la superficie de los corrales de engorde y los campos agrícolas. El medidor calcula la cantidad y la calidad del estiércol en varios sitios en la superficie midiendo la capacidad del estiércol de conducir la electricidad.

El estiércol contiene sal, la cual viene de los suplementos de pienso. La sal, en forma de solución, es un excelente conductor de electricidad.

Los investigadores usaron un programa de computadora desarrollado por el ARS y llamado ESAP (programa del análisis espacial de la conductividad eléctrica) para seleccionar los sitios en los corrales de engorde y en un campo de heno para probar los suelos, en vez de seleccionar los sitios al azar. Eigenberg y sus colegas usaron el programa para relacionar los niveles altos de conductividad del suelo con los sólidos del estiércol y con el cloruro en las sales encontradas en el estiércol.

Estas técnicas se podrían usar para ayudar a los operadores de corrales de engorde a recuperar los subproductos valiosos de la superficie del corral de engorde, tales como el estiércol apropiado para quemar para generar el vapor. Las técnicas también podrían permitir la cosecha selectiva del estiércol que contiene un contenido más alto de nitrógeno y fósforo.

Eigenberg y Woodbury también crearon un mapa de un campo de heno, cerca del corral de engorde en Clay Center, diseñado específicamente para capturar y utilizar los nutrientes del estiércol.

Los científicos descubrieron que el estiércol líquido en los escurrimientos pluviales fue distribuido desigualmente en el campo de heno. Por consiguiente, ellos hicieron ajustes en tubos de flujo, de este modo produciendo un escurrimiento más uniforme y un área de tratamiento más eficaz.

Lea más sobre esta investigación en la revista ‘Agricultural Research’ de mayo-junio del 2011.

 

Fuente: ARS

 

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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