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Colombia Vacunó más de 850,000 Bovinos y Bufalinos contra la Fiebre Aftosa

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Este ciclo se desarrolló en los meses de junio y julio y en la zona de contención se cumplió entre julio y agosto. El segundo ciclo de vacunación contra fiebre aftosa se realizará entre noviembre y diciembre de 2018.

De acuerdo con las cifras reportadas al Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) por la Cuenta Nacional de Carne y Leche, CNCL, en el primer ciclo de 2018 se vacunaron contra la fiebre aftosa un total de 26.872.531 bovinos y bufalinos. Esta cifra representa  846.249 animales más que en el segundo ciclo del 2017. Del total de los animales vacunados, 26.522.449 son bovinos y 350.082 son búfalos.

Durante el primer ciclo de este año, fueron visitados un total de 597.740 predios, 13.466 predios más que en el ciclo anterior, en el que se visitaron 584.274 predios. La cifra marco de bovinos y bufalinos a vacunar en el primer ciclo de 2018, fue establecida en 27.499.421 animales y dado el resultado obtenido, la cobertura lograda fue del 97.7%.

“Este es un trabajo en equipo con las organizaciones ganaderas del país y desde el año anterior se tomaron decisiones para mejorar las rutas para la identificación de predios, fue aumentado el personal contratado para la vacunación, y se amplió el acceso a las diferentes zonas del país. También fortalecimos los procesos de comunicación del riesgo para que los ganaderos conocieran las fechas de vacunación y desde luego contamos con el compromiso de los ganaderos del país, quienes tienen claro que es necesario vacunar la totalidad de los animales en las fincas, para sellar el ingreso de enfermedades las cuales no traen sino pérdidas económicas y ponen el riesgo el estatus sanitario del país”, indicó la gerente general del ICA (e), Olga Lucía Diaz Martínez”.

En cuanto a la brucelosis bovina, en este primer ciclo 2018 se vacunaron contra esta enfermedad un total de 1.525.425, de los cuales 1.501.068 son bovinos y 24.356 son bufalinos.

Es importante recordar que, en todos los primeros ciclos de vacunación de cada año, se lleva a cabo la vacunación contra la rabia bovina en las zonas de riesgo del país, lo que ha permitido disminuir la incidencia de esta enfermedad, que afecta no solo a los animales, sino que puede ser transmitida a los seres humanos.

Durante este ciclo, se vacunaron un total de 5.196.534 animales contra la rabia bovina, primera vez que se logra vacunar este número de animales en un ciclo de vacunación.

Gracias al programa de vacunación contra la fiebre aftosa, la Organización Mundial de Sanidad Animal, OIE ha reconocido la fortaleza sanitaria del país.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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