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Colombia: País Ganadero que prefiere Importar Leche

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“La industria no acopia ni siquiera la mitad” de la leche que producen los ganaderos del país, y otro porcentaje se queda en el mercado informal.

Colombia aparece entre los 10 primeros países productores de leche fresca, con 7.400 millones de litros en el 2020, pero aún así las importaciones de la industria láctea en el último año alcanzaron las 73.663 toneladas de diversos productos lácteos; mientras las exportaciones solo llegaron a 4.602 toneladas.

Esas dramáticas cifras fueron reveladas por la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), destacando que las importaciones de la industria láctea en el 2020 marcaron récord.

José Félix Lafaurie Rivera, presidente ejecutivo de Fedegán, sostuvo que las importaciones de la industria, de cerca de 74.000 toneladas de leche en polvo y derivados en la vigencia anterior, equivalen al 27% del acopio nacional. Esas importaciones equivalen a 203,5 millones de dólares; mientras que las exportaciones de productos lácteos solo superaron los 16,5 millones de dólares.

De acuerdo con el dirigente gremial, esta leche que no fue comprada a los ganaderos colombianos corresponde a 889 millones de litros. “Esto derivó en un nivel de inventarios de 17.000 toneladas de leche en polvo y en una ‘enlechada’ artificial que presiona a la baja el precio al ganadero”, añadió.

Según la Oficina de Planeación y Estudios Económicos de Fedegán-FNG, las compras internacionales de la industria fueron récord el año pasado, al superar las 61.643 toneladas por USD 156,7 millones reportadas en el 2019, con un crecimiento de 19,5% en volumen y 29,8% en valor.

ORIGEN DE LAS IMPORTACIONES

El informe de Fedegán, basado en el análisis de los datos del Dane hecho por la Oficina de Planeación y Estudios Económicos del gremio, señalan que los países desde donde se trajo más leche y productos lácteos fueron: EE. UU. con 40.405 toneladas por USD 111,1 millones (55%); México con 7093 toneladas por USD 22,5 millones (11%); Bolivia (9 %); España (5%); Uruguay (4%); Argentina (4%); Francia, 3%; y República Checa (2%), entre otros.

Entre los productos que más fueron importados en 2020 estuvieron la leche en polvo descremada con 32.763 toneladas (USD 84 millones), es decir el 41%; leche en polvo entera, 21.978 toneladas (USD 21,9 millones), 36%; y lactosueros, 13.362 toneladas (USD 13,6 millones), o sea el 7%.

Lafaurie Rivera recordó que, si bien los 670.000 ganaderos colombianos producen leche, algo más de 320.000 se dedican exclusivamente a esta actividad. “En 2020 se produjeron 7.400 millones de litros, de los cuales la industria acopió solamente 3.330 millones, dentro de un mercado oligopsónico, con muchos ganaderos queriendo vender su leche a muy pocos compradores con posición dominante para imponer condiciones”.

¿QUÉ EXPORTAMOS?

Las exportaciones de productos lácteos colombianos están representadas especialmente en: mantequilla (23%), los demás quesos (22%), leche en polvo entera (15%), queso fresco (15%), leche condensada (12%) y yogur (8%), entre otros derivados, revela el informe de Fedegán.

La informalidad, el otro gran problema

El Presidente Ejecutivo de Fedegán afirmó que la leche no acopiada, cerca de 4.000 millones de litros, se malvende en la informalidad a precios que no cubren siquiera los costos de producción, situación que es aún más gravosa por el impacto de la pandemia sobre la demanda.

El dirigente gremial reiteró su solicitud al ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo Abondano, que active la salvaguardia bilateral del TLC con EE. UU. como medida de defensa comercial para proteger a las 320.000 familias ganaderas colombianas que se dedican a la producción de leche tal como lo registrara recientemente este medio.

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La OMSA y la FAO instan a sus miembros a erradicar la Peste de los Pequeños Rumiantes

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La peste de los pequeños rumiantes (PPR), es una enfermedad devastadora que causa importantes pérdidas económicas y animales. Con tasas de morbilidad y mortalidad que pueden alcanzar el 100 % en poblaciones no expuestas previamente, esta enfermedad vírica altamente contagiosa representa una grave amenaza para ovejas, cabras y ciertas especies de rumiantes silvestres.

Más allá de su impacto en la sanidad animal, las pérdidas económicas asociadas a la PPR ascienden a unos 2.100 millones de dólares estadounidenses al año. Desde su identificación en 1942, la PPR se ha propagado a más de 70 países en África, Asia, Oriente Medio y Europa del Este, arraigándose en muchas regiones y representando una seria amenaza para los medios de vida y las economías frágiles. Esta enfermedad socava los medios de subsistencia, la seguridad alimentaria y la nutrición, especialmente en zonas donde más de 330 millones de personas, principalmente pequeños agricultores y comunidades de subsistencia, dependen de los pequeños rumiantes.

Aún se requiere más trabajo para lograr la erradicación

La exitosa erradicación de la peste bovina en 2011, que demostró el poder de la colaboración y los esfuerzos concertados para proteger la sanidad animal y los medios de vida humanos, motivó a la comunidad veterinaria mundial a designar la PPR como la siguiente enfermedad prioritaria a erradicar, junto con la rabia transmitida por perros. En 2015, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lanzaron la Estrategia Global de Control y Erradicación de la PPR (PPR GCES, por sus siglas en inglés)  , con el ambicioso objetivo de erradicar la enfermedad para 2030.

Durante los 10 años transcurridos desde el lanzamiento de la estrategia PPR GCES, se han logrado avances significativos. Entre las iniciativas se incluyen la implementación del Proyecto Regional de Apoyo al Pastoralismo en el Sahel (PRAPS)  , varios proyectos financiados por la Unión Europea, proyectos de la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa de EE. UU. (DTRA), y el lanzamiento del Programa Panafricano para la Erradicación de la PPR y el Control de Otras Enfermedades Prioritarias de los Pequeños Rumiantes  . Sin embargo, aún queda mucho por hacer.

La propagación continua de la PPR hacia nuevas regiones y su arraigo en áreas endémicas, agravados por el acceso limitado a servicios veterinarios en comunidades marginadas, siguen siendo grandes desafíos para su eliminación. Superar estos obstáculos es esencial para lograr la erradicación de la PPR, proteger los medios de vida y reforzar la seguridad alimentaria de algunas de las poblaciones más vulnerables del mundo. Es imperativo mantener un esfuerzo global sostenido y coordinado para garantizar el éxito de la estrategia PPR GCES y fortalecer la resiliencia de las comunidades que dependen de los pequeños rumiantes.

Un compromiso con la colaboración global

Los pequeños rumiantes suelen ser el recurso más importante, y en algunos casos el único, del que dependen ciertas poblaciones vulnerables para sobrevivir. La erradicación de la PPR abriría oportunidades económicas tanto a nivel nacional como internacional, contribuyendo al crecimiento y la estabilidad. Las ovejas y las cabras desempeñan un papel esencial en la vida de muchos agricultores, especialmente mujeres y jóvenes, quienes a menudo están subrepresentados en los espacios públicos y de toma de decisiones.

Desde el inicio de la estrategia PPR GCES, ha quedado claro que los brotes pueden gestionarse y que se puede desarrollar una inmunidad colectiva mediante el establecimiento de mecanismos nacionales de financiación para actividades clave de prevención de enfermedades animales, la promulgación de políticas y normativas favorables, la inversión en la producción de vacunas y diagnósticos para la PPR, y la concienciación y formación sobre tecnologías de prevención y control.

Para tener éxito, los esfuerzos de erradicación deben seguir una estrategia bien diseñada y coordinada, respaldada por una infraestructura sólida y la inversión en el personal veterinario. Estos esfuerzos deben priorizarse y reconocerse como un bien público internacional mediante un compromiso político firme y la movilización de recursos. La OMSA y la FAO instan a sus Miembros a seguir comprometidos con la inversión en enfoques.

¿Qué es la peste se pequeños rumiantes?

La peste de pequeños rumiantes (PPR) es una enfermedad vírica causada por un morbilivirus estrechamente relacionado con el virus de la peste bovina que afecta a caprinos y ovinos y a algunos parientes silvestres de pequeños rumiantes domésticos, así como a los camellos. Se identificó por primera vez en Côte d’Ivoire en 1942.

Se caracteriza por tasas de morbilidad y mortalidad significativas, y tiene un alto impacto económico   en zonas de África, Oriente Medio y Asia, donde los pequeños rumiantes contribuyen a garantizar la subsistencia.

Los animales afectados presentan una fiebre alta y depresión, junto con secreciones en los ojos y las fosas nasales. Los animales no pueden comer, ya que la boca se cubre de dolorosas llagas erosivas y sufren de neumonía y diarrea graves, que llevan, con frecuencia, a la muerte.

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