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Como Afecta en los Recién Nacidos el No Consumir Carne Durante en Embarazo

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Un estudio elaborado en Uruguay evaluó la relación entre el consumo de carne roja durante el embarazo y la concentración de ferritina en el cordón umbilical, concluyendo que los recién nacidos que reciben menos carne y hierro en la gestación podrían tener efectos adversos a largo plazo en su desarrollo neurocognitivo.

Un total de 188 pacientes fueron evaluados en esta investigación hecha por el Departamento de Neonatología del Centro Hospitalario Pereira Rossell (CHPR) en Montevideo (Uruguay). A los recién nacidos se les extrajo sangre del cordón umbilical en su primer minuto de vida.

Con esta muestra, se evaluó el contenido de ferritina en la sangre del cordón para evaluar los depósitos de hierro alcanzados durante la fase fetal.

A su vez, a las madres se les aplicó un cuestionario para conocer su consumo de alimentos y las cantidades ingeridas durante el último trimestre del embarazo. El estudio recordó que el consumo de carne vacuna es la principal fuente de hierro hemo en Uruguay.

El estudio encontró que la cantidad de ferritina en el cordón umbilical fue menor a 100 ng / ml y que efectivamente se asoció con a un menor consumo de carne vacuna en el embarazo.

Estos bajos niveles de ferritina en recién nacidos podrían ser indicio de una deficiencia latente de hierro, lo que a su vez puede acarrear un mayor riesgo de efectos adversos a largo plazo sobre la mielinización y neurocognitivo desarrollo.

La necesidad de hierro durante el embarazo es muy alta, estimada en 27 mg/día, un nivel que no es fácil de alcanzar, especialmente si hay falta de información al respecto o malos hábitos alimenticios en las familias.

Según la Organización Mundial de la Salud, el 30 % de las mujeres en edad fértil y el 50 % de las mujeres embarazadas padecen anemia, pues las fuentes verdaderamente confiables de hierro hemo son la carne de res, así como cerdo, pollo y pescado.

La ferritina es la principal proteína almacenadora y liberadora de forma controlada de hierro, que el cuerpo produce con el fin de almacenar hierro para su uso posterior.

Sus niveles en el feto son importantes porque están asociados con efectos a largo plazo en el desarrollo del niño. De igual modo, la nutrición durante el embarazo tiene un impacto en la salud del feto y del recién nacido.

Los resultados mostraron que el riesgo de deficiencia de hierro latente (LID) (con valores de ferritina en el cordón umbilical por debajo de 100 ng/ml) en el feto es tres veces mayor si la madre embarazada consume menos de 100 g/día de carne roja.

Por tanto, una ingesta insuficiente de carne en la dieta conlleva un mayor riesgo de efectos negativos a largo plazo sobre la mielinización de las células nerviosas y sobre el desarrollo neurocognitivo del feto.

En la práctica, cuando la ingesta materna de hierro es insuficiente, el feto utiliza principalmente el poco hierro que encuentra para la síntesis de hemoglobina para su subsistencia, descuidando el desarrollo del sistema nervioso central.

Así, todos los procesos del desarrollo neuronal, la síntesis de neurotransmisores, fibras mielinizadas y células gliales se ven dramáticamente comprometidos, con un daño permanente en el desarrollo neurocognitivo del niño.

Cabe recordar que el hierro en forma no hemo que se encuentra en las plantas no es absorbido de manera eficiente por nuestro cuerpo, a diferencia del hierro hemo de las carnes rojas. De hecho, el consumo de carne ayuda a aumentar la absorción del hierro de las verduras.

Además, la falta de carne roja en la alimentación no solo afecta a los niveles de hierro, sino que también puede afectar negativamente a los niveles de vitamina B12, zinc, selenio y vitamina D. Un estudio reciente realizado en el Reino Unido mostró que las mujeres que consumían menos de 40 g de carne roja al día sufrían una deficiencia de zinc y vitamina D.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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