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México aprobó el ingreso de carne vacuna de Argentina luego de un proceso de más de ocho años

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Según el portal eurocarne.com, ahora, los servicios nacionales de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), de Argentina, y de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), de México, trabajan en los detalles finales del certificado sanitario que acompañará las exportaciones de ese producto agroalimentario.

El secretario de Agricultura de Argentina, Juan José Bahillo, destacó “el trabajo coordinado entre Cancillería y el Senasa, para poder llevar adelante la estrategia fijada por el Ministerio de Economía de abrir cada vez más mercados para los alimentos producidos por nuestro país”.

Así mismo señaló que se busca “promover las exportaciones, ampliando los destinos para nuestras carnes, es el eje central de nuestra política y la única manera de crecer es cada vez producir más y generar nuevos mercados”

Se trata de un trabajo mancomunado de las distintas administraciones del Senasa, según manifestó al recordar que este proceso se inició hace más de 8 años, y el equipo ha mantenido una coherencia en el tema sanitario. “Ojala esto se puede replicar en otras negociaciones. Así se hace una verdadera política sanitaria extendida en el tiempo”, sostuvo el vicepresidente del organismo sanitario estatal, Rodolfo Acerbi. (Lea: México importaría carne de Argentina antes de finalizar 2022)

El funcionario indicó también que “ahora hay una nueva alternativa para vender cortes de valor similar a los que enviamos al continente europeo” y destacó la importancia para la cadena cárnica Argentina de tener abiertos los mercados de América del Norte, es decir Canadá, Estados Unidos y México.

Concluye así un proceso de negociación iniciado en 2014, cuyo último capítulo tuvo lugar en julio pasado con una visita de auditoría integral al sistema de producción y elaboración de carne bovina por parte del Senasica que, acompañado por profesionales del Senasa, recorrieron predios de cría, laboratorios y establecimientos industriales.

El Senasica mexicano autorizó 22 plantas de procesamiento para exportar productos cárnicos bovinos desde la Argentina y ahora ambos servicios sanitarios están ajustando detalles para acordar los requisitos zoosanitarios que figurarán en el certificado sanitario que avalará los envíos.

Durante la auditoría realizada en julio pasado, los inspectores del Senasica comprobaron que el sistema de control del Senasa cumple con los mayores estándares sanitarios y de inocuidad de los alimentos como demanda México.

En la reunión final de la auditoría, el jefe de la delegación del Senasica, René Hernández Ruiz resaltó el trabajo coordinado entre ese organismo y el Senasa para verificar aspectos de sanidad animal e inocuidad en el proceso de elaboración de carnes bovinas en la Argentina. (Lea: México reabre las puertas a la carne argentina)

Los auditores mexicanos valoraron el trabajo del Senasa y remarcaron la buena predisposición y transparencia de las empresas como también del organismo argentino, que les permitió llevarse una visión completa de la cadena de la carne bovina, para realizar un análisis integral en el informe definitivo que finalmente permitió la apertura de ese destino a las carnes bovinas argentinas.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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