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Panamá continua con las pruebas para exportar carne hacia EE.UU.

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Estados Unidos exige un ciclo de 22 pruebas para permitir la accesibilidad de carne proveniente de otro país.

Durante un conversatorio con el sector ganadero, industrial y oficial, el ministro de Desarrollo Agropecuario de Panamá, Augusto Valderrama, anunció la entrega de las órdenes de compra a cuatro empresas que van a suministrar los insumos necesarios, para poder completar el ciclo de las 22 pruebas que busca la accesibilidad para exportar carne de res panameña hacia el mercado de los Estados Unidos.

Esa nación exige el cumplimiento de esa cantidad de pruebas, las cuales se realizarán en el laboratorio de residuos tóxicos del Ministerio, como parte del proceso de evaluación del sistema zoosanitario, que certificará a Panamá para exportar carne de res hacia ese país.

Antes del cambio de mandato solo se estaban realizando nueve pruebas, sin embargo, en medio de la pandemia en noviembre del año 2020, se sumaron ocho adicionales que completaron un total de 17, quedando cinco pendientes, las cuales se esperan completar a partir de marzo de este año.

Valderrama señaló que a partir de abril el laboratorio de residuos tóxicos de la entidad tendrá todo su equipo alineado, para realizar las 22 pruebas que exigen los EE.UU., y así exportar los productos.

“Esto representa un avance, en medio de la pandemia y con el apoyo que se ha tenido del presidente, Laurentino Cortizo Cohen, se hará realidad un sueño que tienen los ganaderos, quienes desde hace unos 38 años habían perdido la certificación para poder exportar hasta este exigente mercado, con un consumo per cápita de carne de 100 kilos”, sostuvo el titular de la cartera.

A partir de mayo se inicia el proceso de toma y registro de muestras, también se realizarán adecuaciones de los mataderos, todo esto con el interés de cumplir con las normativas exigida por este mercado.

Valderrama espera que en un año se pueda cumplir con el proceso para estar autorizados. Esto permitiría que en un año y medio la institución esté lista para enviar el primer contenedor de carne de res.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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