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Cojeras no Deben tratarse como Patología Secundaria

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Alejandro Jaramillo Jaramillo, médico veterinario zootecnista de la Universidad de Calda Colombia, dirigió el curso de Cogancevalle con el propósito de resaltar la importancia de las cojeras en los costos de la finca y de cambiar la idea de que se trata de una patología secundaria.

Según el experto, los propietarios, los encargados de la finca e incluso algunos profesionales no investigan las causas de una cojera en un bovino y la “consideran como una sola entidad”.

“Resulta que las cojeras son una serie de entidades que las producen. De acuerdo a la entidad que esté presentando, se debe tratar de una u otra forma”, precisó el experto, anotando que las cojeras detectadas tempranamente se pueden solucionar más fácilmente.

Sin embargo, debido a que en las ganaderías no suele hacerse una examinación constante de los semovientes, especialmente en su forma de caminar, los ganaderos o los operarios se dan cuenta cuando los bovinos ya presentan un alto grado de dificultad para andar.

“Cuando el animal ya tiene la cojera manifiesta y está en un grado 4 o 5, la respuesta a los tratamientos es mucho más lenta o quizá no hay respuesta. Estos animales representan las pérdidas económicas más importantes porque son los descartes tempranos del hato”, añadió.

Jaramillo, que trabaja con su empresa en la región del Eje Cafetero y el norte del Valle, señaló que en cada zona hay entidades distintas que causan cojeras, pero también observó que incluso hay diferencias entre hatos.

“Cada finca es un universo aparte y tienen condiciones distintas. Por ejemplo, una finca puede ser más húmeda, la siguiente menos húmeda, en esta las vacas caminan por senderos de cemento o por la carretera, en la otra caminan por el barro”, indicó.

No obstante, el MVZ pudo establecer que una de las patologías más comunes es la enfermedad de la línea blanca, que se produce por la entrada de los bovinos a la sala de ordeño.

Las causas son diversas y pueden ser nutricionales (como exceso de carbohidratos cuando se suplementan con granos), o cuando se quedan de pie mucho tiempo sobre el suelo de cemento bajo la luz del sol, que calienta este material y puede generar complicaciones en las pezuñas.

Finalmente, Jaramillo recomendó “hacer mensualmente un monitoreo de las vacas caminando y de pie, para ver cuáles están empezando su proceso y poder atenderlas tempranamente”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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