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Científicos Españoles Desarrollan un Método Innovador para Detectar ARN del Virus de la COVID-19 en el Medio Ambiente

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Un método permitirá mejorar la detección temprana del virus, monitorear su circulación e identificar objetivos para un control más eficiente.

Desde marzo de 2020, la pandemia de la Covid-19, causada por la rápida propagación del coronavirus conocido oficialmente como SARS-CoV-2 (Severe Acute Respiratory Syndrome coronavirus 2), afecta gravemente a muchos países del mundo, entre los que se encuentra España.

Los datos epidemiológicos disponibles hasta la fecha indican que estamos muy lejos de alcanzar la deseada “inmunidad de rebaño” –que generaría un efecto de “cortafuegos” entre los individuos que están protegidos frente a la enfermedad y los que no lo están, limitando su propagación–, lo que significa que el coronavirus podría seguir siendo un problema sanitario durante muchos meses o incluso años si no conseguimos controlarlo.

De este modo, controlar el virus se ha convertido en el principal objetivo de la comunidad científica ligada a la salud humana, animal y ambiental, ya que éste puede ser “atacado” desde diversos frentes. Como bien sabemos, la Covid-19 no solo se transmite por el aire en forma de aerosoles, sino que también lo hace a través del contacto con objetos y superficies contaminadas, siendo fundamental “vigilar” dónde podemos encontrarlo y conocer cómo se comporta para establecer medidas eficaces que reduzcan su transmisión.

Un equipo interdisciplinar de científicos españoles, constituido por enfermeros, biólogos, médicos y veterinarios, y hasta un físico, en una auténtica apuesta por el concepto “Una Salud” para combatir la Covid-19, ha investigado la facilidad con la que se podría detectar el material genético del SARS-CoV-2 en muestras ambientales, en entornos potencialmente contaminados como centros comerciales, escuelas, residencias u hogares de personas que han sufrido la Covid-19.

Para ello, han desarrollado un innovador método de muestreo consistente en el uso de unas esponjas que, al frotarse con la superficie de un objeto (como puede ser una barandilla, una prenda de ropa o el pomo de una puerta), arrastran el ARN del virus que pueda contener, conservándolo, al tiempo que inactivan su patogenicidad gracias a los alcoholes en los que están impregnadas. Una vez en el laboratorio, el material genético recolectado es extraído de las esponjas para la realización pruebas PCR que confirmen si el virus está o no presente en una superficie concreta.

Los investigadores, pertenecientes al Grupo de Investigación en Sanidad y Biotecnología (SaBio) del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM), al Servicio Médico Local de Horjaco de los Montes, al Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (VISAVET) de la Universidad Complutense de Madrid y al Instituto de Salud Carlos III, se plantearon la hipótesis de que el ácido ribonucleico (ARN) del SARS-CoV-2 sería detectable en lugares con circulación reciente del virus. Y efectivamente, los resultados mostraron la presencia de ARN del SARS-CoV-2 en 7 de 57 muestras (12%), incluidos tres hogares y tres sitios públicos, del área estudiada.

Según los autores del estudio, esto sugiere que con unas pocas esponjas se puede monitorizar la presencia del SARS-CoV-2 en grandes espacios, mientras que si se tuvieran que analizar a todas las personas que usan un espacio concreto el proceso sería más costoso económicamente y más lento. Aunque la vigilancia ambiental de la presencia del virus no proporciona tanta información sobre su epidemiología como el análisis individual de contagios, la aplicación de este método de muestreo podría ayudar a saber dónde buscarlo de forma sostenible y con un coste razonable, sin colapsar la capacidad de diagnóstico del sistema sanitario.

La toma de muestras ambientales de SARS-CoV-2 se realizó en la localidad de Horcajo de los Montes, en la provincia de Ciudad Real (España), que sirvió como área de estudio. Se trata de una comunidad rural aislada que tuvo una alta prevalencia de Covid-19 (6% de positivos en una población de 883 habitantes) durante el periodo en que se tomaron las muestras.

El trabajo de investigación demuestra que la vigilancia ambiental de la Covid-19 puede contribuir a avanzar en el conocimiento sobre la enfermedad al ofrecer información clave sobre la dinámica de diseminación del virus y la contaminación ambiental, permitiendo detectar su existencia o circulación de forma menos invasiva y menos costosa económicamente que, por ejemplo, mediante la realización de pruebas PCR individuales a las personas. La aplicación de los resultados de este trabajo tendría una especial relevancia en situaciones como la actual, con la vuelta de la presencialidad en la actividad docente y de los ciudadanos a los centros sanitarios.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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