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Chile: Recomendaciones para Hacer un Buen Balance Forrajero

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Una de las claves del trabajo predial es balancear el aporte de la pradera con los requerimientos del animal, siendo importante establecer clases o categorías de ganado, así como estimar la disponibilidad de las praderas y decidir las políticas de conservación de pasto.

Los requisitos fundamentales para obtener buenos resultados en sistemas de producción basados en el uso de forrajes son: El uso eficiente del sistema de pastoreo, con cargas animales altas que permitan una máxima producción animal por hectárea; la producción de forrajes conservados de alta calidad, permitiendo consumos similares a los obtenibles con el forraje original; la utilización de animales de buen potencial genético y con aptitud para el pastoreo; y finalmente, el empleo de suplementos apropiados que satisfagan efectivamente los objetivos nutricionales que se persiguen.

En una primera etapa en la persecución de la optimización del uso del forraje producido en términos de recursos alimenticios, se hace necesario la utilización de los balances forrajeros, ya que con ellos se logra ajustar los aportes con los requerimientos del ganado, lo que posteriormente se concreta en un programa de alimentación planificado.

Estrategias

Básicamente los balances forrajeros comparan los requerimientos de los animales con la disponibilidad de praderas y suplementos que tiene el predio. Son instrumentos de gran valor para compatibilizar la disponibilidad de recursos forrajeros con los requerimientos de la masa ganadera a través del tiempo, siendo de especial importancia en condiciones de pastoreo en donde variaciones del contenido de nutrientes y el desconocimiento del consumo que realiza el animal, pueden ocasionar sobre o subestimaciones de la disponibilidad de alimentos.

La demanda de los diversos nutrientes por parte de la masa animal puede ser determinada a través de tablas o fórmulas. De igual manera, existen tablas en donde es posible encontrar la composición química de los alimentos (Véase: Composición de alimentos para el ganado bovino. http://wcp.vpapel.net/wcp/catalogos/Consorcio_Lechero/index.htm).

En la práctica, los balances forrajeros varían enormemente debido a diversos factores:

  • El tipo de explotación ganadera, en donde diferentes sistemas (vacaternero, engorda, lactancia) determinan las necesidades de nutrientes, haciendo variar la necesidad de forraje conservado.
  • La zona del país, la cual determina las especies forrajeras más adecuadas, así como su producción total y la distribución de su crecimiento.
  • Condiciones de mercado, referido a los precios de los productos ganaderos, como también a los precios de los alimentos que complementan las praderas y los forrajes conservados.
  • Existencia de subproductos de cultivos, los cuales pueden disminuir las necesidades de forraje cosechado o de praderas suplementarias para períodos críticos, pudiéndose manifestar, a nivel predial, en un aumento de la carga.

La planificación anual del alimento permite al ganadero o profesional del agro ajustar el aporte con la demanda por parte del animal. Esta planificación puede involucrar todo el predio, para ganado específico o para sistemas forrajeros, en particular.

Etapas de un Balance Forrajero

Las etapas de un balance forrajero son coincidentes con su operatividad. Ellas se pueden agrupar en dos grandes actividades:

Recolección de antecedentes. En ella se recogen antecedentes del predio como son: El uso actual en cuanto a superficie de praderas permanentes, de rotación y cultivos suplementarios. Asimismo, se debe recoger las cantidades de materia seca (MS) de los forrajes conservados como lo es el ensilaje de pradera, de maíz y otros, además de los fardos de pasto disponible.

La base de cálculo depende de la complejidad que se requiera del balance, pero también depende del grado de información que se dispone. Sin embargo, por ser una primera aproximación, la cuantificación puede realizarse en MS.

También debe recopilarse el inventario animal del predio, específicamente el número de vacas totales que participan en el proceso productivo, además de las vaquillas por parir.

Desarrollo del plan. Para ello se debe realizar lo siguiente:

  • Cálculo de la disponibilidad de forraje de cada recurso, expresado en materia seca disponible (MSD) por época. Para lo anterior es necesario conocer el rendimiento (kilos de MS x ha), la curva de distribución anual de rendimiento y la eficiencia de cosecha (Datos respecto de distribución de forraje pueden consultarse en el sitio: http://www.consorciolechero.cl/chile/pags/biblioteca.php).
  • Cálculo de requerimientos de MS por mes del rebaño demandante. La fórmula más simple es asumir como consumo de MS un 3% del peso vivo para vacas en lactancia, 1,68% para vacas secas, y 90% del consumo de MS de vacas adultas para vaquillas preparto. Evidentemente estos datos son generales, existiendo otros de mayor precisión que a lo menos deben considerar peso, producción, días de gestación y/o lactancia.

Una vez realizado lo anterior, se establece por diferencia entre aportes y requerimientos la condición de déficit o excedente de MSD al producirse la sustracción de los aportes menos los requerimientos. Si el valor es negativo significa que los aportes son menores a los requerimientos, por tanto es probable que se esté en situación de déficit de MS. Si ocurre lo contrario, estamos en una situación de superávit forrajero. Todo lo anterior se puede plasmar en una planilla Excel, en donde las columnas reflejen la unidad de tiempo (semanas o meses) y las filas los aportes, requerimientos y su sustracción.

Una vez conocida la situación de balance en un predio, se reconocen cuatro estrategias posibles de utilizar para interferir dentro de la planificación anual de alimentos.

  • Modificar los requerimientos del rebaño, ya sea alterando la carga animal o su composición.
  • Optimizar el pastoreo, ya sea modificando la intensidad de cosecha, los grados de subdivisión del potrero, los cambios en el sistema de pastoreo o en la conservación del forraje.
  • Modificar la producción de forraje, ya sea: extender la estación de pastoreo; mejorar las especies presentes en la pradera; incorporar el uso de leguminosas; incorporar el riego y la fertilización como prácticas comunes en praderas.
  • Aumento del alimento suplementario a través del uso decultivos forrajeros, disminución de residuos y el uso de suplementos y/o subproductos.

Finalmente, los balances forrajeros son herramientas útiles en la planificación alimentaria, sin embargo no es su fin construir raciones -aún cuando sea tentador hacerlo-, sino dar una mirada aterrizada y rápida respecto de los superávit o déficit de nutrientes que el predio presente en determinados momentos del año.

Fuente: INIA

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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