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Bienestar animal y calidad de los cortes cárnicos

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Paraguay, a pesar de la crisis económica por la que atraviesa, es uno de los mayores exportadores de carne vacuna. En este sentido, los productores invierten millones de guaraníes en genética y nutrición para lograr ejemplares de alta calidad para los frigoríficos. No obstante, es importante considerar el manejo durante todo el ciclo animal debido a que el mayor bienestar garantiza el mayor rendimiento al gancho y la colocación de cortes en el mercado.

A nivel mundial, la bovina es la especie de la que más se conoce en términos “de parrilla”, a pesar de la aceptación de carne caprina, ovina, avícola o porcina. Podría decirse que la proteína proveniente del vacuno es la más clásica. “Existen más de 30 cortes, sin embargo, 21 son los más representativos”.

Todo se Exporta

En términos generales, los cortes del ganado bovino se dividen en tres partes: el cuarto posterior, conocido comúnmente como “cuarto trasero”, el costillar o vacío y la parte anterior o “cuarto delantero”.

El cuarto posterior es la zona donde están los cortes de mayor valor comercial. Estos son enviados a la Unión Europea (UE). “El asiento (corte interno), el cuadril y la porción del medio, donde están los bifes angosto y ancho, son cortes exportables. En realidad, todo se exporta; toda la carne desprovista de huesos va al exterior: Chile, Rusia, Unión europea, Brasil y muy poco es lo que queda para el consumo interno”.

El vacío y el costillar son cortes muy consumidos en el mercado interno y del cuarto anterior se extraen la carnaza de segunda. “Hay que destacar que el alimento obtenido del tren delantero no hace alusión a una menor calidad, sino a una textura un poco más dura, debido a que el animal utiliza esta área de forma funcional para desplazarse”.

Golpes y su consecuencia económica

Las contusiones están muy ligadas al bienestar animal y, en frigorífico, los inspectores técnicos los encuentran fácilmente. Las causan pueden ser multifactoriales, durante el manejo en el establecimiento, en el traslado a frigorífico, durante el embarque o desembarque, entre otros. Sin embargo, muchos productores no saben que incide directamente en sus bolsillos. “Cuando encontramos un animal que posee un golpe, según la gravedad del mismo, hay que limpiar y retirar esa zona golpeada. Hay veces que es tan profundo el golpe que ese corte de carne se descarta; por ende, no se puede exportar”.

En este sentido el bienestar animal juega un papel preponderante durante todo el ciclo productivo. “El animal debe ser cuidado desde el vientre materno hasta su llegada a frigorífico”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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