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Avanza la Utilización del Mapa Genético en Bovinos

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El especialista Horacio Guitou recordó que en los años 90 se logró hacer el primer mapa genético, y en el 2003 se estableció el genoma bovino completo, para la evaluación genómica que permitirá tener información del animal incluso antes de que nazca. 

Guitou habló en el marco de la Reunión Técnica del Secretariado Mundial Angus 2011, (WAS, por sus siglas en inglés), que se extenderá en la Argentina hasta el 15 de este mes.

Disertó en la conferencia «Presente y futuro de la evaluación genómica» junto con los norteamericanos Jerry Taylor (Universidad de Missouri)y Dorian Garrick (Universidad de Iowa).

«Hasta el momento (años 90) hacíamos genética sin trabajar con la molécula básica. Es decir, no trabajábamos con ADN. En cambio, ahora tenemos los marcadores moleculares, que básicamente son segmentos de ADN que podemos identificar y utilizar», dijo Guitou.

Para el experto, lo ideal es contar con población animal genotipable y buscar los SNP (Single Nucleotide Polymorphisms), para después avanzar sobre población más joven.

El científico argentino además opinó que cada país tiene que tener una población entrenada, ya que los resultados de los estudios no son la extrapolables de manera automática.

«Estamos empezando y estamos en la dirección correcta; tenemos mayor precisión para seleccionar animales jóvenes y garantizamos el desarrollo genético. El nuevo dato es el genotipado, que tiene que ser propiedad de las asociaciones de productores», concluyó.

Taylor hizo un análisis sobre la actualidad de la evaluación genómica en los Estados Unidos.

En este sentido, explicó la relación entre los DEP y los marcadores moleculares.

Afirmó que en cada cromosoma bovino hay aproximadamente 24 mil genes.

Luego de explicar cómo calcular los valores de la cría a partir de la evaluación genómica, recordó que hace un par de años los mismos productores se negaban a darle crédito a esa metodología para medir el valor de sus animales.

Mencionó un proyecto de investigación de 5 millones de dólares que financia el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, USDA, para medir valores genéticos que midan la efectividad alimentaria en los animales.

«La aparición de la evaluación genómica fue un impacto muy grande para el sector y la mayor competencia en el tiempo reducirá los costos del estudio», opinó.

Por su parte, Garrick explicó que anteriormente la evaluación genética se basaba casi exclusivamente en la información de pedigree y el rendimiento de los animales.

Hoy en día, en cambio, las asociaciones de criadores han comenzado a utilizar la información genómica.

«La promesa de la genómica es tener información del animal incluso antes de que éste nazca», sostuvo.

En tanto, la predicción genómica consiste en la evaluación de un animal mediante la suma de los valores genéticos de todos los fragmentos de cromosomas que heredó de sus padres.

Fuente: Agencias

 

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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