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El bambú: una excelente alternativa para la construcción de instalaciones pecuarias

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Este material se puede aplicar en la construcción de corrales y establos, ya que es ligero, resistente y económico. Estas son condiciones ideales para la construcción de establos, gallineros y corrales.

El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación de Guatemala (MAGA), dentro de los lineamientos estratégicos, sobre una nueva siembra para el agro del país centroamericano, considera altamente relevante facilitar el acceso a la infraestructura productiva, innovación, tecnología y servicios de apoyo a la producción animal. Este lineamiento se cumple a través del desarrollo de talleres relativos al manejo del Bambú desde el cultivo, corte, tratamiento de varas y su utilización a favor de la construcción de instalaciones pecuarias.

En los diversos talleres que han sido brindados por la entidad en referencia, especialmente por el Centro de Investigación y Transformación del Bambú, se han capacitado técnicos y profesionales de distintos campos como agricultores, comerciantes, artesanos, constructores y empresarios independientes, quienes enriquecieron sus conocimientos al adquirir nuevas habilidades y diferentes formas de trabajo con el bambú.

Las capacitaciones que brindan los técnicos del ministerio están encaminadas al cultivo, variedades, cosecha, sistemas de tratamiento y curado de las cañas, además de las técnicas de corte, tallado y ensamble de piezas para la elaboración de infraestructuras agropecuarias.

El conocimiento adquirido se aplica en la construcción de corrales y establos, ya que el bambú es ligero, resistente y económico. Estas son condiciones ideales para la construcción de establos, gallineros y corrales. También se puede utilizar como un sistema de sombra para el ganado, pues al sembrarlo en hileras se crean barreras naturales que proporcionen sombra y protección contra el viento.

Las condiciones climáticas de Guatemala, son ideales para el cultivo de bambú (como pasa también en otros países de América Latina), especialmente en la costa sur y las regiones con mayor humedad en el país. Su integración en la producción pecuaria ayuda a mejorar la sostenibilidad y rentabilidad del sector.

Existen muchas variedades de esta especie, las cuales proporcionan al mismo tiempo un ambiente seguro cuando se trata de temblores y terremotos, por lo que por el tema de seguridad también debe ser considerado en la construcción de instalaciones.

 

 

 

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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