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Las zeolitas mejoran la calidad del biogás hecho con estiércol porcino

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Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia obtuvieron un incremento del 45 % en la producción de metano y del biofertilizante resultante.

La bonanza del sector porcicultor en el país, y en especial en el Valle del Cauca, viene acompañada de un gran desafío: el manejo del estiércol porcino, o porcinaza. El uso de zeolita natural optimiza la producción y calidad del biogás obtenido a partir de dichos residuos, lo que le permitiría a los pequeños porcicultores contar energía de bajo costo para algunas actividades en sus granjas.

En los últimos años el sector porcicultor del país ha crecido de manera significativa: mientras en 2018 el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) reportó un censo de la población de porcinos cercano a los 5 millones de animales, en 2022 ya supera los 9 millones.

Uno de los departamentos con mayor crecimiento es el Valle del Cauca, que en 2018 tenía cerca de 400.000 animales y en 2022 promedia los 1,5 millones. El 60 % de la producción de cerdos en Colombia se concentra en Antioquia, Valle del Cauca, Meta, Cundinamarca y Córdoba.

Esta proyección del sector representa un gran desafío para los productores, y es el manejo del estiércol porcino, que constituye la principal fuente de emisión de gases de efecto invernadero –como el metano y el óxido nitroso– y está asociado con procesos de contaminación del agua y los suelos, malos olores, insalubridad y sanciones por incumplimiento de la normativa respecto a la disposición de residuos.

En Colombia, el estiércol se aplica directamente en tierras, se vierte en ríos o quebradas, se hace compostaje y se separan las fases líquida y sólida y posteriormente se seca al aire.

Sin embargo, la porcinaza oculta un gran potencial, y es su alto contenido de metano, un gas considerado como fuente importante de energía renovable. Este se produce mediante digestión anaeróbica, proceso en el que los microorganismos descomponen material orgánico en ausencia de oxígeno.

Las zeolitas son un grupo de minerales de origen natural capaces de absorber la humedad y captar contaminantes en agricultura, por lo que se emplean en tratamientos de aguas, filtración y otras aplicaciones ecológicas y sostenibles. Aprovechando estas cualidades, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira obtuvieron un incremento del 45 % en la producción de metano y del biofertilizante resultante.

“Sobre la obtención de energía, se logró un rendimiento de 60 m3 de metano por tonelada de porcinaza”, afirma la ingeniera ambiental Rosa Cecilia Ruiz, candidata a doctora en Biotecnología en la UNAL Sede Medellín y una de las investigadoras, junto con el estudiante Andrés Ochoa, de la Maestría en Gestión y Desarrollo Rural.

¿Cómo se adelantó la investigación?

La etapa experimental se desarrolló en el Laboratorio de Investigaciones Ambientales de la UNAL Sede Palmira, y después, con el apoyo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), se pasó a la etapa piloto. En una de sus plantas se evaluó la estrategia del uso de zeolita en la digestión anaerobia de la porcinaza en una granja de ciclo completo.

La profesora Luz Stella Cadavid, directora de la investigación en la UNAL Sede Palmira, señala que “la digestión anaerobia es un método efectivo para tratar el estiércol porcino. El trabajo ha aportado una alternativa técnica para reducir el nitrógeno amoniacal y aprovechar la producción de biogás”.

Menciona además que el alto contenido de nitrógeno de estos desechos genera fuertes concentraciones de nitrógeno amoniacal en el proceso de digestión, lo que reduce de manera considerable el rendimiento de la digestión anaerobia.

Energía circular en el sector porcicultor

La energía circular resulta del proceso de convertir el estiércol de la población porcina en biocombustible y en fertilizante natural.

“Es la mejor forma para que los residuos porcinos no contaminen”, asegura Ary Mauricio Burbano, profesional en Cambio Climático de la Asociación Porkcolombia, gremio de productores de carne de cerdo del país que participa en el proyecto y busca masificar este biocombustible en las granjas productoras.

En el territorio nacional, el 80 % de los predios son granjas de traspatio o pequeños sistemas de producción –la mayoría de emprendimiento familiar– y el 20 % son granjas tecnificadas que concentran alrededor del 90 % de la producción porcícola nacional. En el Valle del Cauca existen 1.936 predios dedicados a esta actividad, de los cuales solo el 8 % están tecnificados y aportan el 80 % de la producción porcícola del departamento.

La investigación forma parte del proyecto de regalías “Investigación y desarrollo experimental de un modelo sostenible de generación de biocombustibles y productos de valor agregado a partir de residuos agrícolas y agroindustriales (biomasa residual) en la industria porcícola en el Valle del Cauca”, financiado por la Gobernación del Valle del Cauca y aprobado por el Consejo Departamental de Ciencia, Tecnología e Innovación del departamento.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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