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Venezuela: Se produce 45% de la carne y 40% de los lácteos que se necesitan

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Armando Chacín, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela –Fedenaga-, destacó que “la dolarización logró que el rebaño nacional tuviera un repunte de entre 7 u 8 % y estimamos estar en casi 11 millones de animales”.

Asimismo, resaltó que el desabastecimiento observado en años anteriores se logró controlar en 2021. “En ningún momento se notaron carnicerías sin productos”.

“Mataderos internacionales marcaron alrededor de 6 kilos, yo creo que los hemos rebasado, en la matanza creo que estamos alrededor de 10 kilos de carne de res, de bovino entre búfalo y vacuno, en otras especies debemos estar sobre 26 kilos de carne al año per cápita”, precisó en entrevista con María Isabel Párraga en el programa A Tiempo de Unión Radio.

“Estamos aquí todavía produciendo alrededor de 45 % de la carne y 40 % de los lácteos que se necesitan anualmente”, detalló.

Agregó que ahora hay consumo, “nadie ha reportado que no hay carne o lácteos, el tema de la oferta y la demanda está funcionando perfectamente bien en los precios”.

Ratificó que los precios bajan y cuando hay necesidad vuelven a subir, creemos que el mercado está funcionando excelentemente bien”.

No obstante, señaló que lo que más preocupa al gremio es que para crecer hace falta más inseguridad jurídica. “Preocupa cuando el Presidente de la República hace un anuncio de un millón de hectáreas para Irán y en Barinas tenemos productores agropecuarios que les encerraron el ganado en los corrales y un grupo de invasores de oficio, no le dejaron ni comer ni beber agua, atentando contra la seguridad agroalimentaria”.

“Estamos a la espera de que el gobierno nacional se pronuncie, es ilógico que cuando no hemos resuelto el tema del conflicto de tierras en Venezuela, busquemos más ingredientes para agravarlo. Hacemos un llamado al Ejecutivo nacional para que discutamos el asunto”, enfatizó.

Combustible

En cuanto a la escasez de combustible, señaló que existen algunos estados con graves problemas de suministro. “No estamos pidiendo combustible para bachaquear, ni para pasarlo a otros países, lo estamos pidiendo para producir alimentos que se necesitan”.

Advirtió que los productores pagan el combustible a precios internacionales, pero “es inviable y no hay manera de que el consumidor final no se resienta”.

Agregó que otro punto es la falta de financiamiento para el sector, pero apuntó que igualmente es “inviable”. “Hay una sensación que hay crecimiento y mejora económica, muchos productores agropecuarios hicieron esfuerzos con sus pequeños ahorros para crecer, pero ya nos quedamos sin pulmones”.

Anunció que esta semana se reunirán con autoridades del ministerio de Agricultura y Tierras y de Relaciones Exteriores con el tema de seguridad que hemos avanzado bastante bien”.

Asimismo, conversarán sobre el tema del millón de hectáreas de tierras que el Ejecutivo ofreció a Irán.

Sobre las Zonas económicas Especiales –ZEE– puntualizó que se requiere llevar el ganado a otros estados para la matanza y no vemos cómo resolver este problema y cómo vamos a ser afectados, “Hay un desequilibrio entre un estado y otro”.

“El tema de las ZEE lo estamos analizando con profundidad, pero creemos que no va a ser completamente beneficioso para todos los productores agropecuarios, creo que todo el país debería ser una zona especial en el tema económico”, remató.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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