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USDA prevé menor producción de carne de res en la Unión Europea durante 2027

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El USDA prevé que la producción de carne de res de la Unión Europea disminuya en 2026 y 2027, debido a la reducción del hato bovino, los elevados costos de producción y una mayor presión sanitaria y regulatoria.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) prevé que el hato bovino de la Unión Europea (UE) continúe reduciéndose durante 2026 y 2027, debido a los elevados costos de producción, mayores exigencias regulatorias y la propagación de enfermedades animales.

En paralelo, el sector porcino enfrenta una reestructuración tras la detección de Fiebre Porcina Africana (FPA) en España a finales de 2025, con efectos sobre los flujos comerciales y los precios.

El hato bovino comunitario mantiene una tendencia descendente desde 2017, con una reducción promedio cercana a un millón de cabezas por año. En 2025 se ubicó en 71.6 millones de animales, 1.05 millones menos que el año anterior.

A esta situación se suma la expansión de enfermedades como la Fiebre Catarral Ovina, la Dermatosis Nodular Contagiosa y la Fiebre Aftosa, que afectan la productividad y limitan el comercio de ganado vivo.

Menor disponibilidad de carne de res

El organismo estadounidense estima que el sacrificio bovino disminuirá 2.5 % en 2026, hasta 21.03 millones de cabezas, y otro 0.38 % en 2027, hasta 20.95 millones. El hato, por su parte, descendería a 71.4 millones de animales.

La producción de carne de res se situaría en 6.34 millones de toneladas en 2026 y 6.3 millones en 2027. El incremento de los pesos medios de las canales compensaría parcialmente la menor cantidad de animales enviados a sacrificio.

Las importaciones también se verán afectadas. Durante el primer semestre de 2026 aumentaron 17.5 %, impulsadas principalmente por un incremento de 56 % en las compras procedentes de Brasil. Sin embargo, desde el 3 de septiembre entraron en vigor las nuevas reglas comunitarias sobre antimicrobianos para productos de origen animal procedentes de terceros países.

En 2025, según las cifras proporcionadas en el informe del USDA, la UE importó 130 mil toneladas de carne de res brasileña, equivalentes al 28 % de sus compras totales. Ante las nuevas restricciones, el USDA prevé que las importaciones comunitarias bajen a 480 mil toneladas en 2026 y a 400 mil en 2027.

La FPA reconfigura el mercado porcino

El panorama para el sector porcino es diferente. El inicio de 2026 estuvo marcado por un aumento del hato reproductor en varios de los principales países productores, después de los resultados económicos favorables de 2025. Esto llevó a que el sacrificio porcino creciera 1.44 % durante el primer semestre.

Sin embargo, la detección de FPA en España provocó restricciones a las exportaciones y generó un excedente de carne de cerdo dentro del mercado comunitario. El USDA señala que este fenómeno presionó a la baja los precios de los lechones y las canales.

Se estima que el sacrificio porcino comunitario crecerá 0.36 % en 2026, hasta 230.5 millones de cabezas, antes de caer 0.52 % en 2027, a 229.3 millones. El hato reproductor disminuiría hasta un mínimo histórico de 129 millones de animales.

La producción de carne de cerdo aumentaría 0.48 % en 2026, hasta 22.12 millones de toneladas, pero bajaría a 22 millones en 2027, lo que representaría la primera reducción anual desde 2023. España, Francia, Alemania, Países Bajos y Hungría concentrarían parte de los recortes.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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