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Uruguay: Perciben Menos Inversión en Pasturas para la Ganadería

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A raíz de las dificultades que atraviesan los productores en la zona noreste del país, están disminuyendo sus inversiones en la producción de comidas para alimentar los rodeos, «con el fin de ajustar sus números y no quedar más endeudados aún», destacó el presidente de la Sociedad Agropecuaria de Cerro Largo, Martín Uría.

La situación económica en la que se desenvuelven las empresas agropecuarias en ese departamento sigue muy complicada, se trabaja sin márgenes y como consecuencia existe una gran incertidumbre.

Es muy clara la actitud de esos productores en procura de «no empeorar sus cuentas», porque hay incertidumbre a raíz de los costos excesivos que tienen en sus explotaciones, explicó el dirigente.

«Todos esperan que se produzca algún cambio que permita mirar hacia delante, dijo Uría

Según Uría, parece que «todos esperan que algo pase, que se produzca algún cambio que permita mirar hacia delante con mayor certidumbre». «Ocurre que no hay estímulos para producir bien si los números siguen siendo negativos».

Por ejemplo, indicó, han bajado considerablemente las inversiones en praderas y verdeos para alimentar los rodeos ganaderos, lo cual refleja la situación de incertidumbre que se vive hoy en este sector.

Al ser consultado, el dirigente dijo que no existe un relevamiento sobre el tema, que es la percepción que se tiene en la gremial en las conversaciones casi a diario que se mantienen con los productores de la zona y especialmente con empresas que se dedican al abastecimiento de insumos en Cerro Largo, quienes informan precisamente que ha bajado notoriamente la venta en ese rubro.

Uría manifestó que esa situación incidirá en la buena disponibilidad de alimentos para el ganado en los próximos meses, si bien se venía trabajando con una buena superficie de áreas mejoradas, pero «igualmente es claro que esto repercute en el futuro y sobre todo en el espíritu de trabajo».

Nadie está trabajando con fuerza y empujando

«Se está trabajando con el freno de mano puesto», dijo gráficamente el dirigente, «tratando de gastar lo menos posible para bajar los costos y así no quedar expuestos a cualquier variación que pueda tener el mercado. Es la realidad. Nadie está trabajando con fuerza y empujando. Eso es lo que percibimos y que nos trasmiten los productores en nuestra gremial».

Recordó que el gran problema que enfrentan los productores es el costo interno que tiene el país, que está determinado por varios factores, sobre todo el costo energético, «donde el precio de la electricidad y de los combustibles son los más importantes,» sostuvo el dirigente. Además incide como una perspectiva incierta la posibilidad de cambios impositivos, añadió.

Con freno de mano

La menor actividad económica con la cual los productores atienden sus explotaciones se refleja nítidamente en los departamentos donde se depende básicamente de la producción agropecuaria, destacó a El Observador el presidente de la Sociedad Agropecuaria de Cerro Largo, Martín Uría.

Principalmente en esos departamentos se empieza a sentir esa menor dinámica económica a nivel de comercios y del empleo. Por eso se ven las perspectivas poco favorables en este sector, porque el sector está frenado para invertir, dijo Uría

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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