Noticias Internacionales

Uruguay en Busca de Mercados en Medio Oriente y Norte de África para su carne

Publicado

en

(1.090 lecturas vistas)

COMPARTIR

El Instituto Nacional de Carnes (INAC) del país austral señaló que el Medio Oriente y Norte de África (MENA, por sus siglas en inglés) es una región de interés ya que está compuesta por 20 países: Argelia, Bahréin, Yibuti, Egipto, Irán, Iraq, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Marruecos, Omán, Catar, Arabia Saudita, Siria, Túnez, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Palestina y Yemen.

Esta región es atractiva porque importa alrededor de 3,4 mil millones de dólares de carne vacuna anuales desde 2010 e impone aranceles por defecto promedio menores al 5 %, sin cuotas.

A pesar de tener habilitaciones sanitarias para exportar a varios países de esta región, Uruguay sólo mantiene un flujo exportador relevante con Israel.

Con casi 500 millones de habitantes y un Producto Interno Bruto (PIB) de 3,65 billones de dólares, esta región representa el 6 % de la población mundial y 4,5 % del PIB mundial.

El MENA muestra una tendencia creciente en el ingreso disponible por habitante y un proceso de urbanización y occidentalización en aumento. Esto impacta en su dieta y patrón importador. Estos fenómenos son más notorios en los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) como son Bahréin, Kuwait, Omán, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

Algunas características de mercado posicionan al MENA como una gran oportunidad para la colocación de carne bovina y ovina de Uruguay, entre las que se destacan que en 2020, la importación de carne vacuna alcanzó los 3.380 millones de dólares y 845 mil toneladas aproximadamente. Esto ronda el 9 % del comercio internacional en valor.

Por su parte, la importación de carne ovina del MENA representa el 12 % del comercio mundial. En cuanto a los precios por tonelada de carne bovina importada en 2020, el valor promedio de la carne enfriada sin hueso fue de 5.900 dólares, mientras que el de la congelada sin hueso fue de 4.000 dólares. La carne ovina se importó a un promedio de 5.800 dólares por tonelada.

En términos arancelarios, los importadores más relevantes en valor imponen un arancel por defecto para la carne bovina congelada sin hueso que ronda el 5 %. Para la enfriada sin hueso, la mayoría de los importadores tienen aranceles cercanos a 0 %. Los aranceles tampoco son restrictivos para el caso de la carne ovina: los principales importadores presentan un arancel menor al 5 %.

Como referencia, el arancel por defecto que Uruguay paga en China por exportar carne bovina es de 12  %. En estos mercados no se manifiesta uno de los problemas que la cadena cárnica uruguaya padece más frecuentemente: la falta de preferencias comerciales.

Uruguay colocó carne bovina por un valor de 52 millones de dólares y 11 mil toneladas a esta región en 2020. El principal socio comercial fue Israel, que adquirió el 97 % de este flujo en valor.

Esta proporción se mantiene en el presente año, en enero se destacan las exportaciones uruguayas de carne bovina a Arabia Saudita por 20 toneladas. También se exportó carne bovina al Líbano por 13 toneladas.

A pesar de tener la habilitación sanitaria, Uruguay no mantiene flujos relevantes con importadores atractivos como Emiratos Árabes Unidos, Catar o Kuwait.

Cabe mencionar que la mayor parte de los países del MENA tienen poblaciones de mayoría musulmana. Esto implica la necesidad de certificación Halal para exportar carne bovina a varios de ellos.

Leer más
Click para comentar

Deja un mensaje

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias Internacionales

México, Centroamérica y el IICA inician estrategia contra el gusano barrenador del ganado

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Ecuador fortalece el control para garantizar la inocuidad de la leche en su territorio

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

Publicado

en

COMPARTIR

En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

Leer más

Tendencia