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Un Tratamiento de la Mastitis Bovina que llega desde los Crustáceos

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Investigadora argentina Verónica Felipe tras cinco años como becaria del Conicet (principal organismo dedicado a la promoción de la ciencia y la tecnología en la Argentina), presentó los resultados de su tesis de doctorado en la que plantea un tratamiento para la Mastitis Bovina, a partir de un polisacárido extraído de langostinos y camarones.

Verónica Felipe comenzó a cursar el Doctorado en Ciencias Biológicas allá por el año 2010, gracias a una beca interna doctoral del Conicet. Este año después de defender su tesis, se convirtió en doctora, pero además de eso, es la primera egresada de la carrera de Ingeniería Agronómica de la Universidad Nacional de Villa María (provincia de Córdoba – Argentina), que alcanza ese título en el escalafón académico. En 2010, también Verónica era la primera becaria del Conicet que tuvo el Instituto de Ciencias Básicas y Aplicadas de la UNVM.

Durante cinco años, la ahora flamante doctora cursó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba, comentó acerca de qué trato su tesis.

“El trabajo central consistió en aislar bacterias presentes en las glándulas mamarias bovinas de animales con mastitis y evaluar si las mismas tenían la capacidad de generar biofilm, que se definen como una comunidad de microorganismos que viven protegidos por una estructura y, se ha propuesto que esta forma de vida las protege, lo cual podría ser la causa actual de la dificultad para erradicarr las infecciones intramamarias con antibióticos”, contó Felipe.

Para evaluar la capacidad de formación de biofilm de las bacterias se tomaron muestras de leche de bovinos de diferentes establecimientos de la región y luego de su aislamiento se trabajó con bacterias del género de Staphylococcus (Staphylococcus aureus y Staphylococcus coagulasa-negativos) ya que estas bacterias son las más frecuentes, aisladas en animales con mastitis a nivel nacional y mundial y en principio, la investigadora encontró que todos los organismos aislados poseían esta capacidad para formar biofilm.

El Quitosano en Acción

Ante ese primer diagnóstico, Felipe avanzó un poco más: “A partir de ahí, lo que se planteó fue evaluar la actividad antimicrobiana del polisacárido quitosano (también llamado chistosán) y también si dicho compuesto presenta efecto inmunoestimulante sobre la glándula mamaria bovina. Quitosano es un polímero que se obtiene por deacetilación de la quitina (segundo polisacárido más abundante de la naturaleza que se obtiene de forma comercial del exoesqueleto o cáscaras de los crustáceos como los camarones y langostinos) y presenta importantes propiedades biológicas”.

Siguiendo con el trabajo, explicó: “La idea era probarlo como antimicrobiano tanto en cultivos bacterianos de crecimiento libre como también en aquellos que crecen adheridos, formando biofilm”. El resultado fue que “el quitosano tiene efecto antimicrobiano sobre las dos formas de vida de las bacterias”.

Por otra parte, la doctora comentó: “Después se probó al quitosano como inmunoestimulante, en el tejido de la glándula mamaria bovina. Para ello, se realizaron estudios in vitro e in vivo”. Y agregó: “Los estudios in vitro se realizaron sobre la línea celular MAC-T (células epiteliales de gándula mamaria bovina), mientras que los estudios in vivo, se realizaron con animales del tambo experimental del INTA de Rafaela”.

Felipe contó el resultado: “Tanto en un caso como en otro, se observó que el polisacárido quitosano aumenta la respuesta inmunológica”.

Por esto, la investigadora concluyó: “Las bacterias que producen mastitis pueden formar biofilm y quitosano podría ser un posible candidato para el control y tratamiento de infecciones intramamarias producidas por estas bacterias ya que dicho compuesto presentó actividad antimicrobiana sobre estas bacterias y actividad inmunoestimulante en glándula mamaria bovina”.

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Foto. Verónica Felipe trabajó en los laboratorios de la UNVM y formó parte de una cátedra de Medicina Veterinaria

El Apoyo a la Investigación

Durante sus cinco años de tránsito por el doctorado, Verónica estuvo acompañada por la directora de su tesis, la doctora Carina Porporatto y por la doctora Carolina Morgante. Asimismo, destacó: “Fue muy importante sentir el acompañamiento de las autoridades, docentes, no docentes y compañeros de la UNVM como también de mi familia, por lo que considero que este logro es compartido. Y también es un logro de todos los argentinos ya que contribuyen, a través de sus aportes, al desarrollo científico nacional y de allí las becas, los subsidios y los fondos para investigación”. Felipe también resaltó: “Cuando empecé el doctorado, la universidad tenía una estructura muy pequeña, hoy cuenta con laboratorios de alta infraestructura y tecnología para realizar investigación de excelencia”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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