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Un Mecanismo Químico del Pasto Brachiaria ayudaría a Frenar el Cambio Climático

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En una serie de documentos que se presentarán la próxima semana, un equipo de científico ofrece una nueva evidencia de que un potente mecanismo químico en funcionamiento en las raíces de una hierba tropical, la Brachiaria, que se utiliza para la alimentación del ganado tiene un enorme potencial a la hora de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. 

Conocida como «inhibición biológica de la nitrificación» o BNI, en sus siglas en inglés, el mecanismo reduce notablemente la conversión del nitrógeno aplicado al suelo como fertilizante en óxido nitroso, según los documentos preparados para el 22º Congreso Internacional de Pastizales. El óxido nitroso es uno de los gases de efecto invernaderos más poderosos y agresivos, con un potencial de calentamiento global de 300 veces el del dióxido de carbono.

«El óxido nitroso representa aproximadamente el 38 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto invernadero en la agricultura, lo que supone casi un tercio del total de las emisiones en todo el mundo», subrayó Michael Peters, líder de la investigación en forrajes en el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT, en sus siglas en inglés), con sede en Colombia. «BNI ofrece lo que podría ser la mejor apuesta de la agricultura para mantener el cambio climático dentro de límites manejables», aseguró.

Científicos del CIAT y el Centro de Investigación Internacional para las Ciencias Agrícolas (JIRCAS, en sus siglas en inglés), en Japón, han colaborado en la investigación del proceso BNI durante los últimos 15 años. «Este enfoque ofrece enormes posibilidades de reducir las emisiones de óxido nitroso y la lixiviación [extracción de un líquido a través de un sólido] de los nitratos contaminantes en el suministro de agua, mientras que también aumentan los rendimientos de los cultivos mediante un uso más eficiente de los fertilizantes de nitrógeno», dijo GV Subbarao, científico senior en JIRCAS .

Como resultado de los avances recientes, los científicos han desarrollado los medios para explotar el fenómeno BNI a gran escala. Los investigadores del CIAT han encontrado maneras de aumentar BNI mediante el fitomejoramiento en diferentes especies de pastos Brachiaria y, entre esas nuevas técnicas, están métodos para cuantificar rápidamente BNI en Brachiaria junto con marcadores moleculares, que reducen el tiempo necesario para las pruebas de campo.

Los investigadores también han reunido pruebas de que el cultivo de maíz plantado tras pastos de ‘Brachiaria humidicola’ dieron rendimientos aceptables con sólo la mitad de la cantidad de fertilizante de nitrógeno del utilizado normalmente, debido a que se mantuvo más de nitrógeno en el suelo, reduciendo así las emisiones de óxido nitroso y la lixiviación de nitratos. Los investigadores determinaron que BNI había aumentado la eficiencia del uso del nitrógeno por un factor de 3,8.

Además, los expertos han desarrollado híbridos de ‘Brachiaria humidicola’, que han entregado, con el apoyo del gobierno alemán, a los agricultores de Colombia y Nicaragua para probar su productividad y calidad. Estos híbridos de la hierba han aumentado la producción de leche y de carne en varios órdenes de magnitud en comparación con los pastos de sabana nativa, y, por lo menos un 30 por ciento frente a los cultivos de hierba comercial.

«La producción ganadera proporciona medios de vida a millones de personas pero también contribuye a la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero de la agricultura», alertó Peters, para quien BNI es una tecnología rara con una «triple victoria», ya que resulta positiva para los medios de vida rurales, el medio ambiente mundial y el clima.

«El problema es que los sistemas de cultivos y de ganado de hoy tienen muchas fugas –dijo Subbarao–. Alrededor del 70 por ciento de los 150 millones de toneladas de fertilizantes nitrogenados aplicados a nivel mundial se pierden por lixiviación de los nitratos y las emisiones de óxido nitroso, por lo que el fertilizante perdido tiene un valor anual estimado de 90.000 millones de dólares [67.731 millones de euros]».

Por ello, el científico del CIAT Idupulapati Rao afirmó que BNI tiene «enormes posibilidades» de reducir las fugas de nitrógeno. «Los pastos de las praderas son el mayor uso que se hace de las tierras agrícolas, con 3.200 millones de hectáreas de un total mundial de 4.900 millones.

Sólo en Brasil, 11 millones de hectáreas de pastizales se han dedicado a la producción de maíz y soja y entre 35 y 40 millones pueden ser destinados a la producción de cultivos en un futuro cercano. En lugar de más monocultivo, los países en desarrollo deben integrar pastos Brachiaria en los sistemas agropecuarios mixtos a gran escala para que sean más sostenibles», argumentó.

Brachiaria, Originaria del África Subsahariana 

Originarios del África subsahariana, los pastos Brachiaria llegaron a América del Sur hace siglos, posiblemente como ropa de cama en barcos de esclavos. Variedades mejoradas de la hierba son ampliamente cultivadas en tierras de pastoreo en Brasil, Colombia y otros países y, recientemente, se han llevado de vuelta a África para ayudar a aliviar la grave escasez de alimento para el ganado.

En un avance importante, los científicos de JIRCAS descubrieron hace varios años la sustancia química responsable de BNI y desarrollaron un método fiable para detectar el inhibidor de la nitrificación procedente de raíces de las plantas. A continuación, los científicos en el CIAT validaron el concepto BNI en el campo, lo que demuestra que la hierba Brachiaria suprime la nitrificación y emisiones de óxido nitroso, en comparación con la soja, que carece de esta capacidad.

Otras investigaciones han demostrado que los pastos de Brachiaria capturan grandes cantidades de carbono en la atmósfera, en una escala similar a la de los bosques tropicales, un plus adicional para la mitigación del cambio climático. «Nuestro trabajo en BNI comenzó con una observación de campo realizada por uno de nuestros científicos en la década de 1980, cuando no era más que un sueño –dijo Peters–. Pero ahora es un sueño con un plan de acción y logros científicos sólidos detrás de él».

La investigación sobre BNI forma parte de una iniciativa más amplia denominada LivestockPlu , que se propone obtener mayores beneficios para los pobres y el medio ambiente a través de investigación innovadora sobre gramíneas y leguminosas tropicales.

LivestockPlus tiene lugar dentro del marco global del Programa de Investigación del CGIAR sobre Ganadería y Pesca, dirigido por el Instituto Internacional de Investigación Pecuaria con sede en Kenia (ILRI) con el fin de aumentar la disponibilidad y asequibilidad de carne, leche y pescado para los consumidores pobres y aumentar los ingresos de los pequeños agricultores que producen estos productos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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