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Técnica pionera para el rápido diagnóstico de enfermedad respiratoria bovina

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La prueba para detectar enfermedades respiratorias bovinas puede ahorrar millones a la industria ganadera y reducir el uso de antibióticos.

La enfermedad respiratoria bovina, o BRD por sus siglas en inglés, es responsable de la mitad de todas las muertes de ganado causadas por enfermedades en América del Norte y le cuesta a la industria de la carne de res 900 millones de dólares al año. Además, varias cepas de bacterias y virus pueden causar la enfermedad, lo que dificulta su tratamiento eficaz.

Para ayudar en el diagnóstico de la enfermedad, un equipo de investigadores ha desarrollado una prueba que permite la detección en la propia granja en un corto periodo de tiempo.

“Algunas de las bacterias que causan la BRD se han vuelto resistentes a ciertos antibióticos”, explica Mohit Verma, quien dirigió la investigación. “Desafortunadamente, debido a que la prueba estándar puede tardar varios días en proporcionar un resultado, los ganaderos deben tratar al ganado antes de conocer el patógeno responsable. Esto puede llevar al uso de un antibiótico ineficaz o al uso excesivo de antibióticos «.

La tecnología creada por el equipo de Verma puede identificar tres cepas de bacterias entre las cuatro principales que causan BRD: Pasteurella multocida, Mannheimia haemolytica e Histophilus somni.

Para llevar a cabo la técnica, el autor explica que con un hisopo nasal se recolecta la muestra necesaria y el hisopo se coloca en un pequeño frasco con los correspondientes cebadores y reactivos desarrollados por el equipo, que sirven como biosensores para las bacterias. El vial y su contenido se calientan para permitir las reacciones químicas. “Si la bacteria para la que está diseñada la prueba está presente, la prueba cambia de color”, asegura.

La tecnología analiza el ADN de las bacterias y utiliza un método de amplificación de ácido nucleico llamado amplificación isotérmica mediada por bucle o LAMP. Cuando el ADN bacteriano está presente, LAMP lo amplifica. A medida que aumenta el nivel de ácido nucleico, cambia el pH del ensayo, lo que desencadena el cambio de color.

Asimismo, sobre las ventajas de LAMP sobre otros métodos, Verma señala que no requiere extracción y procesamiento de las muestras, lo que puede ser largo y costoso, y produce resultados en menos de una hora. Además, “los resultados de la prueba coincidieron con los de una reacción en cadena de la polimerasa, o PCR, entre el 60 % y el 100 % de las veces”.

TIRAS REACTIVAS PARA DISTINTAS ENFERMEDADES

El siguiente paso en la investigación para poner la tecnología en manos de veterinarios y ganaderos es desarrollar tiras reactivas de papel. Estas tiras podrían incluir múltiples reactivos, de modo que una tira podría identificar la presencia de varios patógenos diferentes. También planean aplicar el mismo enfoque a las pruebas para otras enfermedades infecciosas en vacas y cerdos, e investigar el potencial para detectar la contaminación de los alimentos.

“Esta plataforma es muy versátil. Solo necesitamos cambiar la matriz que estamos usando, desarrollar nuevos cebadores y reactivos, para diferentes patógenos. Estamos trabajando para aplicar nuestra tecnología para abordar otros problemas de salud y creemos que tiene potencial para la detección rápida de nuevos virus para ayudar a prevenir pandemias globales”, celebra Verma.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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