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Startup Israelí crea Dron para pastorear ganado y camellos

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Dos ganaderos israelíes crearon una tecnología para ahorrar tiempo y mano de obra en la dura tarea de criar animales en el campo.

Una de las imágenes más emblemáticas del Salvaje Oeste de EEUU es la de algún vaquero pastoreando su ganado en una extensa llanura.

Bien, Noam Azran es una versión israelí del clásico vaquero estadounidense. Es un apasionado ranchero que vive en la Alta Galilea pero que está dispuesto a renunciar al romanticismo de la pradera infinita para adoptar una tecnología que reducirá sus costos de pastoreo y le dará tiempo para estar con su familia.

BeeFree Agro, la compañía de Azran, desarrolla la solución “Joe”, un sistema autónomo de drones denominada como el primero en su tipo. Una especia de “clic y pastoreo” o “servicio de vaquero”.

Azran, que junto a su socio Dvir Cohen se encontraban en Dubái mostrando su tecnología en Gitex, una de las únicas conferencias tecnológicas presenciales que se llevaron a cabo durante la pandemia.

Dubái fue clasificado como “país verde” durante la semana de la conferencia debido a su número relativamente bajo de infecciones por COVID-19.

El enfoque principal de BeeFree Agro es el uso de drones para ayudar a pastorear ganado, pero los emiratíes se interesaron en algo diferente: los camellos.

“Tienen un problema con los camellos ya que cruzan la carretera y la gente choca con ellos. Con algunos ajustes, descubrimos que nuestro sistema también puede pastorear a este tipo de animales”, dijo Azran.

La empresa consiguió el cuarto lugar en la competencia Supernova de startups de la convención Gitex y ganó premio de 32.000 shekels (10.000 dólares).

Un dron como perro pastor

Azran y Cohen ya venían usando drones desde hace algunos pero principalmente para asegurarse de que los bebederos estuvieran llenos de agua y las cercas estuviesen levantadas.

Pero notaron que las vacas se alejaban de los drones y se preguntaron si estos también podrían usarse para arrear el ganado, que siempre está alerta a los depredadores.

Así, cuando se acerca un caballo o un perro, instintivamente responden alejándose porque, según Azran, no ven ninguna diferencia entre un perro pastor, un vaquero o un dron.

“El ganado responde al movimiento del dron más que al sonido aunque a veces añadimos ladridos. Lo que importa es que los movemos con la menor cantidad de estrés posible. Si tratamos de asustar a las vacas sólo crearemos un desastre”, manifestó el empresario.

En 2014, Azran y Cohen lanzaron un prueba piloto con su propio ganado. “Pasamos de tener que contratar a dos o tres personas en el rancho a ser solo nosotros dos y en vez de trabajar hasta 18 horas al día, pudimos hacerlo entre 10 y 12 cada jornada”, indicó Azran.

Azran y Cohen se sentían ansiosos de mostrar a sus colegas ganaderos lo que habían desarrollado. Cuando lo hicieron , les encantó aunque eran vaqueros y no especialistas en tecnología.

“Conseguir que se conviertan en pilotos de drones profesionales no fue la solución. Nos dimos cuenta de que si íbamos a comercializar esto necesitábamos crear un sistema autónomo”, definió el vaquero moderno.

Todo con una aplicación

El sistema Joe está controlado por una aplicación móvil que pilotea el dron por el campo para explorar las rutas de pastoreo más eficientes. Luego solo resta hacer un clic para lanzar el dron.

Las cámaras en el dron dan una transmisión de video en vivo a la aplicación para que el ganadero sepa lo que está sucediendo en tiempo real. Las vacas (o camellos en el caso de Dubái) deben tener etiquetas GPS adjuntas para que el sistema pueda rastrearlas.

Estas etiquetas también juegan un papel preventivo. “Si hay un comportamiento anormal en una manada, si se acerca un depredador o alguien está tratando de mover a los animales a donde no deberían estar, el ganadero recibirá una notificación y puede enviar un dron para conseguir imágenes de video que le mostrarán quién está jugando con sus animales”, explicó Azran.

BeeFree Agro solo crea el software ya que el sistema está diseñado para funcionar en cualquier tipo de hardware de drones disponible en el mercado. De hecho, la empresa usa el dron DJI Mavic Enterprise 2 hasta ahora.

Los drones pueden volar hasta cinco kilómetros y uno solo puede mover hasta 1.000 cabezas de ganado. Además no tienen que permanecer en el aire todo el día.

De acuerdo con Azran, “los animales están bien solos la mayor parte del tiempo por lo que el dron puede salir y verificar de forma periódica la infraestructura para ver si las vallas están levantadas”.
El empresario añadió que mover una manada toma entre una y tres horas, dependiendo del tamaño de esta y del terreno.

El sistema de drones de BeeFree Agro no reemplaza por completo a los vaqueros. “Ningún ganadero querrá trasladar a una manada cuando no esté allí. Lo que hacemos es darles la capacidad de mover sus animales con un solo vaquero en lugar de cinco con caballos y perros. No estamos tratando de desconectar al ranchero de su tierra”, enfatizó.

Para Azran, reducir el número de ganaderos humanos es importante por otra razón: “Hay una escasez de mano de obra calificada en esta industria. La generación más joven, que se supone que continuará este proceso, está abandonando el campo. No quieren las jornadas de 18 horas”.

Objetivo: el Estado de Texas

Después de Israel, el primer mercado internacional de BeeFree será Texas, hogar del 10 por ciento de todo el ganado de EEUU.
Además, BeeFree apunta a tener entre 10 y 20 programas piloto en todo el mundo en 2021.

El mercado mundial de ganado vacuno se estima en unos 700 millones de cabezas de ganado.

¿Por qué Joe? El nombre proviene del perro pastor favorito de Azran y Cohen. “Joe muestra todas las características de un buen amigo pastor: es inteligente, leal, sigue órdenes, es autónomo y rápido”, señaló Azran.

Al menos por un tiempo, los socios renunciaron a la vida ganadera para pasar a ser empresarios de tecnología. En enero del año pasado recaudaron unos 640.000 shekels (200.000 dólares), incluida una subvención de la Autoridad de Innovación de Israel y se mudaron a una oficina en Rosh Pina.

“La mayor parte de mi vida ha sido a caballo y con animales. Me casé en el rancho, los hijos de Dvir nacieron allí… Ahora nos toca salir al mundo en lo que es una experiencia muy diferente. Pero estamos totalmente comprometidos con esto ya que es algo”, declaró Azran.

Mientras aún eran ganaderos, Joe ayudó a Azran y Cohen a reducir los costos laborales en un 50 por ciento pero aún más que eso: les dio algo que puede ser menos cuantificable pero igualmente valioso. “Conseguimos más tiempo para estar con las familias y somos más felices porque tenemos una vida más saludables. Puedo irme a dormir por la noche sabiendo que mis animales están bien, y que si pasa algo, recibiré una notificación y tendré las herramientas para intervenir”, detalló el vaquero 2.0.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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