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Rosalía Inta: Un Forraje Resistente a las Sequías Producido en Argentina

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Con un rendimiento de materia seca 5% superior a otras variedades y resistente a sequías, la unidad Pergamino del INTA obtuvo este material con gran potencial productivo.

Alta producción de forraje, calidad de materia seca y óptimo comportamiento ante condiciones de estrés hídrico son las notas que distinguen a Rosalía INTA, una nueva variedad de cebadilla criolla inscripta recientemente en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares del INASE en Argentina.

Se trata de un cultivo con enormes posibilidades en sistemas intensivos debido a, principalmente, su gran crecimiento inverno-primaveral, alta calidad y preferencia animal. Además, la cebadilla criolla puede utilizarse como complemento de pasturas perennes y es apta para pastoreo directo, heno y silaje.

“Rosalía INTA tiene la capacidad de tolerar sequías temporales por su sistema de raíces vigorosas”, expresó Pedro Rimieri, especialista en genética vegetal del INTA Pergamino –Buenos Aires– y obtentor de la nueva variedad. Esa particularidad, añadió, “le permite recuperarse rápidamente aún con escasas precipitaciones”.

De acuerdo con el técnico, el material posee diferencias cualitativas en porte, macollamiento –capacidad de rebrotar después del pastoreo o corte– y proporción de hojas, que le aportan características de adaptación y calidad nutritiva superiores.

De hecho, el material rindió 9.600 kilogramos de materia seca por hectárea en un período signado por la escasez de pasto –fines de invierno y principios de primavera–, una cifra que representa un 5% más que las cebadillas evaluadas. En este sentido, estudios conducidos por especialistas de esa unidad del INTA confirman que la nueva variedad presente mayor proporción de hojas (láminas) que los cultivares comerciales.

“La nueva variedad produce forraje de alta digestibilidad y bajo contenido de fibra, con mayor proporción de hojas que el germoplasma de origen”, dijo Rimieri quien, además, destacó que “en los períodos de mayor producción otoño-primaveral, la digestibilidad varió entre 85 y 65%, mientras que el rango de fibra osciló entre 42 y 59%, valores de calidad muy buenos, aún para el estado de panojamiento”.

Mediante la firma de un convenio de transferencia tecnológica con la empresa Caverzasi Ortín y Cia. S.R.L. –licenciatario exclusivo– se concretó el desarrollo de este nuevo cultivar mejorado de cebadilla criolla, que “toma como base las poblaciones de germoplasma recolectadas y cultivares experimentales”, puntualizó Rimieri.

 

 

Fuente: INTA

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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