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Reportan Caso Clínico del «Mal de las Vacas Locas» en Irlanda

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Agente etiológico de la Encefalopatía Espongiforme Bovina (Mal de las Vacas Locas) fue diagnosticado mediante pruebas avanzadas de laboratorio (ej. virología, microscopía electrónica, biología molecular e inmunología) las cuales fueron realizadas por el Departamento de Agricultura, de Dublin, Irlanda.

El 9 de junio, el Departamento de agricultura, alimentación y medio marino (DAFM) fue informado de un resultado positivo en una prueba de detección rápida (EIA [inmunoensayo enzimático] de Idexx) llevada a cabo por un laboratorio privado acreditado aprobado por la autoridad competente.

El personal del DAFM tomó muestras del animal sospechoso en una planta de destrucción de reses muertas o moribundas en el marco de la toma de muestras oficial en curso de todos los animales de 48 meses de edad o más hallados muertos o moribundos en las granjas. El material de la muestra y el cerebro fueron posteriormente remitidos al Laboratorio nacional de referencia, donde muestras de diferentes áreas del cerebro fueron sometidas a pruebas de confirmación mediante un método western blot aprobado por la OIE (TeSeE de Biorad). Además, las muestras fueron sometidas a un protocolo de dos transferencias para la clasificación de las cepas de la EEB.

Todas las muestras tenían un patrón molecular idéntico que indicaba EEB clásica. Según los protocolos del Laboratorio nacional de referencia, las muestras del animal fueron enviadas entonces para histopatología e inmunohistoquímica del bulbo raquídeo. Éstos son otros métodos de pruebas confirmatorias de la OIE para la EEB. Además, las muestras también fueron remitidas al Laboratorio de referencia de la Unión Europea en Weybridge, Reino Unido. Se recibieron los resultados de las pruebas confirmatorias finales de ambos laboratorios el 25 de junio de 2015, confirmando el caso como EEB clásica.

El animal era una hembra berrenda en rojo nacida el 14 de enero de 2010 que tenía 65 meses de edad al morir. El animal nació, fue criado y pasó toda su vida en la misma granja. El ganadero informó de que el animal había caído enfermo el 24 de febrero de 2015, pero se había recuperado.

El animal volvió a caer enfermo el 6 de junio de 2015. El animal no se recuperó y el ganadero tomó la decisión de eutanasiarlo. Aproximadamente 6 semanas antes de la muerte, el ganadero observó que el animal había perdido su condición física, la producción de leche se había visto reducida, y el animal mostraba algunos signos neurológicos tales como nerviosismo e hiperexcitabilidad. Tanto la madre como la abuela del animal infectado habían sido sometidas a pruebas para la EEB cuando fueron sacrificadas como animales sanos en 2006 y en 2013. Ambos animales habían resultado negativos para la EEB.

La identificación de la ‘cohorte’ tomó en cuenta los animales nacidos en el rebaño el mismo año (2010) que el caso, el año anterior (2009) y al año siguiente (2011). El objetivo fue identificar aquellos animales que podían haber consumido el mismo pienso que el caso. 63 animales seguían vivos. Con respecto a la progenie de la vaca, se identificaron 4 animales.

Todos los animales de la progenie y de la cohorte que se habían identificado, seguido y sometido a medidas de restricción fueron retirados y sacrificados el 22 de junio de 2015. Las muestras de todos estos animales se sometieron a pruebas para la EEB. Los resultados de estas pruebas se recibieron el 23 de junio de 2015 – los 67 animales fueron negativos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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