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Recomiendan Privilegiar a los Animales de Alta Producción

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Según INIA-Chile, en un escenario de precios altos de los granos se debe privilegiar a los animales de alta producción, como son las vacas que están en el primer tercio de lactancia.

En opinión de los expertos, los productores lecheros y ganaderos chilenos deberían suministrar concentrados sólo a las vacas de alta producción que se encuentran en el primer tercio de lactancia y a los animales en engordas de término en el caso de los sistemas de producción de carne.

Especialistas del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile (INIA), con sede en Osorno, zona donde se concentra la mayor producción de leche y carne del país, recomendaron a los productores lecheros y ganaderos “ser muy cautos y analizar muy bien sus costos de producción, ante el potencial aumento del valor de los granos, privilegiando fundamentalmente la alimentación de los animales de alta producción”.

Paul Escobar, investigador asociado al trabajo del Consorcio Lechero, recalcó que “desde un punto de vista nutricional alternativas para reemplazar los granos o concentrados prácticamente no existen dado que ellos permiten, dependiendo de lo que se busque, aumentar los niveles de energía, proteína u otro componente de la dieta que los forrajes no alcanzan a suministrar”.

Alfredo Torres, investigador especialista en praderas y cultivos forrajeros, indicó que “el escenario actual una vez más confirma lo que hemos transmitido siempre en el Centro Regional de Investigación INIA Remehue”. Añadió que “por años hemos sostenido y repetido que, dentro de la alimentación animal se debe, en primer lugar, dar prioridad a alimentos de fuentes más económicas como son las praderas, y en segundo término, considerar los cultivos suplementarios, dejando los alimentos concentrados para uso sólo en momentos estratégicos y en la cantidad necesaria desde el punto de vista técnico y económico.”

Sergio Iraira, investigador especialista en producción de carnes rojas y quien está cursando estudios de doctorado en España, indicó que “en este tipo de situaciones del alzas en el precio de los alimentos, los productores deben calcular muy bien las raciones y ser mucho más precisos y ver el costo beneficio de cada ingrediente de la dieta, en las diferentes etapas de los sistemas productivos”

Al respecto, los expertos de INIA enfatizaron que “lo más recomendable en un escenario de precios altos de los granos es privilegiar a los animales de alta producción, como son las vacas que están en el primer tercio de lactancia, a las cuales se les deben cubrir todos sus requerimientos nutricionales, y los novillos en engorda de término”.

 

 

Fuente: INIA

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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