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Prohíben usar la Palabra “carne” en Productos de Origen Vegetal

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El proyecto “Ley de Carne e Imitación de Alimentos de Texas” está diseñado para codificar la “carne” como derivada únicamente de canales de vacas, pollos u otro animal, y no “productos alimenticios cultivados en laboratorio, cultivados en células, insectos o vegetales”.

Como informó el portal Beef Central, la ley tiene como objetivo prohibir que las empresas engañen a los consumidores al bloquear no solo las palabras “carne”, en inglés meat, que es el término que enmarca a todas las proteínas procedentes de animales.

De este modo, los específicos como beef, que se usa para la “carne de res”, “pollo” (chicken), “cerdo” (pork) o cualquier variación común de estas no se deberán usar en los empaques.

Esto incluye, como citó el periódico Dallas Morning News, los usos de estos términos para reclamar texturas similares, sabores o métodos de cocción, a menos que se cumplan las definiciones oficiales que estipula el proyecto de ley estatal.

El proyecto también evitará que las empresas que producen alimentos a partir de insectos, plantas o cultivos celulares, y no de animales beneficiados, utilicen los términos mencionados. Sin embargo, no prohibiría el uso de «hamburguesa» u otros términos no específicos.

«Esto es para aquellos que eligen comer carne, pero también es para aquellos que eligen no comer carne», aseguró el representante estatal de Texas Brad Buckley (R), autor de la iniciativa. (Blog: La hamburguesa con carne, más sana que la vegetal)

El proyecto legislativo Texas fue apoyado por grupos estatales del sector agropecuario como la Asociación de Ganaderos de Texas y el Suroeste, la Federación Avícola de Texas, la Asociación de Productores de Cerdo de Texas y otras compañías ganaderas.

Voces en contra

El representante demócrata Gene Wu argumentó que si el proyecto de ley se aprueba, el estado podría estar sujeto a litigios innecesarios, en tanto que el republicano Kyle Biedermann manifestó que le preocupaba la extralimitación estatal.

“No debería haber necesidad de legislar más sobre la regulación de estas otras compañías cuando parece que su empaque es bastante claro”, dijo Biedermann, en tanto que su compañero Buckley argumentó que será beneficioso para los tejanos.

“Nuestro objetivo hoy aquí con este proyecto de ley es tener un etiquetado claro y preciso para que el consumidor no tenga dudas de lo que está comprando. He recibido muchas llamadas de vegetarianos que están a favor de este proyecto de ley”, dijo.

Aun así, se oponen organizaciones como Plant Based Foods Association y Alliance for Plant Based Inclusion, así como Beyond Meat e Impossible Burger. (Blog: La hamburguesa no es un filete: qué compras cuando compras la carne preparada del supermercado)

«No es una cultura anti vegetal o anti celular», agregó Buckley, el representante autor de esta iniciativa. El proyecto de ley está programado para ser votado nuevamente en la Cámara antes de pasar al Senado estatal.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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