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Controversia en Argentina por la Regulación a las Exportaciones de Carne

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La Cámara de la Industria y Comercio de las Carnes (Ciccra) se pronunció sobre la decisión del gobierno argentino de imponer un registro para las exportaciones de los productos cárnicos y sus subproductos que estarán sujetos a la revisión previa. 

Para la entidad, estas medidas “atacan directamente a la producción ganadera, en una nueva embestida de este Poder Ejecutivo contra el sector agropecuario”, dijeron en un comunicado retomado por el portal argentino Agrofy News.

La polémica se debe a que este registro de exportaciones había generado un conflicto en 2008 entre el sector agropecuario y el gobierno de Cristina Fernández, actual vicepresidenta.

En ese momento, el ROE (Registro de Operaciones de Exportaciones) fue fuertemente criticado por los exportadores, y aunque el Gobierno niega que haya un regreso a este instrumento, “en el sector hay fuertes temores” como señala La Nación.

Este periódico entrevistó a Jorge Chemes, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), quien aseguró que la medida “es muy parecida al ROE de Moreno (que aplicó Guillermo Moreno –exsecretario de Comercio– con Cristina Kirchner)”.

Según el dirigente, “este tipo de mecanismo lleva a la corrupción”, aunque el gobierno ha dicho que con la medida busca dos objetivos puntuales.

El primero era “evitar posibles desequilibrios en el mercado interno de la carne en condiciones de abastecimiento, precio y calidad”, y el segundo, “transparentar las operaciones de venta de carne al exterior, evitar subfacturaciones y triangulaciones con países vecinos”.

El Ejecutivo ya había anticipado que adoptaría disposiciones en este sentido ante la elevada inflación que registra Argentina, principalmente por el costo de los alimentos y de la carne, reduciendo las compras de la proteína en uno de los países que más la consume.

Según la Ciccra, el antiguo ROE llevó a la baja de 12,3 millones de cabezas de bovinos y, luego de un corto período, al aumento del precio de la carne en el mercado doméstico. Otras voces señalan que la medida se usó con mala intención y provocó la mencionada crisis.

La entidad advirtió que, de continuar, habrá una caída de las exportaciones, con pérdidas de 500 millones de dólares solo en el presente año.

Por su parte, las cuatro mayores organizaciones de productores agrícolas y ganaderos del país se declararon en estado “de alerta” ante la medida, la que también cuestionaron como una «arbitrariedad manifiesta”.

Según los datos más recientes del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, Argentina es el quinto productor y el cuarto exportador mundial de carne vacuna.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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