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¿Porqué instalar robots de ordeño?: experiencia en Puerto Rico

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Aumentar la producción de leche, enfrentar la escasez de mano de obra y mejorar el bienestar de las vacas lecheras, son algunos de los beneficios que trae la automatización de ordeño, que por primera vez se implementa en Puerto Rico.

Se trata de la Vaquería Camilo Román en San Sebastián, que con ayuda del Departamento de Agricultura adquirió las primeras ordeñadoras robóticas, tras una inversión de cerca de medio millón de dólares, de los cuales la agencia aportó $245,000 mediante una subvención.

“Esta vaquería ordeña alrededor de 120 vacas en este momento y a través del Programa de Inversiones Agrícolas, el departamento le subvencionó la mitad del costo de montar el sistema… robotizado de ordeño que consta de dos máquinas de ordeño acoplado a una computadora en la oficina que básicamente se encarga de ordeñar el ganado”, informó el secretario de Agricultura, Ramón González Beiró.

Este sistema permite que la vaca entre voluntariamente y las vacas sean ordeñadas sin intervención humana directa, explicó el propietario de la finca, Camilo Román.

El ganadero explicó que utilizando sensores y cámaras, el sistema identifica a las vacas y limpia sus ubres, el robot coloca las copas de ordeño y extrae la leche, que luego se almacena en un tanque de enfriamiento. Además, el sistema monitorea la salud de las vacas y la calidad de la leche.

“Así que, dependiendo de la calidad de la leche de la vaca, se destina la leche hacia dónde va, para asegurar que la calidad que llega al consumidor sea óptima. Igual, si se observa que hay una variación en algún componente de la leche o si hay un cambio significativo, la computadora nos alerta. En el caso mío me manda hasta una alerta al teléfono, y así uno puede pedirle al sistema que las separen y podría ver cuáles son esos problemas que están presentándose”, explicó el ganadero en entrevista exclusiva con EL VOCERO.

A preguntas sobre qué tipo de irregularidad tiene la capacidad de identificar la máquina, mencionó alteraciones en la composición, como niveles anormales de grasa, proteínas o células somáticas.

“Por ejemplo, con estos calores muchas veces las vacas dejan de comer tanto forraje porque no se sienten cómodas saliendo, pero, a cambio, comen más concentrado porque tienen hambre. Eso lo que hace es que cambia el porcentaje de grasa y la computadora nos daría esa alerta. Por lo tanto, uno podría, con esa información, suplementar con bicarbonato y así asistirle para que ella se sintiera mejor y bajarle la acidez que tiene”, informó.

Al cuestionar sobre las razones por las que decidieron adquirir estas maquinarias, informó que una de las principales fue la dificultad que estaban enfrentando para conseguir mano de obra.

“No se consigue esa mano de obra para el ordeño físico. La otra razón, también, era que quería crecer en producción. Tenía empleados, tenía los animales suficientes, pero la infraestructura que tenía mi vaguería no me lo permitía. Tomamos la decisión. Cuando vimos las opciones para atender la necesidad de mi vaquería, esta era la opción que mejor aplicaba”, explicó Román.

Informó además que, acorde con lo que han podido observar durante los primeros seis meses desde que comenzaron a usar la maquinaria, la proyección es que aumente la producción en un 20% anualmente, en comparación con lo que solían producir.

Fue enfático en aclarar que esta inserción tecnológica no estaría desplazando a ningún empleado, sino que los trabajadores ahora podrán dedicarse a otras cosas para mejorar la eficiencia del negocio.

Replican otras vaquerías

Por su parte, el subsecretario de la agencia, Jorge Campos, informó que, en el caso de la industria lechera, en los últimos tres años han estado subvencionando distintas actividades, e inversiones de los ganaderos.

“Al igual que la vaquería Camilo Román, nosotros hemos subvencionado otras vaquerías y otros proyectos que están en proceso de construcción. En el caso de maquinaria automática de ordeño…, hemos subvencionado a seis y una de sistema de ordeño convencional. Para un total, por parte del departamento, de $1.5 millones”, acentuó Campos.
De acuerdo con el subsecretario, la automatización se convierte en un paso positivo para este renglón del sector agropecuario, en tanto que lo posiciona como uno en crecimiento y estable.

 “Reconociendo los grandes retos que ha tenido la industria con el cambio climático, los agricultores y ganaderos están apostando a la ganadería lechera porque hasta cierto punto, se les garantiza una rentabilidad”, enfatizó el funcionario.

Con este tipo de inversión, tanto los funcionarios como el ganadero coincidieron en que a futuro aumentaría la producción de las 220 vaquerías establecidas en la Isla, que generan anualmente alrededor de 200 millones de cuartillos de leche.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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