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¿Por qué China prefiere comprar la carne de Res Sudamericana ?

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A lo largo de los últimos años, la carne de res procedente de Australia y Nueva Zelanda era más común en los platos de los consumidores chinos, pero recientemente ha empezado a predominar la proteína importada de Argentina y Brasil, a pesar de que no la consideran tan “premium” como la de los países oceánicos.

De acuerdo con el periódico South China Morning Post, la creciente demanda de productos cárnicos más baratos en China y la caída en la oferta de ejemplares en Australia han abierto las puertas para que otras naciones aumenten sus ventas al gigante asiático.

La carne de los países oceánicos era común en cocinas, supermercados y plataformas de comercio electrónico, pero en los últimos meses, los consumidores han tenido dificultad para encontrar este producto.

En cambio, ahora encuentran cada vez con mayor frecuencia carne procedente de Argentina y Brasil, la que consideran que no está en la misma liga “premium” que las de Australia o Nueva Zelanda, como indicó un comerciante que vende productos cárnicos en línea.

“Simplemente no es tan tierno como el bistec australiano. Se puede encontrar la textura un poco seca y dura. Pero la calidad es buena y el precio es competitivo», dijo un representante de la empresa Aoniubao que vende en la plataforma de comercio electrónico JD.com.

La carne brasileña y argentina se vende como carne seca o en rodajas, agregó Gerrard Liu, cofundador de la firma de investigación y consultoría Meat International Group.

Pero Aoniubao, que se especializa en entregar carne de res en cualquier lugar de Beijing dentro de las dos horas posteriores a la realización de un pedido, recientemente comenzó a ofrecer bistecs brasileños porque ha surgido una creciente demanda de carne de res más barata.

Los precios al por menor de la carne australiana en China suelen ser un 50 % más caros que los de la carne vacuna sudamericana. En Aoniubao, 500 g de bistec brasileño se venden a 75 yuanes (11,50 dólares) frente a 112 yuanes por la misma cantidad de carne de res de Nueva Zelanda y alrededor de 140 yuanes por el bife de costilla wagyu australiano.

Las interrupciones comerciales entre China y Australia, una producción más baja de carne en este último debido a la escasez de ganado y la disminución del comercio en otros mercados como resultado de la pandemia crearon las condiciones ideales para que la carne vacuna de Sudamérica se establezca mejor en el mercado chino.

El portal cuenta que hace dos meses, la empresa fundada por ganaderos argentinos Carne Hereford S. A. inició una empresa conjunta con la plataforma de cadena de suministro de carne de res BeefLedger y el importador Australasia (Guangzhou) Food, con sede en Shenzhen, con el objetivo de exportar productos cárnicos de primera calidad bajo la marca Aliarg.

“Debido a [cierres e interrupciones comerciales] provocados por la pandemia en Europa, los principales proveedores de Argentina y Uruguay se vieron obligados a buscar nuevos mercados y han reorientado su producción de carne vacuna premium 2020 al mercado chino a un precio menor”, declaró Juan Litovichi, socio gerente de BeefLedger South America.

Los resultados se muestran

El crecimiento de las exportaciones a China por parte de los países suramericanos ha sido continuo. Desde febrero de 2020 hasta enero de 2021, el volumen de exportaciones de carne de res congelada y refrigerada de Australia cayó un 25 % en comparación con el período anterior.

En cambio, las exportaciones de Brasil y Argentina aumentaron un 109 y un 29 %, respectivamente, según datos de Meat & Livestock Australia (MLA). (Lea: Fuerte caída en el hato ganadero en Australiapodría ser una oportunidad más para la carne colombiana)

En enero, el único país que no elevó sus ventas de carne a China fue Australia, en tanto que las de los países sudamericanos y Nueva Zelanda aumentaron. También se incrementaron las de Estados Unidos, a pesar de que no es uno de los mayores exportadores, un exorbitante 800 %.

Aunque no es tan productivo como Australia, el subcontinente sudamericano se está convirtiendo lentamente en el principal proveedor de carne de res a China, según la consultora económica de la industria alimentaria con sede en EE. UU. Steiner Consulting Group.

Este año, China representará el 75 % de las exportaciones de carne vacuna de Argentina, el 55 % de las de Uruguay y el 60 % de las de Brasil. Por su parte, la Australian Bureau of Agricultural and Resource Economics and Sciences (Abares) anticipa que, hasta 2023, EE. UU. y Brasil seguirán elevando sus exportaciones a China.

En cuanto al gusto por una carne u otra, Lhais Sparvoli, gerente de relaciones internacionales de la Asociación Brasileña de Exportadores de Carne de Res, indicó que la carne de res de este país es más adecuada para los hogares y tiene usos más prácticos que la carne australiana.

“La carne de res de Brasil es más magra y adecuada para cocinar todos los días en casa. Estos dos mercados no suelen competir. Teniendo en cuenta los hábitos de consumo de China, la carne de res brasileña ocupa un espacio más grande que la australiana y estadounidense”, manifestó.

Para Sparvoli, la carne de res sudamericana debería poder valerse por sí misma en China sin competir con la carne australiana. “La carne australiana suele tener más marmoleo; se parece más a la carne de res estadounidense y es [principalmente] adecuado para restaurantes y cocina gourmet”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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