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Plantas o Carne, el Debate Sobre la Dieta del Megaterio

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Durante el Pleistoceno (2,59 millones de años – 10.000 a. C.), Sudamérica era la tierra de los grandes mamíferos del género Xenarthra. En la región pampeana hasta la zona de la Cordillera de los Andes, vivían gliptodontes –armadillos gigantes- y megaterios que eran similares a los perezosos actuales pero de enormes dimensiones, que podían medir hasta 6 metros y pesar cerca de 5 toneladas. A diferencia de los actuales, estos eran terrestres.

Los perezosos extinguidos pertenecían a más de 80 géneros, agrupados en cuatro familias: Megatheriidae, Megalonychidae, Nothrotheriidae y Mylodontidae y, con la excepción de dos géneros actuales, desaparecieron hace 10 mil años. Sin embargo, la discusión sobre su tipo de alimentación de los Megatherium sigue hasta nuestros días. En un estudio reciente publicado en la revista Gondwana Research, científicos del CONICET aportan pruebas que respaldan a la hipótesis de que esta megafauna era herbívora.

“La idea que teníamos de su dieta ha ido cambiando con el tiempo. Originalmente se pensó que el megaterio se alimentaba de hojas y otros restos vegetales. Esa es la postura tradicional, sin embargo en los ’90 un paleontólogo uruguayo, llamado Richard Fariña, a partir de un análisis de la fauna de los otros mamíferos que habitaban en esas comunidades y luego sobre la base de estudios biomecánicos, sugirió que en realidad era un carroñero encubierto que comía la carroña de los animales que se morían”, explica Francisco Prevosti, investigador principal en el Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de La Rioja (CRILAR, CONICET-Provincia de la Rioja-SEGEMAR-UNLAR-UNCA).

En este sentido, el investigador agrega que Fariña y colaboradores basaron su hipótesis en investigaciones paleoecológicas y biomecánicas sobre las capacidades del megaterio para atrapar presas y consumirlas y en la supuesta abundancia de grandes mamíferos que podían servir de alimento y de los pocos carnívoros que podrían dar abasto para consumir esa gran cantidad de carroña que quedaba disponible.

Esta nueva teoría abrió una nueva discusión, dado que esta nueva hipótesis no fue del todo aceptada por la comunidad científica ya que varios paleontólogos siguieron apoyando la hipótesis tradicional según la cual los megaterios se alimentaban de restos vegetales, basándose en rasgos de la anatomía del esqueleto y también en los hábitos conocidos para las especies vivientes, los cuales son relativamente pequeños, habitan en los árboles y son herbívoros.

Por otro lado, se encontraron coprolitos -heces fosilizadas- de otros grandes perezosos extinguidos, también parientes lejanos del megaterio, como por ejemplo el milodón que habitaba en el sur de Chile y Argentina en las que se ve que claramente estaban formadas por plantas.

Para evaluar estas hipótesis, un grupo de investigadores de distintos institutos del CONICET y de la Universidad de Tubinga en Alemania estudiaron los isótopos estables de ciertos elementos como carbono y nitrógeno que brindan información sobre distintos aspectos de la dieta o del ambiente en el que vivían las especies del pasado y del presente.

“Son herramientas muy buenas que complementan los estudios anatómicos tradicionales. En los herbívoros, por ejemplo, utilizando los isótopos estables del carbono, se pueden si comían pasto o arbustos y por lo tanto inferir el ambiente en el que vivieron. En cambio, los del nitrógeno indican el porcentaje de proteínas de origen animal que incluía la dieta, entonces es útil para separar formas carnívoras de herbívoras, aunque también se ven influenciados por el ambiente. En trabajos previos, ya se habían analizado estos isótopos en restos de megaterio y se veía que en algunos especímenes, el valor de nitrógeno era el mismo que en formas herbívoras, pero en otros estaban en un rango de superposición entre formas carnívoras y herbívoras. No cerramos del todo la discusión aunque nos parecía más coherente la herbivoría porque asociados a esos valores altos de nitrógeno teníamos otros mamíferos extintos que sin duda son herbívoros”, advierte Prevosti.

Para avanzar en el estudio de la dieta de los megaterios, en este trabajo los científicos analizaron la relación entre los isótopos estables del carbono obtenidos a partir del colágeno (una proteína que forma parte de la composición de los huesos, dientes, pelos, etc.) y los preservados en los restos de carbonatos que preservan los huesos. Los isótopos estables de estos elementos pueden medirse en distintos tipos de tejidos, por ejemplo en un animal viviente se puede sacar una muestra de sangre o de huesos o un pelo. En este caso, lo que se introduce como herramienta novedosa es la comparación de los isótopos estables de carbono provenientes del colágeno con los carbonatos obtenidos de los dientes.

Los restos fósiles que se analizaron se tomaron de megaterios de la región pampeana que se encuentran en colecciones de distintos museos principalmente de la provincia de Buenos Aires como el de La Plata, el Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET), el Municipal de Ciencias Naturales Pachamama y el Histórico Municipal “Alfredo Enrique Múlgura”.

“Me parece que la postura de que los megaterios eran herbívoros es la más soportada por los datos que tenemos, nunca se sabe si en el futuro, con nuevas tecnologías o restos, se va refinar o refutar esta hipótesis. Estos estudios son útiles para entender cómo funcionaban las faunas del pasado que incluían a estos megamamíferos que se extinguieron al final del Pleistoceno, entender los factores que causaron o facilitaron la extinción de las mismas y evaluar el rol del hombre en ese evento de extinción. Esto nos ofrece una ventana en el tiempo que brinda información que puede ser útil para el presente y los eventos de extinción que ocurrieron en los últimos cientos de años y los que están en puerta”, concluye el investigador.

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3er Congreso Nacional de Producción de Burros

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El Tercer Congreso Nacional de Producción de Burros se realizará los días 23 y 24 de octubre de 2026 en la Finca Láctea El Pichanal, ubicada en Santa María, Catamarca, Argentina. El evento busca impulsar la profesionalización de la ganadería asina, el manejo sostenible y la producción de leche y carne de burro.

Detalles del Evento

  • Fecha: 23 y 24 de octubre de 2026.
  • Lugar: Finca Láctea “El Pichanal”, Santa María, Catamarca, Argentina.
  • Organizador: Finca y Estancia El Pichanal.
  • Apoyo técnico: Universidad Nacional de Catamarca.

Objetivos y Actividades

  • Promover el intercambio de conocimientos científicos y técnicos sobre la ganadería asina.
  • Exponer avances en la producción de leche de burra (pasteurizada y congelada) y derivados cosméticos.
  • Analizar el potencial de la carne asnal y el valor nutricional de los productos.
  • Introducir novedades genéticas como el burro Pêga de Brasil.
  • Dividir las jornadas en un día de campo y otro de conferencias magistrales.

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Argentina aplicará un nuevo método de diagnostico de la Brucelosis Bovina

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SENASA incorpora la prueba de inmunocromatografía de flujo lateral en leche como método oficial complementario para el monitoreo de la enfermedad.

Con el objetivo de robustecer las estrategias del Plan Nacional de Control y Erradicación de la Brucelosis Bovina, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) actualizó la Resolución N° 438/2006 e incorporó en su sistema diagnóstico la prueba de inmunocromatografía de flujo lateral en leche como método complementario para la vigilancia epidemiológica de la enfermedad.

Con la Resolución N.° 656/2026, oficializada a través del Boletín Oficial, el organismo sanitario incluye una nueva técnica para la detección de anticuerpos de manera rápida, con alta especificidad y sensibilidad, a los fines de agilizar los tiempos de respuesta de los laboratorios habilitados.

La prueba diagnóstica, basada en un kit rápido autorizado por la Dirección General de Laboratorios y Control Técnico (DGLyCT), permite fortalecer la detección temprana en los establecimientos tamberos y ampliar la cantidad de diagnósticos disponibles para el análisis de brucelosis en leche.

Al igual que la prueba de Anillo en Leche (PAL/MRT) y el ELISA indirecto, la inclusión de este análisis resulta fundamental para los establecimientos que cuenten con estatus de libre de la enfermedad, ya que podrán escogerlo para recertificar su condición cada 90 días.

Por su parte, las técnicas rápidas en sangre (suero) se mantendrán para el uso exclusivo del personal oficial del SENASA, con excepción de aquellas circunstancias epidemiológicas que justifiquen su uso por parte de terceros, sujeto a autorización previa.

En cuanto a los análisis, la normativa establece que los mismos deberán realizarse en laboratorios habilitados que integren la Red Oficial del SENASA en línea con los procedimientos técnicos oficiales, mientras que los resultados deberán gestionarse e informarse de manera obligatoria en los sistemas informáticos oficiales que el Servicio Nacional disponga.

Con esta actualización normativa, el SENASA reafirma su compromiso con el estatus sanitario nacional, facilita herramientas para la vigilancia, el control y la erradicación de la brucelosis bovina, reduce los tiempos de diagnóstico y brinda mayor transparencia en el proceso de carga de datos oficiales.

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Desarrollan un film biodegradable para conservar carne vacuna

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Un estudio del INTA en el que participaron investigadores de Balcarce, Buenos Aires, y Anguil, La Pampa y del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema) evalúa el desempeño de films compostables biobasados como alternativa a los plásticos de un solo uso en la industria cárnica. Los resultados muestran que preservan la calidad, la inocuidad y la estabilidad del producto, al tiempo que contribuyen a una producción de carne más sostenible.

En la industria cárnica, el envase cumple un rol fundamental: protege al alimento de la contaminación, reduce la pérdida de humedad y ayuda a conservar las características físicas, microbiológicas y sensoriales que determinan su calidad. Sin embargo, el creciente impacto ambiental de los plásticos de un solo uso impulsa la búsqueda de materiales más sostenibles.

Con este objetivo, un equipo de investigadores del INTA Balcarce, del INTA Anguil y del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema) evaluó la viabilidad técnica de films compostables biobasados desarrollados para reemplazar los films plásticos convencionales por materiales compostables para el envasado de la carne en atmósfera aeróbica.

“Estos nuevos materiales están formulados a partir de polímeros biodegradables que pueden degradarse biológicamente bajo condiciones de compostaje, transformándose en biomasa, dióxido de carbono y agua sin dejar residuos”, explicó Testa.

Para el ensayo, los cortes obtenidos fueron fraccionados en bandejas y envasados con dos alternativas: un film convencional de PVC y un film compostable. Posteriormente permanecieron durante siete días en exhibición aeróbica refrigerada con luz, simulando las condiciones habituales de una góndola de supermercado.

Durante ese período, los investigadores analizaron la estabilidad del color, la capacidad del material para regular el intercambio gaseoso y evitar la oxidación, su resistencia frente al frío y la humedad, y la evolución de los parámetros microbiológicos y fisicoquímicos de la carne.

Los resultados demostraron que el envase compostable presentó un comportamiento equivalente al del plástico convencional, sin comprometer la calidad del producto durante todo el período de almacenamiento.

“El desarrollo y la validación de films compostables a escala de laboratorio responden a la necesidad de garantizar que el nuevo material mantenga los altos estándares de conservación, frescura e inocuidad que la carne exige durante su vida útil”, afirmó Testa.

La investigadora agregó que la incorporación de estos materiales “representa un avance significativo para la modernización de la cadena cárnica” y permitirá a procesadores y empacadores reducir de forma sustancial la generación de residuos plásticos, en línea con las crecientes demandas de los mercados.

Aprovechar subproductos para producir carne

El trabajo también evaluó una segunda estrategia orientada a mejorar la sostenibilidad de la cadena de producción: la incorporación de granos de destilería secos (GDS), un subproducto de la industria del bioetanol de maíz, en la alimentación de bovinos.

La investigación comparó la calidad de la carne de vaquillonas terminadas sobre pasturas de alfalfa con la de animales suplementados con GDS en una proporción equivalente al 1 % de su peso vivo.

Los GDS son un subproducto generado durante la producción de bioetanol a partir de maíz y representan una alternativa para valorizar residuos agroindustriales dentro de sistemas ganaderos. Según explicó Testa, las vaquillonas suplementadas presentaron un mayor espesor de grasa dorsal y una tendencia a un mayor grado de marmóreo, dos atributos que favorecen la clasificación comercial de las reses. Al mismo tiempo, la incorporación de este ingrediente no modificó parámetros tecnológicos de importancia, como el área de ojo de bife, el pH final, la temperatura de la res ni la terneza, medida mediante la fuerza de corte.

En cuanto a la apariencia, la carne proveniente de animales suplementados mostró un color rojo más intenso y brillante al inicio del período de conservación. “Si bien el color no altera el valor nutricional del alimento, constituye el principal atributo que considera el consumidor al momento de evaluar la frescura en el punto de venta”, explicó la investigadora.

Para Testa, el estudio demuestra que es posible avanzar hacia una producción de carne más sostenible mediante estrategias complementarias. “Abordar la sostenibilidad de manera sistémica permite integrar la nutrición animal, el aprovechamiento de subproductos agroindustriales y el desarrollo de nuevos materiales para el envasado sin comprometer la eficiencia ni la calidad del producto”, concluyó.

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