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Pastoreo racional evoluciona

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Los métodos de pastoreo practicados normalmente en el país son dos: el pastoreo continuo y el rotacional o rotativo. Este último a su vez presenta una diversa modalidad. Estos métodos de pastoreo deben ser tenidos en cuenta desde el punto de vista de la sustentabilidad económica y ambiental de los sistemas pastoriles.

El pastoreo continuo se caracteriza por el mantenimiento permanente de un lote de ganado en un área (potrero) del pastizal o la pastura. Requiere mínima inversión: una aguada y cercas perimetrales.

Debido a la selectividad del vacuno se producen áreas sobre-pastoreadas y otras áreas sub-pastoreadas en el mismo potrero. En las primeras queda afectada la persistencia del pastizal, produciéndose áreas desnudas de pasto, desaparición de las mejores especies y más palatables e invasión de especies no deseadas o malezas. El suelo queda compactado superficialmente dificultando la infiltración de agua de lluvia y el desarrollo radicular de las gramíneas, lo cual afecta negativamente la productividad vegetal y la receptividad animal.

Desde el punto vista ambiental hay menos captación de carbono (menos fotosíntesis) y más emisión del mismo proveniente de la materia orgánica del suelo desnudo.

En las áreas sub-pastoreadas se acumulan mucho material muerto, debido a la acumulación de hojas y tallos no consumidos. Estos materiales son de bajísimo valor nutricional y normalmente nunca más serán aprovechados por el vacuno. Además, estos materiales senescentes no tienen capacidad de hacer fotosíntesis, pues ya no poseen clorofila, pero siguen respirando, es decir emiten carbono.

Podemos concluir que por medio del pastoreo continuo estos ecosistemas se transforman en poco productivos, económicamente, y contaminantes del ambiente.

Pastoreo Rotacional o Rotativo

Este método de pastoreo se caracteriza por el hecho de que los animales se mudan frecuente y periódicamente de un piquete para otro, volviendo al mismo después de completar el ciclo. El pastoreo rotativo se fundamenta en el principio científico de que las plantas necesitan de un tiempo de descanso después del pastoreo a fin de recuperarse de los efectos de la defoliación, posibilitando la reposición de sus hojas y restableciendo los niveles de reservas en la base del tallo.

En este método tenemos dos variantes muy importantes: el pastoreo rotativo convencional y el pastoreo rotativo racional.

A) Pastoreo Rotativo Convencional

El tiempo de descanso asignado a los piquetes después del pastoreo es dependiente del número de potreros y del tiempo de ocupación de los mismos. Así, si tengo 5 piquetes asignados a un lote de animales y los mismos permanecen una semana en cada uno de ellos, el tiempo de descanso es de 28 días. Requiere de una inversión inicial superior al del Pastoreo Continuo tanto en cercas como en bebedero.

Y si ese tiempo es fijo durante el año, esa pastura se degradará necesariamente, porque la capacidad de rebrote de una pastura es variable a través del tiempo, dependiendo de varios factores, entre ellos de las condiciones climáticas, del suelo, del manejo, etc. Su capacidad de rebrote de verano no es igual al de invierno, y la productividad de la pastura degradada en muy baja y económicamente se vuelve insostenible; a raíz de ello requiere ser renovada periódicamente, normalmente cada 4 o 5 años y con un costo elevadísimo en movimiento de suelo, semilla y formación de pastura.

Los animales igualmente no reciben una ración diaria uniforme, pues el forraje existente en los primeros días de ingreso al piquete no es igual, en cantidad y calidad, al de los últimos días. Por tanto, al igual que el Pastoreo Continuo no es sustentable económica ni ambientalmente.

B) Pastoreo Rotativo Racional

En este caso el período de descanso es variable en función al crecimiento del pasto: el momento del pastoreo se da cuando el pasto llega a su máxima tasa de crecimiento y acumula suficientes reservas para su siguiente rebrote; manejado de esta forma el pasto se vuelve perenne, se prescinde de renovación.

Además, es la única forma de maximizar la producción de gramíneas, maximizando la fotosíntesis. Se interrumpe la brotación cuando la misma se vuelve ineficiente y se da nueva oportunidad a un rebrote vigoroso.

En el Pastoreo Racional se trabaja según concepción sistémica, según la cual los componentes del ecosistema pastoril (pasto, ganado y suelo) son interdependientes e interrelacionados. Lo que sucede con un componente repercute en los otros, se busca el equilibrio del sistema, es decir, que cada componente beneficie a los otros.

En el pastoreo del ganado se busca que cada animal cubra sus requerimientos de mantenimiento y producción en cantidad y calidad, lo cual se consigue con pastoreo de corta duración con altas cargas instantáneas. Y la alta deposición de bosta y orina producida en este manejo genera un mejoramiento del suelo y del pasto.

Para implementar este sistema se debe subdividir el potrero en varios piquetes usando la cerca eléctrica, pero lo más importante es que se debe comprender los fundamentos de funcionamiento del sistema.

Estos sistemas son altamente productivos, consiguiéndose más de 500 kg/PV/ha.año en pastura implantada, y ambientalmente amigables, pues el balance de carbono captado: carbono emitido es siempre positivo, por la maximización de la fotosíntesis en el manejo del pasto.

Un ejemplo de este sistema es el Pastoreo Racional Voisin (PRV), concebido por el sabio André Voisin con excelentes resultados.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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