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Oportunidad de Negocio: Cueros de Piel de Búfalo

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Aunque en Bolivia se ha explotado el búfalo desde hace 30 años, todavía la producción está en pañales, según lo considera uno de los grandes productores de ese país Walter Kuljis Fuchtner, que estuvo presente en el 4° Encuentro Nacional de Criadores de Búfalos en Montería, Colombia.

El bufalero considera que es necesario que se masifique la producción de este animal que en los últimos años ha ido incrementando el hato que hoy es de 12 mil búfalos.

El búfalo en Bolivia fue llevado como animal para trabajo, posteriormente desapareció, pero productores como Kuljis Fuchtner han contribuido a que en la nueva etapa en este país se vea como un animal con muchas bondades.

«Hace algunos años nadie sabía que existía el búfalo, pero se está multiplicando en un 10% cada año y con los planes del Gobierno se debe llegar a la gente de escasos recursos, porque en vez de darles un vacuno es mejor el búfalo ya que las pasturas en mi país son muy pobres», afirma el productor Walter Kuljis.

El productor boliviano, además de aprender de los nuevos conocimientos que llegan a escenarios como el del 4to Encuentro Nacional de Criadores de Búfalos vino a presentar una de las alternativas que se pueden aprovechar con el búfalo, su piel.

Es dueño de una empresa de tenería, lo que en nuestro país se conoce como curtiembre, es decir, donde se realiza el proceso que convierte las pieles de los animales en cuero.

Empezó con la piel de los vacunos, pero debido a que cada vez había menos pieles gruesas de estos, se inclinó por la del búfalo que es mucho más grande, más resistente y más apta para los artículos que elabora en mayor cantidad en su empresa Curtiembre Kuljis.

«Cada vez había menos pieles gruesas y uniformes para hacer los arreos y las riendas. De eso hace 20 años. En ese tiempo no valorizaban la piel del búfalo en Brasil, entonces nosotros empezamos a usar esa piel y a traerla de allá, pero como ha ido aumentando el número de animales en Bolivia se ha disminuido la importación», cuenta Kuljis Fuchtner.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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