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Ofrezca al Ganado Alimentos con Ácidos Grasos de Cadena Corta y Media

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El doctor en Veterinaria Alfredo J. Escribano señaló la importancia de suministrar ácidos de cadena media y corta, pues se digieren y absorben mejor que los de cadena larga. Aquí presentó las ventajas de los primeros y cómo pueden ofrecerse a los bovinos.

El experto señaló que la inclusión de alimentos con altos contenidos de grasa como semilla de algodón o torta de palmiste en las dietas de los rumiantes ha sido una práctica habitual para satisfacer las necesidades de los animales e incrementar la productividad.

Sin embargo, el aprovechamiento de las grasas depende de su fuente, su estructura, su grado de saturación y, como lo pone de relevancia este artículo, el tamaño de la cadena de carbonos.

Los ácidos grasos de cadena larga son aquellos con más de 12 átomos de carbono que se encuentran en la mayoría de lípidos. Los de cadena media (entre 8 y 12 átomos de carbono) son menos comunes y provienen de fuentes como el aceite de coco o de palma. Finalmente, los de cadena corta son los de menos de 8 átomos.

Los especialistas sugieren suministrar a los bovinos alimentos con ácidos grasos de cadena corta o media, el aceite de palmo o coco es un ejemplo de estos últimos.

Estos 2 últimos son los que mejor se absorben y pasen de la vena porta al hígado para ser usados como fuente de energía, mientras que los AGCL entran al sistema circulatorio por vía del sistema linfático y después llegan al hígado.

Los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) a intermedia (AGCM) ejercen un efecto favorable en terneros y corderos, pues los digieren bien, favoreciendo el crecimiento y la calidad de la canal. Asimismo, mientras más sea el contenido de AGCM, mayor es la digestibilidad de los alimentos.

La mejor fuente de ácidos grasos en dietas para piensos de iniciación de terneros es el aceite de coco (que contiene hasta 70% de AGCM y AGCC), seguido por el aceite de oliva, el de palma, girasol, soya y maíz.

Además de las ventajas nutritivas, con el suministro de los ácidos grasos se reduce la emisión de metano, así como tiene efectos antimicrobianos y se han utilizado como terapia de apoyo a los antibióticos contra mastitis. De igual manera, tienen efectos positivos en la reducción de células somáticas en leche.

De acuerdo con Escribano, el desarrollo de un jabón cálcico con un perfil alto de AGCM y AGCC, así como un contenido ideal de AGCL, lo que se traduce en una composición de grasa similar a la leche de la vaca. El experto ha utilizado los jabones cálcicos de coco como materia prima, mejorando índices productivos y el estatus sanitario de los animales.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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