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Nueva Tecnología Evita el Aumento de la Temperatura en el Silaje para el Ganado

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Una nueva tecnología incorpora Lactobacilus buchneri al silo, evitando el aumento de temperatura del frente del silo permitiendo llegar a los comederos con forrajes conservados de alta calidad para el ganado.

La conservación de forrajes constituye una práctica clave en los sistemas pecuarios actuales debido a la creciente participación de los mismos en las raciones de los animales. Durante mucho tiempo, el esfuerzo de la investigación estuvo centrada en el proceso fermentativo que acontece normalmente una vez que el material es ensilado. No obstante, actualmente es reconocido que los cambios que ocurren durante la fase apertura y suministro del silo son tan importantes como los que ocurren durante el proceso fermentativo.

Una vez que abrimos el silo inevitablemente el mismo entra en contacto con el oxígeno ambiental. Como consecuencia, en primera instancia las levaduras y las bacterias ácido acéticas degradan los ácidos orgánicos presentes en el silaje lo que genera un aumento del pH e incremento de la temperatura. Posteriormente se produce un segundo aumento de temperatura debido principalmente a la actividad de hongos. Por lo tanto, es importante tener presente que el ensilado es inherentemente inestable a la exposición al aire una vez que el silo es abierto para su suministro.

Actualmente existen en el mercado inoculantes con bacterias heterofermentativas, como LactoSilo Gold, que permiten mantener la estabilidad aeróbica del frente del silo a través de la generación de inhibidores de levaduras y hongos como el ácido acético y 1,2-propanodiol. Por lo tanto, mediante la aplicación de este tipo de inoculantes evitamos el incremento de temperatura generada por la propia actividad de estos microorganismos. Por otro lado, es oportuno tener en cuenta que estos inoculantes no solo garantizan la calidad del frente de extracción sino que también aseguran un adecuado proceso fermentativo.

Finalmente, debemos considerar que el ensilado es un proceso que comienza con la implantación del cultivo y finaliza con el suministro del mismo una vez lograda su conservación, por lo que es imprescindible mantener buenas prácticas de confección a lo largo de todo el proceso. Sin lugar a dudas, las buenas prácticas de confección sustentadas en correctas decisiones de manejo nos permitirán obtener reservas forrajeras de calidad.

En definitiva, es posible lograr silajes de excelente calidad fermentativa y nutritiva, pero es imprescindible conocer y cumplir con buenas prácticas de confección durante todo el proceso de ensilado. Por su parte, la aplicación de nuevas tecnologías como LactoSilo Gold que incorpora en su nueva formulación Lactobacilus buchneri, evita el aumento de temperatura del frente del silo permitiendo llegar a los comederos con forrajes conservados de alta calidad.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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