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Leucosis Bovina: Diagnóstico, Transmisión, Control y Prevención

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La leucosis enzoótica bovina (LEB) es una enfermedad de distribución mundial, siendo su incidencia mayor en los sistemas de producción de leche. Por esta razón los países desarrollados o con interés en la exportación de lácteos, como Australia y Nueva Zelanda, tienen programas para su control y erradicación.

La LEB es provocada por un virus que puede llegar a infectar a un elevado porcentaje de los bovinos de un establecimiento. Sin embargo sólo un bajo número de ellos, generalmente mayores de tres años, pueden desarrollar síntomas clínicos de la enfermedad caracterizada por la presencia de tumores (linfosarcoma) y es mortal. El resto de los bovinos infectados que no desarrollan la enfermedad clínica constituyen la principal fuente de contagio de la infección, puesto que son portadores de por vida del virus. La forma de detectarlos es determinando la presencia de anticuerpos . De los bovinos que tienen anticuerpos contra el virus de la LEB, en un 30% está incrementado el número de glóbulos blancos ( fundamentalmente linfocitos) en sangre circulante y se los denomina: bovinos con linfocitosis persistente. Es importante su detección porque representan una relevante fuente de contagio.

Existen algunas evidencias que las vacas infectadas y sin síntomas clínicos de la enfermedad pueden tener una menor producción de leche y una disminución de la respuesta inmunológica a otras enfermedades. Además, es una limitante para la exportación de vacunos y la comercialización de semen y embriones.

La presencia del virus en el país se confirmó en 1978, por medio de técnicas serológicas realizadas en los Estados Unidos de América. Estudios posteriores demostraron que la prevalencia difiere según las regiones y tipo de explotación ganadera. Un estudio realizado en 1979 en la zona de la cuenca de Mar y Sierras (Bs. As.), indicó que el 95 % de los establecimientos lecheros estaban libres; mientras que quince años después se comprobó que sólo el 32 % estaban en esa situación. Estudios serológicos realizados en establecimientos lecheros del área central de la provincia de Santa Fe indicaron que la prevalencia ( porcentaje de animales infectados sobre el total de animales) de LEB alcanzaba el 29%. De los 50 tambos analizados, el 78 % tenía animales seropositivos, con una prevalencia que oscilaba entre el 10% y el 67%. En vaquillonas pre-servicio la prevalencia fue de 13 % (con un rango entre 1 y 22 %).

Transmisión

La transmisión de la enfermedad puede ser horizontal ( de bovino a bovino) o vertical. (de madre a hijo).

El bovino infectado es la fuente de diseminación del virus, siendo la transmisión horizontal la más importante y la que produce mayor cantidad de nuevos infectados. Esta ocurre por el traspaso de los glóbulos blancos (linfocitos) infectados con el virus de un bovino enfermo a otro sano. En las secreciones y fluidos biológicos ( sangre, leche, calostro, secreción nasal, saliva, semen y orina ) se pueden encontrar linfocitos infectados, pero la mayor proporción de ellos se encuentra en la sangre de los vacunos enfermos. Por lo tanto, todas las prácticas tales como: extracción de sangre, vacunación, castración, descorne, inyección de medicamentos, cirugía, palpación rectal, tatuaje, etc, que se realicen sin respetar las medidas higiénicas, son las vías más importantes de transmisión. Los artrópodos hematófagos parásitos de los vacunos (tábanos, mosca brava, etc.) podrían ser otra vía de diseminación de la infección.

Cuando el número de bovinos infectados y la carga animal por unidad de superficie son altos la transmisión horizontal se ve facilitada porque el hacinamiento favorece el contacto físico y la transmisión del virus.

La transmisión vertical es de menor importancia ya que menos del 10 % de los terneros nacidos de vacas infectadas son portadores del virus. La transmisión al ternero por consumo de leche de vacas infectadas sería poco significativa.

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Diagnóstico

Mientras que el diagnóstico de los bovinos con linfosarcoma es relativamente sencillo para el veterinario clínico, la detección de los animales con linfocitosis persistente y de los bovinos infectados sin signos clínicos requiere de la ayuda del laboratorio. Las técnicas para la detección de animales infectados pueden ser:

a) Detección de anticuerpos:
Prueba de inmunodifusión en agar gel (IDA): es sencilla y la de uso más difundido para la detección de anticuerpos. La prueba tiene limitaciones: detecta la presencia de anticuerpos como mínimo seis semanas después de la infección.
no debe ser utilizada para detección de anticuerpos un mes antes del parto.

utilizarla después de los seis meses de edad ( porque antes revela anticuerpos maternos).
se necesitan 48 horas para obtener el resultado. Actualmente es la prueba oficial de SENASA (Servicio de Sanidad Animal y Calidad Agroalimentaria) para la certificación de establecimientos libres de leucosis (resolución 337/94) y para la exportación de ganado en pie.
Enzimo-inmunoensayo (test de ELISA): tiene las mismas limitantes que la anterior cuando se usa en terneros. El ELISA tiene la ventaja de detectar la presencia de anticuerpos antes que IDA. Además, se puede realizar en forma automatizada y el resultado se obtiene dentro de las 24 horas. En un futuro cercano será reconocida probablemente como prueba oficial, para la certificación de establecimientos libres de leucosis.

Para el diagnóstico de bovinos con linfocitosis persistente se debe hacer el recuento de glóbulos blancos y la fórmula leucocitaria relativa en la sangre de los animales con serología positiva. Aquellos que presenten un marcado incremento en el número de linfocitos, indicaría mayor capacidad para dispersar la enfermedad. Este sería un método complementario de la detección de anticuerpos para definir la eliminación de animales infectados.

b) Detección del virus:
Reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Esta técnica permite detectar la presencia del ADN del virus en la sangre; con anterioridad a la detección de anticuerpos. Su alto costo y complejidad la restringe a ser utilizada en trabajos de investigación.

Control y Erradicación

En nuestro país se ha implementado un sistema voluntario de erradicación de la LEB. La resolución Nº 337/94 de SENASA establece las normas y procedimientos para la certificación de establecimientos libres de leucosis. Como primera medida se debe hacer el diagnóstico de la situación inicial por medio de IDA a todos los animales del rodeo mayores de 6 meses. De esta forma se puede clasificar el rodeo en «libre» o «infectado». En el primer caso se realizarán recertificaciones anuales del rodeo. En el caso de pertenecer a la categoría infectado, de acuerdo al número de animales afectados, se puede optar por la eliminación simultánea o gradual de los positivos. En este caso, el plan de saneamiento depende de la categoría a la cual pertenece el establecimiento:Clase A ( 1 a 15 % de positivos); Clase B ( 15 a 30 % de positivos); Clase C ( mayor de 30 % de positivos) y a las posibilidades económicas del productor.

La metodología a seguir para el control y la erradicación depende de: la edad de los animales afectados, el porcentaje de animales infectados en el rodeo,la infraestructura del establecimiento y las prácticas de manejo.

Si la tasa de infección es baja (menor del 10%), es conveniente eliminar los animales positivos, implementar medidas de manejo higiénico – sanitarias estrictas y realizar el control serológico cada tres meses para ir descartando los positivos. Cuando no haya animales con serología positiva, se realizará un control anual, manteniendo siempre las medidas de higiene en las prácticas semiológicas y quirúrgicas habituales. Cuando todos los animales hayan dado resultado negativo en dos controles consecutivos el establecimiento podrá declararse libre de leucosis. A partir de ese momento se hará un seguimiento serológico anual. Todos los bovinos que se incorporen deben ser serológicamente negativos y se mantendrán aislados del resto. Si a los tres meses resultasen negativos a una nueva prueba podrán incorporarse al rodeo.

Si el porcentaje de animales positivos es alto ( mayor del 10 %), se deberán establecer estrictas medidas de control en todas aquellas prácticas que involucren transferencia accidental de cualquiera de los fluidos biológicos (ver transmisión horizontal). Una vez identificados los animales seronegativos y dentro de las medidas de las posibilidades, las vacas infectadas se ordeñarán al final. En una primera fase se pueden identificar a los bovinos con linfocitosis persistente y eliminarlos. Se deberá realizar un control serológico periódico de todos seronegativos mayores de seis meses y se irán eliminando los positivos en la medida de las posibilidades del establecimiento.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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