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Leche de cabra fermentada contribuye a la recuperación de la anemia por deficiencia de hierro

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La investigación muestra que este lácteo, de baja alergenicidad, alta digestibilidad y que puede consumirse en forma de yogur, tiene interés científico como nueva aproximación al tratamiento de la anemia ferropénica.

Un grupo multidisciplinar español, liderado por Ana Soriano Lerma y Mª Inmaculada López Aliaga, investigadoras del Departamento de Fisiología, del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INYTA) y del Centro de Investigación Biomédica (CIBM) de la Universidad de Granada en España, ha investigado los efectos del consumo de una dieta basada en leche de cabra fermentada en forma de yogur en un modelo animal de anemia por deficiencia de hierro, relacionando las propiedades de mejora de la salud intestinal de la leche de cabra fermentada con la recuperación de esa anemia ferropénica, la más común en el mundo. En el estudio también han participado José Antonio García Salcedo, de GENYO. Centro de Genómica e Investigación Oncológica, y Miguel Soriano Rodríguez del Centro de Investigación en Agrosistemas Intensivos Mediterráneos y Biotecnología Agroalimentaria (CIAIMBITAL) de la Universidad de Almería.

En los últimos años, los alimentos fermentados están adquiriendo gran interés como objeto de investigación debido a que su producción es rentable, existe una alta disponibilidad para los consumidores y presentan unos potenciales efectos prebióticos y probióticos beneficiosos para la salud general. En particular, en el caso de la leche de cabra fermentada –que para esta investigación ha sido suministrada por la empresa Cantero de Letur– se puede resaltar su elevada calidad nutricional, baja alergenicidad y alta digestibilidad, por lo que la investigación comenzó bajo la premisa de su interés en el caso de situaciones patológicas caracterizadas por un deterioro de la salud intestinal como es el caso de la anemia ferropénica.

Se ha descrito que los suplementos de hierro, recomendados para el tratamiento de la anemia ferropénica desencadenan disbiosis intestinal y ejercen un daño adicional a los enterocitos, las células intestinales especializadas en la absorción. Es por ello que existe una necesidad crucial de explorar nuevos enfoques de protección intestinal al tratar la enfermedad. Según la investigadora de la UGR Mª Inmaculada López Aliaga, los principales resultados de esta investigación, publicada en la revista Journal of Agricultural and Food Chemistry, muestran que una dieta basada en leche de cabra fermentada da lugar a un microbioma intestinal más diverso en cuanto al número de especies en la comunidad microbiana y funcionalmente más activo que la dieta estándar, tanto en el intestino delgado como en el grueso de animales controles, lo que está en línea con una recuperación más eficiente de la anemia ferropénica.

En cuanto a sus propiedades restauradoras del microbioma intestinal, la disbiosis más intensa del colon asociada a la deficiencia de hierro se recuperó de forma más eficiente con la dieta basada en leche de cabra fermentada, confirmando sus propiedades prebióticas. La disbiosis es la alteración del equilibrio normal de las bacterias que habitan en el intestino.

Por último, tanto la dieta basada en leche fermentada de cabra como la dieta estándar demostraron la misma eficacia para recuperar la función de la barrera intestinal, que previene el traspaso de microorganismos y componentes bacterianos desde el intestino hacia la circulación sistémica.

La investigadora Ana Soriano Lerma, primera autora del trabajo, concluye que “este estudio proporciona evidencia para el uso de la dieta de cabra fermentada como herramienta nutricional para aliviar las consecuencias intestinales negativas provocadas por la anemia por deficiencia de hierro. Por lo tanto, los productos lácteos fermentados, y en particular la leche de cabra fermentada, podrían ser de interés científico durante el manejo clínico de la anemia por deficiencia de hierro”.

Esta investigación ha formado parte de la tesis doctoral de Ana Soriano Lerma, que actualmente se encuentra disfrutando de una ayuda Marie Curie en el prestigioso centro de investigación Teagasc Food and Research de Irlanda, cuyo objetivo es el desarrollo de nuevos alimentos para maximizar su impacto en salud y minimizar su impacto medioambiental a través de nuevas técnicas de microbiología y ciencias de datos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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