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Las Moscas serían una Fuente Alternativa de Proteina para la Producción Animal

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Investigadores europeos buscan un desarrollo tecnológico para la producción de harina de insecto para su empleo en nutrición.

La Universidad de Alicante en España (UA), participa en un proyecto de investigación, considerado pionero, que busca mejorar la tecnología relacionada con la obtención de grandes cantidades de biomasa de insectos dípteros (moscas) como fuente alternativa de proteínas en la alimentación animal. Este reto científico, financiado por la Unión Europea (programa H2020), se enmarca en el proyecto FlyHigh y en él intervienen también una empresa de base tecnológica de la UA, Bioflytech, la firma Agriprotein (Sudáfrica) y las universidades de Helsinki (Finlandia) y Novi Sad (Serbia), que llevan a cabo las diferentes líneas de investigación básica y aplicada. «FlyHigh se centra, entre otros aspectos, en la producción masiva y controlada de diversas especies de moscas mediante el análisis detallado de su ciclo biológico», ha explicado, en una entrevista con Efe, el director del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales de la UA y coordinador del proyecto en esta institución académica, S

Junto al estudio de su biodiversidad y la interacción insecto-planta, se pretende lograr un desarrollo tecnológico que permita la producción de harina de insecto para su empleo en nutrición animal, ha indicado Rojo.

Estudios Previos

Con un presupuesto de 450.000 euros, FlyHigh tiene una duración de tres años y empezó el pasado mes de julio. «Varios grupos de insectos dípteros (moscas) son el nexo de unión entre las distintas actividades de investigación y transferencia tecnológica de FlyHigh, siendo una de las vertientes del proyecto la de producir miles de kilos de biomasa de larvas mensual o semanalmente», ha precisado Rojo.

Pero para controlar esta producción industrial, de un modo semejante a como se hace en ganadería o acuicultura, es vital conocer los factores clave que afectan a su ciclo biológico.

Respecto a otros insectos, «las moscas tienen ciclos de vida más cortos (semanas) y pueden alimentarse de una amplia variedad de subproductos y residuos de origen animal o vegetal», ha señalado. «Además, la automatización de su cría mediante el empleo de digestores escalables está mucho más desarrollada, por lo que es más factible su producción sostenible», según Rojo.

Precisamente, la empresa de base tecnológica Bioflytech y la firma Agriprotein están especializadas en la cría de estos insectos para su empleo en la valorización de subproductos y transformación de residuos, la obtención de fuentes proteicas alternativas y otras aplicaciones innovadoras.

Aún No tan Competitiva respecto al Pescado o Soya

El científico ha subrayado que se ha logrado un gran desarrollo tecnológico en este campo en los últimos diez años, pero la harina de insecto no es aún competitiva en comparación con la producción de la de pescado o de soja, imprescindibles en la actualidad en la alimentación animal.

«Calculamos que lo será en los próximos cinco años, ya que su producción es sostenible no solo desde el punto de vista medioambiental, sino también desde la perspectiva económica al crear un nuevo sector productivo y, por extensión, empleos», ha dicho Rojo.

Para este investigador, las fuentes tradicionales de proteínas para la alimentación animal están al límite de su desarrollo y, en algunos, sobreexplotadas. «Por otro lado, tanto en un pollo como, por ejemplo, en los peces de río, los insectos forman parte de su alimentación natural, por lo que en realidad, aunque choque a primera vista, no estamos inventando nada nuevo», ha apuntado.

FlyHigh abarca también la cría artificial de especies de dípteros como polinizadoras de uso alternativo o complementario a las abejas, lo que puede tener importantes repercusiones en agricultura y medio ambiente en general. Otro ámbito del proyecto consiste en analizar las relaciones evolutivas entre especies de moscas asociadas a plantas bulbosas en Sudáfrica y en la región Mediterránea.

«A pesar de la distancia, ambas áreas comparten un clima mediterráneo y, posiblemente, zonas de la actual Sudáfrica han tenido una gran influencia en la radiación evolutiva de plantas e insectos en la cuenca del Mare Nostrum», ha revelado Rojo.

Muchas de estas plantas bulbosas, como tulipanes, narcisos o lirios, tienen gran importancia económica y la interacción de las larvas (se alimentan de los bulbos) y las moscas adultas (polinizadoras) servirá tanto para controlar las especies plaga de plantas ornamentales como para entender su importancia ecológica y evolutiva en la naturaleza.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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