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La Maralfalfa reduce los Costos de Producción de Leche de Cabra en España

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Investigadores españoles y daneses han comprobado que utilizando el pasto Maralfalfa como alimento para cabras de la raza Murciano Granadina, se obtienen los mismos volúmenes y la misma composición de leche que cuando se emplea alfalfa, pero a un costo menor.

Una investigación desarrollada por el Departamento de Ciencia Animal de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), en colaboración con investigadores de la Aarhus University de Dinamarca, dirigidos por el catedrático Carlos Fernández Martínez, ha tenido el objetivo reducir costes de la producción de la leche en explotaciones caprinas.

El estudio fue llevado a cabo en la granja experimental de la UPV, los científicos han utilizado una variedad de gramínea gigante sudamericana, la Maralfalfa, con la que han alimentado las cabras murciano granadina (la principal raza lechera española) y como resultado se ha obtenido la misma cantidad de leche e igual composición bioquímica de grasa, proteina y lactosa que se consigue cuando se alimentan con alfalfa.

La clave del ahorro está en la mayor producción por hectárea de esta variedad de gramínea gigante que puede llegar a ser hasta un 30% superior a la alfalfa, lo que permitirá tener un precio de mercado muy inferior e incrementar el beneficio económico por cada litro de leche producido en el sector caprino.

Los animales han sido alimentados con este forraje originario de Sudamérica y conocido científicamente como Pennisetum sp en unas granjas experimentales, y se ha obtenido la misma cantidad leche y de igual composición química de grasa, proteína y lactosa a la obtenida cuando son alimentados con alfalfa (Medicago sativa).

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Foto. Pasto Maralfalfa

El investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología Animal de la UPV Ion Pérez Baena ha explicado que la Maralfalfa puede ser cosechada hasta ocho veces al año durante siete años, alcanzar hasta 5 metros de altura y tener un rendimiento de 60 toneladas de materia seca por hectárea frente a las 20 toneladas que produce la alfalfa.

Además esta variedad sudamericana presenta una gran resistencia a plagas y enfermedades lo que evita en gran medida los tratamientos fitosanitarios.

«En las explotaciones de caprino lechero los costes de alimentación del ganado suponen hasta un 80 % de los costes totales. Utilizar alimentos que abaraten la ración diaria de los animales es una práctica necesaria para asegurar la viabilidad de las mismas», ha resaltado.

Una gran parte de las explotaciones lecheras de raza Murciano-Granadina están ubicadas en zonas donde, debido a sus características climáticas, existen grandes carencias de pastos naturales.

«Es por ello que la mayoría de los alimentos utilizados son adquiridos fuera de las ganaderías, lo que provoca una gran vulnerabilidad de las mismas ante las fluctuaciones de precio», ha añadido el investigador.

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Foto. Pasto Maralfalfa Picado

La maralfalfa es una gramínea con un alto contenido en proteína y es medioambientalmente reconocida por su alto reciclaje de nitrógeno (del suelo a la planta), aunque cuando se alimenta a los rumiantes con ella se suele emitir a la atmósfera una mayor cantidad de metano nocivo para el medio ambiente que si se alimentan con plantas de zonas templadas como la alfalfa.

Según ha destacado el catedrático del departamento de Ciencia Animal de la UPV Carlos Fernández, en su estudio «no se observaron diferencias de emisión de este gas por unidad de ingestión o por cantidad de leche producida, estando este resultado asociado a la cantidad de fibra y a la mayor relación hojas/tallos que presenta la maralfalfa».

El estudio se llevó a cabo en la granja experimental de pequeños rumiantes de la UPV y los investigadores evaluaron y compararon la producción y composición láctea, digestibilidad y emisiones de gases de cabras que fueron alimentadas con raciones que incluían maralfalfa y alfalfa como único forraje, respectivamente.

El siguiente objetivo de los investigadores es comprobar cómo se comporta la maralfalfa cuando se emplea de alimento para otras especies de rumiantes como el ovino y el vacuno.

Los resultados de esta investigación han sido publicados en la revista Animal Feed Science and Technology.


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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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