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La Leche: Fuente de Salud y Riqueza de Pequeños Productores Lácteos en Líbano

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Georgette llega a casa y pone la mesa. Despliega una gran variedad de quesos y bebidas frías, todo etiquetado con el nombre de la compañía de la que es propietaria. Su marido, Pascal, ha invitado a los vecinos a acompañarles en la mesa y degustar los alimentos de su propia producción.

Sin embargo, no siempre ha sido así.

A raíz de la devastación causada por la guerra de 2006, la industria láctea libanesa resultó muy afectada: un número muy elevado de animales perecieron durante el conflicto y muchas granjas lecheras tuvieron que cesar sus actividades. Según el Ministerio de Agricultura, únicamente en el valle de la Bekaa, el número total de vacas lecheras se redujo tras la guerra de 25 000 cabezas a unas 18 000.

Líbano recibió 45 millones de USD de la comunidad internacional para la reconstrucción.

El sector lácteo, una de las principales fuentes de ingresos para las familias rurales en Líbano, fue objeto de numerosas intervenciones, sobre todo en la Región Norte y en la Bekaa, donde se concentran casi el 70 por ciento de las vacas lecheras y un gran número de pequeños productores que dependen de la ganadería para sus medios de vida son muy vulnerables.

Mediante un programa de varios años de duración financiado por el Fondo de Recuperación para el Líbano, la FAO, en colaboración con el Ministerio de Agricultura, incrementó su apoyo al sector lácteo en pequeña escala del país.

La calidad de la leche y el estándar de producción
Todas las pequeñas granjas lecheras a las que está dirigido el programa carecían de instalaciones para el almacenamiento y refrigeración lácteos. Tras haber sido ordeñada, la leche se conservaba en recipientes abiertos de metal o plástico, expuesta a la luz directa del sol y al polvo de la carretera. La escasa higiene en la producción y distribución de la leche estaban poniendo en peligro la salud de productores y consumidores.

“Con nuestros camiones no refrigerados no éramos capaces de distribuir la leche muy lejos. Si la leche no se refrigera después de haber sido ordeñada, se echa a perder en pocas horas. Por eso la nuestra no llegaba muy lejos y su calidad no era muy buena. Esta es la razón por la que las plantas lecheras estaban controlando el precio de la leche”, sostiene Georgette.

Para ayudar a los campesinos a reducir su dependencia de las plantas lecheras, el programa creó una red de cooperativas lecheras que les ayudó a ofrecer productos de tamaño económico, y fortaleció su poder de negociación en el precio de la leche.

Se establecieron cuarenta centros primarios de recogida de leche en diferentes pueblos y se ubicaron en lugares de fácil acceso para los campesinos. Se les proporcionaron diferentes herramientas y equipos para analizar, almacenar y procesar la leche -máquinas de filtrado, bombeo y laboratorio, contenedores de acero inoxidable para su transporte, frigoríficos y camiones refrigerados- y recibieron cursos de capacitación para utilizarlos.

Se ayudó a trescientas familias encabezadas por mujeres y cooperativas de mujeres dotándolas de pequeñas y medianas unidades de tratamiento de productos lácteos con accesorios para procesarlos en casa. Como resultado, la calidad de sus productos ha mejorado significativamente, generando un aumento inmediato de la demanda.

El Antes y el Después

Dos años después del inicio del proyecto, unos 350 pueblos están ahora cubiertos por una red de 35 Asociaciones de Productores Lácteos Rurales que dotan a los pequeños productores de mucho mayor poder de negociación. Las grandes plantas lecheras ya no pueden imponer sus precios.

Los centros de recogida de leche obtienen actualmente más de 150-200 toneladas de leche al día procedente de unos 3 000 campesinos y la FAO prepara la habilitación de otros 10 centros.

Ahora los granjeros saben cómo analizar la leche y comprobar su calidad antes de distribuirla a las plantas en la región y fuera de ella.

“En el pasado, solíamos trabajar unas 20 horas al día para ganar dinero suficiente con el que sobrevivir hasta el día siguiente. Vendíamos la leche cruda a las fábricas a precios muy reducidos, que únicamente les convenían a ellas. Hoy en día, gracias a los proyectos, nuestras vidas han cambiado. ¡Estoy muy contenta de poder matricular a mis hijos en la escuela! Ahora, en ocasiones, no sabemos cómo satisfacer la demanda de las ciudades cercanas y la capital, ya que las peticiones proceden de todas partes. Les gusta el queso que producimos”, asegura Georgette.

Gracias a estos dos proyectos, la calidad de la leche y los productos lácteos de los pequeños productores mejoró significativamente. Esto aumentó los precios de la leche en la explotación agrícola desde 650-850 LBP a 950-1100 LBP, con un suplemento de entre 100-200 LBP por cada litro de leche refrigerada. La introducción de equipos modernos y centros de refrigeración están beneficiando a más de 3 000 campesinos, especialmente mujeres, y ha aumentado su capacidad de producción cerca del 50 por ciento.

Datos Clave

El sector lácteo es una de las principales fuentes de ingresos para las familias rurales en el Líbano, en particular en la Región Norte y en la Bekaa, donde se concentran casi el 70 por ciento de las vacas lecheras.

Una encuesta realizada por la FAO en 2011 indicó que alrededor del 70 por ciento de los pequeños agricultores en estas dos regiones eran pobres o muy pobres, con unos niveles salariales entre los más bajos del país.

Para ayudar a los pequeños agricultores a rehabilitar sus medios de vida, muy afectados por la guerra en 2006, la FAO y el Ministerio de Agricultura del país aunaron esfuerzos y pusieron en marcha dos proyectos para reconstruir el sector lácteo libanés, con el apoyo del Fondo para la Recuperación del Líbano, con ayuda específica para los pequeños campesinos en el valle de la Bekaa y las tierras altas de Hermel Akkar.

La colaboración ha contribuido a una importante mejora cuantitativa y cualitativa de la leche producida, no sólo en estas dos regiones sino también en todo el país. La mejor calidad y condiciones higiénicas de la leche dieron como resultado unos precios más competitivos y contribuyeron a sostener los medios de vida y los ingresos de muchos pequeños criadores en el valle de la Bekaa y las tierras altas de Hermel Akkar.

En Breve

En pro de los criadores de ganado a pequeña escala y los productores lácteos en el Valle de la Bekaa y las tierras altas de Hermal Akkar en el Líbano con el objeto de sostener los medios de vida de los pequeños campesinos en zonas vulnerables del Líbano fortaleciendo y mejorando la producción ganadera y láctea en colaboración con Ministerio de Agricultura del Líbano gracias a Fondo para la Recuperación del Líbano – Fondo Fiduciario Conjunto de Donantes administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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