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La Ganadería Bovina de México es Menos Contaminante de lo que se Pensaba

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Las vacas y toros producen metano —un gas 28 veces más contaminante que el dióxido de carbono— debido a su complejo sistema digestivo que les permite alimentarse de plantas y forrajes —no aptos para el consumo humano—, mismos que transforman en leche y carne, además de otros productos como la piel para fabricar calzado y ropa, o bien sus heces, que sirven como fertilizante orgánico. 

Se estima que más del 70% de la emisión de metano en el país es por el sector agropecuario. Este gas proviene de la fermentación entérica —cuando las plantas se fermentan en la panza de los bovinos por acción microbiana—; sin embargo, investigaciones que se llevan a cabo desde 2009 en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) sugieren que la ganadería bovina mexicana emite menos gases de efecto invernadero de lo que se estimó en años anteriores.

Octavio Alonso Castelán Ortega, investigador líder en el estudio de emisión de metano del ganado bovino a nivel nacional, indicó que en los registros que México presentaba en las reuniones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) se utilizaban hasta hace poco los factores de emisión por defecto, concepto que alude a valores estandarizados que no toman en cuenta las características de la dieta del ganado, su peso, los sistemas de alimentación que se aplican en las diferentes regiones del mundo o el clima, pero que son útiles para tener, al menos, una cuantificación estimada por país. 

Los factores de emisión por defecto aún son muy utilizados por las naciones, aunque los países desarrollados se han preocupado por hacer estudios más detallados que permitan tener una mayor certidumbre. En México, con la adquisición de infraestructura, como las cámaras de respiración que se encuentran en ambas casas de estudio, el diseño de fórmulas matemáticas y estadísticas en las que se toman en cuenta las variables anteriores, así como las regiones agroecológicas, se ha podido generar factores de emisión específicos para el país. 

“Al determinar los factores de emisión de metano estamos encontrando que no son tan altos como cuando se utilizan los factores por defecto, como consecuencia, es posible que el inventario total de emisión sea menor a los que se han reportado a nivel mundial para bovinos productores tanto de leche como de carne”, comentó el doctor en producción animal y manejo de recursos naturales, integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). 

Por ejemplo, los bovinos en clima tropical como los de Yucatán emiten mucho menos metano de lo que se tenía estimado, esto está relacionado con los bajos niveles productivos de estos animales. 

“Hemos encontrado que las vacas adultas en Yucatán producen alrededor de 40 kilogramos de metano al año, cuando en la literatura se reportan hasta 60 kilogramos. El ganado lechero sí produce más o menos lo que se ha reportado a nivel internacional, estamos hablando de animales que producen más de 30 litros de leche al día; sin embargo, animales con menor producción presentan emisiones en promedio 30% más bajas que los valores por defecto”, explicó. 

Investigaciones realizadas en Yucatán por el grupo de trabajo del especialista en nutrición  de rumiantes Juan Carlos Ku Vera, investigador de la UADY y también integrante de la AMC, han demostrado que con las mediciones apegadas al contexto nacional, condiciones agroecológicas, las diferencias regionales, alimenticias y de manejo, se pueden tener datos más precisos que eventualmente conlleven a la elaboración de políticas públicas adecuadas al contexto local, regional y nacional para reducir la emisión de contaminantes de este sector productivo. 

“Es necesario que los inventarios estén basados en experimentos rigurosos y reemplazar aproximaciones cualitativas por cuantitativas, además de la utilización de métodos estadísticos robustos para el análisis de datos espacio-temporales con el objeto de reducir la incertidumbre de los inventarios y contar con información más precisa que pueda guiar el desarrollo de políticas gubernamentales encaminadas a la mitigación del cambio climático”, comentó Castelán Ortega.

México es un país ganadero, cuenta con aproximadamente 34 millones de cabezas de ganado bovino y es un exportador importante de piel y carne, por lo tanto, se vuelve muy relevante dar a conocer a nivel internacional que la ganadería bovina mexicana es naturalmente baja en emisiones y tiene amplias oportunidades de reducir, en el corto plazo, su impacto negativo en el medioambiente, destacó el investigador. 

Por ello, también se evalúa la calidad del alimento que consumen, la idea a futuro es proponer un suplemento alimenticio que contamine menos, así como formas de alimentación más eficientes. Se sabe que la calidad de los pastos en el hemisferio norte y en el hemisferio sur es más alta, y la calidad de los pastos de las regiones tropicales de México es mucho más baja, “eso hace una diferencia importante en cuanto a lo que consumen los animales y cuánto emiten de metano”.

En las cinco cámaras de respiración con las que se cuenta entre ambos laboratorios en México se han llevado a cabo experimentos para cuantificar la producción de metano y también para probar diferentes estrategias para reducir la emisión con la alimentación de plantas nativas (follaje y frutos de leguminosas), o bien, otros compuestos que no dañen al animal y mejoren su productividad sin afectar al medio ambiente.

De los trabajos realizados se han publicado varios artículos en revistas científicas internacionales y se presentó una solicitud de patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial; de igual forma se ha incrementado el número de especialistas en el tema pues cinco nuevos doctores se han graduado al interior de su grupo.

Los resultados obtenidos en la UAEM y la UADY han llamado la atención de científicos en otros países como Colombia, Egipto, Argentina, Argelia, al grado de que han enviado a sus estudiantes a conocer sus metodologías y resultados. Castelán Ortega hizo énfasis en la necesidad de contar con mayores financiamientos para la investigación sobre el tema pues actualmente el recurso es mínimo y, en este escenario, es complicado replicar las investigaciones en otras regiones del país.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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