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La FAO y la OIE en Marcha para Erradicar la Peste de los Pequeños Rumiantes

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La fase inicial frente a la enfermedad de ovejas y cabras se centrará en los países de alto riesgo, basándose en el éxito contra la peste bovina logrado en 2011

Una iniciativa internacional de gran trascendencia ha comenzado su andadura para librar al mundo de la peste de los pequeños rumiantes (PPR) -conocida también como peste ovina y peste caprina-, una enfermedad viral muy contagiosa de los animales que provoca grandes pérdidas en las regiones donde viven millones de las personas más pobres del mundo .

El plan, por valor de 996,4 millones de dólares EEUU, fue presentado hoy por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y es la primera fase de un programa de 15 años para erradicar la peste de los pequeños rumiantes de aquí al año 2030.

«Acabar con la PPR tendrá un impacto muy positivo en la vida de las comunidades de pastores en todos los países en desarrollo, y contribuirá de forma directa a los esfuerzos mundiales para eliminar la pobreza y el hambre en 2030», aseguró el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, al presentar la iniciativa.

«Cuando se trata de enfermedades víricas de los animales -añadió- se presta mucha atención a la amenaza que representan para la salud humana, pero sus consecuencias sobre el crecimiento económico, los medios de subsistencia, una nutrición adecuada y la seguridad alimentaria pueden ser igualmente devastadoras. Por ello, esta campaña requiere de un amplio apoyo».

«Tenemos normas internacionales para la vigilancia y diagnóstico de la PPR, un sistema mundial para informar sobre los brotes, y vacunas que son muy eficaces cuando se aplican de forma apropiada», señaló por su parte la Directora General de la OIE, Monique Eloit.

«Contamos también con una normativa internacional para prevenir la propagación a través del comercio, para aprobar oficialmente los programas de control de nuestros países miembros, y certificar que están libres de la enfermedad cuando esos programas tienen éxito», recordó Eloit.

«De manera que tenemos a nuestra disposición -añadió- todas las herramientas, y están integradas en el plan. Su implementación exitosa depende ahora de la capacidad de los servicios veterinarios a nivel nacional: la OIE se ha comprometido a proporcionarles apoyo continuo».

Cuantiosas pérdidas 

Desde que se identificó por primera vez en Costa de Marfil en 1942, la PPR se ha extendido a unos 70 países de África, Oriente Medio y Asia: en septiembre de 2016, Mongolia informó por primera vez de un caso de la enfermedad. Más del 80 por ciento de las ovejas y cabras del mundo se encuentran en estas regiones, donde muchas familias dependen en gran medida de productos como la leche de cabra, la carne de cordero y la lana para su nutrición y medios de vida. La FAO estima que unos 300 millones de familias de agricultores a pequeña escala en todo el mundo cuentan con los pequeños rumiantes para obtener alimentos e ingresos.

Como ejemplo, un brote reciente en la India provocó por si solo 180 millones de dólares EEUU en pérdidas, mientras que una serie de epidemias en Kenya entre 2006 y 2008 mataron a 1,2 millones de pequeños rumiantes, con daños superiores a los 23,5 millones de dólares y una caída en la producción de leche de 2,1 millones de litros.

En total, las pérdidas anuales debidas a la PPR se calculan entre 1 400 y 2 100 millones de dólares EEUU.

Si bien la enfermedad provoca una alta mortalidad entre los pequeños rumiantes -matando hasta un 90 por ciento de los animales infectados- es fácil de prevenir con vacunas baratas, que cuestan solo unos 25 centavos de dólar y protegen al animal durante toda su vida.

El virus tiene además una fase infecciosa relativamente corta y no sobrevive mucho tiempo fuera de un organismo huésped, y es por ello un candidato ideal para una campaña de erradicación concertada.

El plan para la primera fase de cinco años de esta campaña está ahora listo para entrar en acción y consiste en una estrategia mundial, apoyada en nueve hojas de ruta a nivel regional.

Cómo funciona

La fase inicial de la campaña se centra en los países en los se sabe que existe la PPR, o en aquellos en que su situación nunca se ha evaluado. Aquí se incluyen iniciativas para sensibilizar a los agricultores, aumentar su capacidad para prevenir y contener la enfermedad, fortalecer los servicios veterinarios nacionales y los sistemas para combatir la PPR y otras enfermedades, y la puesta en marcha de campañas de vacunación selectiva.

Pero el plan va más allá de la erradicación de la enfermedad, y se plantea también como objetivo mejorar los modelos de producción nacional y ayudar a los ganaderos a alcanzar medios de subsistencia lo más fuertes y resilientes posibles gracias a sus recursos animales.

Con esta estrategia, se pretende aprovechar el potencial de la cría de animales como una vía para salir de la pobreza y como una valiosa fuente de nutrición para las familias pobres.

Trabajando conjuntamente en la Secretaría del Programa de Erradicación de la PPR, con sede en Roma, la FAO y la OIE coordinarán los esfuerzos globales de gobiernos, organizaciones regionales, instituciones de investigación, socios de financiación y propietarios de ganado.

Replicar el Éxito de la Estrategia Contra la Peste Bovina

No es la primera vez que la FAO y la OIE unen sus fuerzas para librar al mundo de una mortífera plaga. La iniciativa contra la PPR sigue el modelo del exitoso esfuerzo para erradicar la peste bovina, una enfermedad similar que afecta a las vacas, los búfalos y la fauna silvestre. El mundo se declaró libre de la misma en 2011. Fue la primera vez que una enfermedad animal había sido erradicada a nivel global.

El trabajo de ambos organismos sobre la peste bovina no sólo demostró que la erradicación de una enfermedad animal importante era posible y rentable, sino también originó un mayor interés a nivel mundial en la posibilidad de replicar esta iniciativa frente a otras enfermedades de graves consecuencias.

Satisfacer una demanda creciente

Con una población mundial que se prevé supere los 9 700 millones de personas en 2050, se calcula que la producción de los pequeños rumiantes crecerá para satisfacer la creciente demanda de carne y leche. Un crecimiento que está generando nuevas oportunidades para los productores, procesadores y comerciantes. Y que genera un gran interés de los gobiernos y la industria para hacer que las cadenas de suministro sean más fiables y el transporte de los animales más seguro.

A principios del año próximo está prevista la celebración de una conferencia de donantes, con el objetivo de garantizar el apoyo financiero necesario para la primera fase quinquenal del plan.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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