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La coexistencia entre los camélidos sudamericanos y las especies silvestres

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Con el objetivo de abordar los desafíos de la coexistencia entre la ganadería camélida y especies silvestres, como el puma, se realizó el seminario “Situación, estrategias y desafíos para el fomento de la ganadería camélida y su coexistencia con animales silvestres en la Macrozona Norte de Chile”. La actividad, organizada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y la colaboración de INDAP y MINAGRI, contó con la participación de autoridades, académicos, ganaderos y ganaderas, además de representantes de comunidades locales.

El encuentro, llevado a cabo en modalidad híbrida, tuvo lugar en el auditorio Dr. Arturo Flores Franulic de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tarapacá, en la ciudad de Arica, y se transmitió en línea a través de la plataforma YouTube del SAG. A través de múltiples exposiciones, distintos expertos destacaron la importancia del puma como especie tope en la cadena trófica, subrayando su rol en la regulación de poblaciones de herbívoros y carnívoros intermedios, lo que contribuye al equilibrio de los ecosistemas.

El director nacional del SAG, José Guajardo Reyes, destacó la importancia de “estar aquí dialogando con las comunidades, la Academia y los servicios públicos, con el objetivo de encontrar una convivencia armoniosa entre la fauna silvestre y la producción animal. Nos hacemos eco del dolor que sienten muchas comunidades afectadas por el puma, pero también, como SAG, tenemos la responsabilidad de proteger la vida silvestre, que es parte de un contexto ancestral, de nuestra biodiversidad y de la cosmovisión andina. Esta instancia es muy valiosa, no para encontrar una única solución, ya que son múltiples las respuestas que debemos trabajar, pero lo más importante es que lo conversemos, lo analicemos y lo pongamos entre nuestras prioridades”.

El seminario incluyó ponencias de expertos como Omar Ohrens, del programa puma de la ONG Panthera, y Anthony Pino, coordinador de la Alianza Gato Andino, quienes compartieron experiencias internacionales sobre la coexistencia entre ganadería y fauna silvestre. Asimismo, se exploraron enfoques bioculturales para el manejo del conflicto entre comunidades indígenas y carnívoros, destacando la importancia del respeto por las prácticas tradicionales.

Además, hubo intervenciones de Pablo Valladares, académico del Departamento de Biología de Universidad de Tarapacá; de Rolando Manzano, Presidente de la Mesa Tri-regional de Ganadería Camélida; Alexis Zepeda, Jefe de la División de Protección de Recursos Naturales Renovables del SAG; Hernán Cáceres, doctor en Ciencias de la Conservación de The University of Queensland, Australia, y Sebastián Acosta, Jefe de División Fomento de INDAP.

Impacto del conflicto y estrategias de mitigación

Desde 2012, el SAG ha atendido más de 3.700 denuncias de ataques de carnívoros a ganado, de las cuales cerca del 37% se atribuyeron al puma, según cifras presentadas en el seminario. Alexis Zepeda, jefe de la División de Protección de Recursos Naturales Renovables del SAG, explicó el marco normativo que ampara al puma como especie silvestre protegida, así como detalló el procedimiento de atención a denuncias de ataque a ganado, enfatizando en la necesidad de prevenir estos conflictos mediante medidas de manejo, como el uso de corrales anti-depredación y el resguardo nocturno del ganado.

Rolando Manzano, presidente de la Mesa Técnica Regional de Ganadería Camélida, valoró el seminario como una instancia “interesante, creo que primera vez que se realiza algo así en el país, de un acercamiento real, cierto y directo con la comunidad para escuchar y empezar a buscar soluciones concretas y a largo plazo ver a esta problemática histórica”.

Así también, Conrado Amador Blanco Mamani, presidente de la Asociación de Ganaderos de Guaillatire, expresó que “los crianceros tenemos como única fuente de trabajo la crianza de llamas y alpacas. La muerte de un animal de nosotros es la pérdida de la economía familiar en el territorio altoandino”. Sobre abordar la problemática en una actividad como esta, agregó que “es importante porque muchas veces estos temas no han llegado a los ministerios. Hoy tenemos la posibilidad de conversar con autoridades máximas de nuestro país para plantear esta situación que nos aqueja. Y lo importante es que saquemos conclusiones, que lleguemos a soluciones, porque esto viene arrastrándose por años y daña la economía de familias vulnerables, familias de escasos recursos que están en la extrema pobreza en los territorios”.

El evento finalizó con un panel de discusión, autoridades del MINAGRI y representantes de comunidades camélidas reafirmaron su compromiso con la búsqueda de soluciones que permitan la convivencia armónica entre la ganadería y la fauna silvestre. Se destacó la colaboración con INDAP y Agroseguros para financiar medidas de mitigación y fomentar prácticas ganaderas sostenibles.

El seminario concluyó con un llamado a continuar fortaleciendo el diálogo entre los distintos actores involucrados, con el propósito de desarrollar estrategias conjuntas que promuevan un equilibrio entre la producción ganadera y la conservación del puma y otros carnívoros en la macrozona norte, valorando este espacio de conversación e intercambio de miradas sobre esta problemática.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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